La ópera como espejo político: La Scala abre su temporada con la ‘Lady Macbeth’ de Shostakovich
El mítico teatro de Milán inaugura su nueva temporada con una obra rusa cargada de simbolismo, resistencias y crítica social en pleno contexto de guerra en Ucrania.
Un estreno rodeado de expectativa y tensiones
Las luces del histórico Teatro alla Scala de Milán se atenuaron, el murmullo del auditorio se apagó, el telón se elevó y la orquesta, dirigida por Riccardo Chailly, inició la partitura de una de las óperas más transgresoras de la era soviética: “Lady Macbeth del distrito de Mtsensk” de Dmitri Shostakovich. Este momento marcó un inicio de temporada cargado de arte, política y simbología cultural en uno de los templos operísticos más importantes del mundo.
Celebrada el 7 de diciembre, la gala de apertura contó con la puesta en escena de una obra que fue tachada de "escandalosa" por el régimen estalinista en los años 30, para luego ser prohibida durante décadas. Pero esta vez, lejos de la censura soviética, la obra vuelve al centro del debate: ¿Debe una institución cultural resaltar la cultura de un país agresor en medio de un conflicto bélico internacional?
El contexto ucraniano y la sombra de la guerra
Desde la invasión rusa a Ucrania en febrero de 2022, las expresiones culturales rusas han sido vistas con creciente recelo en Europa. En 2022, la Scala ya había inaugurado su temporada con “Boris Godunov”, otra ópera rusa que generó rechazo por parte de sectores del público y la diáspora ucraniana en Italia.
Este año, aunque no se presentó una protesta formal por parte de la comunidad ucraniana, sí hubo una manifestación pacífica organizada por el partido progresista italiano +Europa para “defender la libertad y la democracia en Europa” e instar un mayor apoyo al pueblo ucraniano.
Una ópera prohibida que vuelve con fuerza
“Lady Macbeth del distrito de Mtsensk” es una ópera basada en el relato homónimo de Nikolái Leskov, compuesta por Shostakovich en 1934. Inicialmente aclamada, fue luego duramente criticada por el periódico Pravda bajo órdenes directas de Stalin, quien tras asistir a una función, calificó la obra de “caos en vez de música”.
La ópera fue prohibida, y Shostakovich vivió con temor a ser ejecutado, especialmente durante el terror de las Purgas Estalinistas. No sería hasta los años 60 que resurgiera en los escenarios internacionales, siempre como símbolo de la censura artística bajo regímenes autoritarios.
La producción escénica: una mirada hacia el ocaso de Stalin
El reconocido director escénico Vasily Barkhatov reubicó la acción de la ópera del siglo XIX al Moscú de la década de 1950, en el crepúsculo del régimen estalinista. La escenografía evoca una ciudad cosmopolita con estética Art Deco, alejándose de la simbología rural original del libreto.
“La ópera habla del poder, del abuso y del deseo humano de encontrar libertad. Lo político está en el contexto, pero la historia es profundamente personal”, explicó Barkhatov, quien convirtió un restaurante en el escenario multifuncional donde transcurre gran parte del drama: asesinatos, pasiones, abusos y represión policial.
Sara Jakubiak y la fuerza vocal femenina
La soprano estadounidense Sara Jakubiak, en su debut en La Scala, interpreta a Katerina, una mujer atrapada entre deseo, opresión y destino trágico. Entre los desafíos vocales, Jakubiak canta 47 si bemoles agudos en una sola noche, una hazaña que requiere técnica quirúrgica y una intensidad emocional arrolladora.
“Me pregunté: ¿cómo voy a hacer esto? Pero con el equipo adecuado y con disciplina se logra”, comentó Jakubiak. Su preparación incluyó trabajar detalladamente con el texto, la música y el significado emocional de cada nota.
Riccardo Chailly, conocido por su rigurosidad con las partituras originales, elogió la entrega y flexibilidad de la soprano. “Le saco el jugo como a una naranja”, bromeó.
La música frente al conflicto: ¿neutralidad o posicionamiento?
Este ha sido un punto álgido de debate. Fortunato Ortombina, nuevo director general de La Scala, defendió la programación de óperas rusas. “La música es superior a cualquier conflicto ideológico”, declaró. “Shostakovich y la música rusa tienen una autoridad sobre su pueblo superior a la del propio Putin”.
En 2022, tanto Giorgia Meloni, primera ministra italiana, como Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, asistieron al estreno de Boris Godunov, dejando claro que apoyaban separar arte y política. Sin embargo, este principio ha sido criticado por sectores que consideran esa separación como una forma de blanqueo cultural en tiempos de conflicto.
El poder simbólico del repertorio
“Lady Macbeth” es una ópera que representa la lucha contra el autoritarismo, la opresión de género y la burocracia férrea de un sistema estatal. La vida de Katerina es vigilada, juzgada y finalmente eliminada por una maquinaria inhumana. Todo esto refleja paralelismos con los riesgos actuales: vigilancia estatal, pérdida de libertades civiles y violencia institucional.
“Es una ópera urgente para nuestro tiempo”, apuntó un analista de música del The Guardian. “Rescatarla no es una glorificación del pasado soviético, sino una advertencia sobre los riesgos actuales para la democracia”.
La reacción del público y perspectivas
Los asistentes a la gala inaugural fueron un cruce de élites culturales, diplomáticos, aficionados y curiosos. A pesar de las tensiones internacionales, la ovación fue prolongada para la dirección musical, el elenco y el equipo escénico, aclamando el equilibrio entre arte y reflexión.
La cultura no evita la guerra, pero puede ponerle rostro humano. Obras como ésta no solo tienen el poder de emocionar, sino de disparar preguntas incómodas. ¿Dónde empieza la complicidad cultural? ¿Es el arte una forma de resistencia o un instrumento ideológico? ¿Puede una ópera representar la defensa de la libertad mientras su autor fue perseguido por soñar con ella?
La Scala, en su centenaria historia, ha sido escenario de estrenos, polémicas, protestas y reconciliaciones. Este estreno, sin duda, sumará una página más vibrante e inolvidable a su legado.
