La resistencia poética de Somalia: versos en tiempos de guerra

Entre atentados y abandono estatal, los poetas somalíes mantienen viva una tradición oral que es mucho más que arte: es identidad nacional

Un teatro que sobrevive al silencio

En el corazón de Mogadiscio, una ciudad minada de puntos de control y asegurada por sacos de arena, se levanta un símbolo que se niega a morir: el Teatro Nacional de Somalia. En sus entrañas, donde una bomba suicida estalló hace años, se alza ahora Hassan Barre, un poeta de 70 años que declama versos con una solemnidad que traspasa las paredes semivacías.

Barre representa a una generación que ha visto cómo su nación se desmorona, pero que se niega a dejar morir lo que consideran el alma de Somalia: su poesía. "Los somalíes somos una nación de poetas", suele decirse con orgullo. Y es una verdad arraigada en siglos de historia oral, de tribus nómadas, de pastores que recitaban bajo las estrellas versos que hablaban de amor, guerra, justicia y ganado.

Somalia: cultura entre ruinas

Somalia, un país arrasado por las guerras civiles, el terrorismo, las hambrunas y el abandono internacional, carga sin embargo con una riqueza artística única: su poesía oral. No es casualidad que figuras como Mohamed Ibrahim Warsame “Hadraawi” alcanzaran fama continental e incluso global, siendo comparado con Shakespeare por su dominio metafórico y su crítica social escondida en parábolas líricas.

Hadraawi, fallecido en 2022, dejó una obra que abarca desde canciones de amor hasta lamentos de guerra. En palabras del Archivo de Música del Mundo de Harvard, “su legado es una expresión multidimensional que trasciende épocas y fronteras”.

Pero tras la caída del dictador Siad Barre en 1991, cuyo régimen autoritario respetaba sin embargo a los artistas y les ofrecía prestigio y estabilidad, el país se sumió en el caos. Señores de la guerra, facciones tribales y más tarde la amenaza del grupo al-Shabab, convirtieron a Somalia en una de las naciones más peligrosas del mundo. El Teatro Nacional —inaugurado en 1967— cerró sus puertas por décadas y aún hoy su actividad es esporádica, limitada por presupuestos casi nulos y estrictas condiciones de seguridad.

Tradición en resistencia: los guardianes de la palabra

Los poetas como Barre no están solos. Junto a él, decenas de artistas veteranos —algunos con barbas tintadas de henna, otros con la mirada nublada por glaucoma— se reúnen regularmente para compartir versos que apelan a la patria, la dignidad, la solidaridad. Sentados en sillas de plástico, vestidos con trajes austeros que recuerdan otra época, debaten sobre métricas y riman el presente con la esperanza.

Entre ellos, hay mujeres poetas, una presencia menos frecuente pero vital. Frente al olvido, estos artistas actúan como guardianes de una herencia viva, recitando poemas en reuniones locales, bodas y radios comunitarias.

"Durante la época de Siad Barre, éramos tratados como reyes", recuerda Barre con nostalgia. "El gobierno actual no nos cuida. Nos ignora. Esperamos ese respeto que antes teníamos".

Un Ministerio sin fondos y un país sin paz

El ministro de Cultura de Somalia, Daud Aweis, reconoce la crisis. Aunque dice que su cartera financia "de forma limitada" actividades artísticas en el Teatro Nacional, admite que el objetivo a largo plazo es aumentar ese respaldo. La realidad, sin embargo, es que la mayoría del presupuesto nacional se destina a seguridad, en una lucha casi constante por controlar Mogadiscio y sus alrededores.

Desde su reapertura en 2012, tras una operación de la Unión Africana que expulsó a fuerzas de al-Shabab de la capital, el Teatro ha sido blanco de atentados. Ese mismo año, una mujer bomba se inmoló durante un evento oficial, matando a siete personas incluidos altos funcionarios del deporte.

El hecho no detuvo a los poetas. Siguen yendo. Siguen escribiendo. "Nos hace sentir parte de algo, incluso si allá afuera hay destrucción", dijo Maki Haji Banaadir, subdirector del Teatro y poeta curtido, conocido por sus críticas sociales desde los años noventa.

Una diáspora de versos y un mensaje común

Hirsi Dhuuh Mohamed, presidente del Consejo Somalí de Poetas, asegura que la organización tiene más de 400 miembros, incluyendo a muchos que viven fuera de Somalia. “Una cosa nos une a todos: la paz,” afirma. “Los poetas no participamos en política. Nuestro mensaje es uno: buena gobernanza, reconciliación, respeto comunitario”.

Esta visión casi pacifista persiste incluso cuando la propia entidad de Somalia como Estado está en disputa. Dos regiones, Puntlandia y Somalilandia, buscan mayor autonomía o independencia. El control del gobierno federal fuera de la capital es limitado o inexistente.

En 2003, Maki y otros seis poetas recorrieron el país en una gira de reconciliación. Hoy ese sueño parece inalcanzable. Las carreteras son rutas de emboscadas, y las provincias están saturadas de milicias.

Poetas en tiempos de desmemoria

En un país donde la moneda local ha perdido su valor y los dólares estadounidenses dominan incluso mercados rurales, la poesía mantiene su valor simbólico intacto. Hace una década, Maki compuso una canción sobre la inutilidad del chelín somalí. Fue un éxito radial. Hoy, el poeta espera poder inspirar a jóvenes a seguir los pasos de generaciones anteriores.

"¿Formamos nuevos poetas? Eso esperamos. Trabajamos día y noche para ello", dice con esperanza.

Estos artistas, veteranos de otro Somalia, se tienen entre sí. Comparten historias, enseñan a los más jóvenes, y mantienen vivo el tejido espiritual de una nación fracturada.

Y tal vez, como dicen ellos mismos en versos, “cuando todas las armas callen, quedará la palabra”.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press