El legado bajo fuego: Así reinventa Trump los Kennedy Center Honors a su imagen
De homenaje cultural a espectáculo político: cómo la gala más prestigiosa de EE.UU. se ha transformado con la presencia estelar del expresidente
Una noche de artes… ¿y política?
El Kennedy Center Honors ha sido, desde 1978, una tradición cultural emblemática en Estados Unidos: una velada dedicada a honrar a aquellos artistas cuyo impacto ha moldeado el arte y la cultura del país. Pero este año, el evento dio un giro sin precedentes: no fue una figura del mundo del espectáculo o el periodismo quien condujo la velada, sino el exmandatario Donald Trump, quien no solo asistió, sino que presentó el evento directamente desde el escenario.
Este movimiento marca un cambio significativo en la tradición del Kennedy Center Honors, donde los presidentes solían mantenerse discretos, observando desde un palco presidencial. Trump, sin embargo, rompió con esa costumbre, conduciendo el homenaje de manera activa y muy personal. Dijo hacerlo a petición de una cadena televisiva, previendo además que el evento de este año tendría “el mayor índice de audiencia de la historia”.
Stallone, Gaynor, Strait y Kiss: un homenaje a íconos del entretenimiento
Los homenajeados de esta edición representan un cruce generacional y artístico poderoso. Sylvester Stallone, leyenda cinematográfica conocido por sus sagas Rocky y Rambo, fue reconocido por encarnar la lucha del individuo resiliente, muchas veces alineado con ciertas ideas del sueño americano.
La cantante Gloria Gaynor, cuya canción I Will Survive se convirtió en un himno feminista y queer, también fue homenajeada. Lo mismo ocurrió con George Strait, ícono del country estadounidense; Michael Crawford, ganador del Tony y estrella de Broadway; y finalmente la legendaria banda Kiss, conocida no solo por su música sino por el espectáculo teatral de sus presentaciones.
Un presidente que cambió las reglas del juego
Lo que ocurrió en esta edición de los Kennedy Center Honors va más allá de una anécdota política pasajera. Representa una consolidación de la estrategia de Donald Trump de cooptar símbolos culturales para sus propias narrativas. Aunque fue ignorado por la comunidad artística durante su primer mandato —renunciando incluso a asistir en 2017 luego de amenazas de boicot—, en su segundo período parece decidido a tatuar su marca en cada esfera de influencia cultural.
Trump recibió más de $250 millones del Congreso para renovar el centro, nombró aliados republicanos en el consejo de administración de la institución y, según informes, ha considerado renombrarlo como «Trump Kennedy Center». Aunque oficialmente en broma, la sugerencia resalta su estrategia de branding político.
Choque de ideologías en el escenario
La ideología política de los homenajeados ha sido diversa, y en algunos casos, contradictoria con la de Trump. Mientras Stallone ha expresado afinidad con el expresidente, declarando que “tiene un espíritu similar al de George Washington” y lo ha llamado un embajador especial de Hollywood, otros como Paul Stanley, guitarrista de Kiss, han criticado abierta y duramente las acciones del exmandatario, especialmente tras el asalto al Capitolio en 2021.
El propio Stanley escribió en redes sociales tras la victoria electoral de Trump en 2024: “Si tu candidato perdió, aprende de ello y comprende el porqué. Si tu candidato ganó, entiende que quienes no comparten tus ideas, también aman este país”.
Despolitizar lo político, politizar lo cultural
El Kennedy Center Honors ha sobrevivido a presidentes de todo espectro político. Ronald Reagan homenajeó a Arthur Miller, dramaturgo con ideas progresistas. Bill Clinton, por su parte, rindió tributo a Charlton Heston, defensor acérrimo de las armas. Sin embargo, los honores permanecieron como un punto de encuentro entre arte y Estado con un tono diplomático y celebrado.
Trump ha dado un paso más allá, utilizando la plataforma para rediseñar el evento a su imagen, eligiendo a los homenajeados personalmente. “Rechacé algunas sugerencias por ser demasiado progresistas”, reveló.
Reacciones desde el mundo cultural
El papel central de Trump y la transformación del evento ha provocado reacciones encontradas. Algunos ven en esta reformulación un intento de acercar las artes a públicos conservadores marginados por una industria tradicionalmente progresista. Otros lo interpretan como una peligrosa politización de un reconocimiento reservado a las contribuciones artísticas, no a afinidades ideológicas.
El actor y productor Norman Lear rechazó participar mientras Trump era presidente en su primer mandato. Y, aunque no figura en esta edición, su protesta sigue vigente en círculos artísticos preocupados por el futuro del centro cultural.
¿Qué nos dice esto sobre la cultura estadounidense?
El uso instrumental de instituciones culturales por parte del poder político no es nuevo, pero la frontalidad con la que Trump asume el control del Kennedy Center representa una nueva etapa. Las artes han sido históricamente refugio para disentir, denunciar y unir desde perspectivas diversas. Al apropiarlas políticamente, se corre el riesgo de erosionar ese valor pluralista.
Los Kennedy Center Honors de 2025 pasarán a la historia no solo por premiar figuras icónicas, sino por representar la colisión entre cultura, poder e ideología en la era Trump. Como escribió el crítico cultural Robin Givhan: “El arte puede trascender la política, pero su instrumentalización puede atraparlo en un búnker ideológico.”
El futuro incierto del Kennedy Center
¿Podrá el Kennedy Center mantener su misión de exaltar el arte como bien nacional mientras es presidido por una figura que lo utiliza para fines tan abiertamente partidistas? ¿Veremos una versión 2026 igual de polarizada o comenzó una nueva era donde todo —incluso el arte clásico estadounidense— estará teñido por lo político?
Lo que está claro es que el centro cultural más importante de Estados Unidos se encuentra, hoy más que nunca, en el corazón de la batalla por el alma de la nación.
