Brasil grita ¡basta! al feminicidio: el clamor de un país que ya no tolera la violencia machista

Miles de mujeres toman las calles tras brutales asesinatos que reavivan el debate sobre el papel del Estado y los hombres en la lucha contra la violencia de género

El 1 de diciembre de 2023 marcó un hito en la lucha feminista de Brasil. Decenas de miles de mujeres —y también algunos hombres— se volcaron a las calles de Río de Janeiro, São Paulo, Fortaleza, Belo Horizonte y otras grandes ciudades del país. El detonante fue una serie de asesinatos estremecedores cometidos en las últimas semanas que dejaron al descubierto, una vez más, una violencia estructural que no da tregua: el feminicidio.

Un país en estado de alerta

Brasil ostenta una estadística devastadora: en 2022, 1.492 mujeres fueron víctimas de feminicidio, la cifra más alta desde que esta forma de violencia fue tipificada en la legislación brasileña en 2015. Pero el terror va más allá de los asesinatos. Según un informe del Fórum Brasileiro de Segurança Pública, más de una de cada tres mujeres en el país sufrió algún tipo de violencia sexual o de género en el lapso de un año, convirtiéndose así en una de las naciones con mayores cifras de agresión hacia mujeres en la región.

Juliana Martins, especialista en violencia de género e integrante del mismo foro, declaró: "Estamos viendo un aumento no solo en la cantidad de casos, sino en la brutalidad con la que se cometen". La crisis ha llegado a un punto en que la indignación rebasa los límites de la indignación digital y sale a las avenidas bajo gritos, pancartas y cruces negras. “El machismo mata”, rezaban muchos carteles durante las marchas.

Casos que desataron la furia

Tres crímenes recientes removieron fibras profundas en la sociedad brasileña:

  • Taynara Souza Santos, de 31 años, fue brutalmente atropellada y arrastrada más de un kilómetro por su expareja en São Paulo. Perdió ambas piernas y lucha por sobrevivir.
  • Catarina Kasten, profesora de inglés, fue violada y asesinada en una senda de Florianópolis mientras caminaba rumbo a su clase de natación.
  • En Río de Janeiro, dos trabajadoras de una escuela fueron asesinadas por un colega masculino que, según testigos, se negaba a aceptar tener jefas mujeres.

"Estoy devastada", declaró Alline de Souza Pedrotti, hermana de una de las víctimas en Río. "Pero estoy aquí para luchar por justicia, para evitar que otras familias sufran lo que la mía vive".

De las lágrimas a la acción

Lo que sorprendió incluso a observadores políticos fue la magnitud y la diversidad de las manifestaciones. En la Avenida Paulista, tradicionalmente escenario de protestas políticas, mujeres jóvenes, adultas mayores, activistas afrodescendientes, mujeres trans y hombres aliados se unieron bajo una sola voz.

Sufrí múltiples abusos a lo largo de mi vida. Esta sociedad tiene una deuda con todas las mujeres”, compartió Isabela Pontes, una de las manifestantes en São Paulo.

Evelyn Lucy da Luz, educadora infantil de 44 años, compartió su testimonio: “Soy sobreviviente de un intento de feminicidio. Hace 10 años estuve a punto de morir pero viví para contar la historia. Y sobre todo, para luchar”.

Violencia física e institucional

La violencia no solo es física, también es institucional. Muchas manifestantes recalcaron cómo las políticas públicas fueron desmanteladas durante el gobierno de Jair Bolsonaro, lo cual agravó la crisis al dejar sin recursos a organismos que atienden a mujeres en situación de violencia doméstica.

Lizete de Paula, una exarquitecta de 79 años presente en la concentración de Copacabana, expresó: “Durante el gobierno anterior, los hombres machistas se sintieron autorizados a atacar sin miedo. Las políticas preventivas desaparecieron, los centros de atención cerraron y la narrativa pública silenció nuestras demandas”.

Actualmente, aunque se han restaurado algunos programas, las ONGs y activistas señalan que los esfuerzos estatales aún son insuficientes. Los fondos asignados a casas de refugio, líneas de emergencia y formación en perspectiva de género no alcanzan para detener una epidemia que se fortalece en silencio.

Números que estremecen

El mapa de la violencia de género en Brasil es amplio y alarmante:

  • Una mujer es asesinada cada 6 horas por motivos de género en el país, según el Atlas da Violência (2023).
  • El 73% de las víctimas de feminicidio son mujeres negras. La intersección entre machismo y racismo es evidente.
  • Menos del 25% de las mujeres víctimas de violencia doméstica logran tener medidas de protección efectivas expedidas por autoridades judiciales, lo que deja a la mayoría legalmente desamparadas.

El rol masculino en la lucha feminista

Una presencia notable fue la de hombres que se sumaron a las marchas, no como protagonistas, sino como aliados conscientes de la urgencia de modificar estructuras desde dentro de sus propios círculos.

João Pedro Cordão, padre de tres hijas, participó en Río de Janeiro y expresó: “La lucha contra la misoginia no puede depender únicamente del empuje femenino. Los hombres tenemos que hablar, actuar y educar”.

El mensaje fue claro: el silencio masculino ante los chistes machistas, la violencia simbólica o el control cotidiano en relaciones cotidianas es parte del problema. No basta con no ser agresores; hay que ser activamente antiviolentos.

La justicia como deuda pendiente

A pesar de contar con una Ley del Feminicidio, la impunidad campea. Según estudios recientes, más del 60% de los asesinatos de mujeres quedan sin una sentencia firme, lo que genera una percepción de injusticia y desprotección.

Allí radica una exigencia constante de los colectivos feministas: la formación de jueces, policías y fiscales con perspectiva de género. Muchas de las denuncias presentadas ni siquiera son reconocidas como amenazas graves.

No es raro ver a un funcionario preguntándole a una mujer golpeada: '¿Qué hiciste para provocarlo?'”, dijo Mariana Lacerda, vocera del colectivo Feminismo Sem Medo. “Eso perpetúa la doble victimización”.

¿Qué viene después del grito?

Las marchas del domingo no fueron una catarsis aislada ni una simple muestra de dolor. Han encendido una presión política que podría derivar en medidas concretas. El Congreso ya evalúa modificaciones a la Ley Maria da Penha —herramienta clave para prevenir y sancionar la violencia doméstica— para hacerla más efectiva y de más fácil activación.

Ya no basta con discursos. Necesitamos una estructura estatal que reaccione a nuestra realidad. ¡Es ahora o nunca!”, exclamó en la tarima principal de la manifestación en São Paulo una de las líderes de la red Agora, Elas, que agrupa a organizaciones feministas de todo el país.

Una ola que no se detiene

El eco de estas protestas no se detuvo en Brasil. En redes sociales, mujeres de toda América Latina expresaron su solidaridad con el movimiento usando el hashtag #BastaDeFeminicidios. Desde México hasta Chile, la lucha de las brasileñas reavivó otras luchas hermanas: por el aborto legal, por educación feminista, por justicia efectiva.

Porque aunque el contexto cultural y político varíe, la violencia machista tiene raíces profundas comunes en toda la región. Y lo que Brasil vivió este domingo es más que una denuncia: es un aviso de que la resistencia se está organizando con más fuerza que nunca.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press