Asia frente a la crisis climática: aguas peligrosas y redes eléctricas en jaque
El cambio climático golpea a millones en Asia, mientras los sistemas hídricos y energéticos colapsan por falta de inversiones. ¿Puede la región resistir el embate del futuro?
Un continente que se ahoga
Asia, hogar de más de 4.3 mil millones de personas, enfrenta una de sus mayores amenazas existenciales: el cambio climático. Dos recientes informes —uno del Banco Asiático de Desarrollo (ADB) y otro del Asia Investor Group on Climate Change (AIGCC)— revelan una dura realidad: tormentas más intensas, inundaciones cada vez más graves y sequías más prolongadas están dejando en ruinas la infraestructura de agua y energía de la región.
La crisis no es simplemente ambiental, es humana, económica y política. Una tormenta como el tifón Kalmaegi, que azotó recientemente la ciudad vietnamita de Quy Nhon, no solo causó apagones masivos, sino que puso de relieve la fragilidad de los sistemas básicos sobre los que se apoya la vida cotidiana en Asia.
Una inversión que no alcanza
Según el informe del ADB, Asia necesita 4 billones de dólares entre 2025 y 2040 —alrededor de 250 mil millones de dólares al año— para garantizar agua potable y saneamiento. El problema es que actualmente, los gobiernos apenas cubren el 40% de esa cifra.
"Es una historia de dos realidades", explica Vivek Raman, especialista principal en desarrollo urbano del ADB. Por un lado, ha aumentado el acceso al agua potable, especialmente en áreas rurales gracias a proyectos como los de India, donde más de 800 millones de personas accedieron a agua entubada. Por el otro, más de 4 mil millones de personas siguen expuestas a problemas como aguas contaminadas, ecosistemas degradados y desastres climáticos.
La triple amenaza de Asia
Asia enfrenta una combinación letal: presiones medioambientales, baja inversión y cambio climático. Entre 2013 y 2023, Asia y el Pacífico experimentaron:
- 244 grandes inundaciones
- 104 sequías
- 101 tormentas severas
Estos eventos no solo causan pérdidas económicas. También afectan la salud pública, la seguridad alimentaria y el desarrollo humano. Y el panorama empeora para las megalópolis costeras como Yakarta, Manila o Bangkok, cada vez más amenazadas por marejadas, aumento del nivel del mar y salinización de sus fuentes de agua.
Cuando el agua inunda también las redes eléctricas
La relación entre el agua y la energía es estrecha. En Asia, las empresas eléctricas pierden 6.3 mil millones de dólares cada año debido a trenes de calor, inundaciones y escasez hídrica. Para 2050, esta cifra podría ascender a 8.4 mil millones, según el estudio del AIGCC y el MSCI Institute.
"Si observamos la preparación de las compañías eléctricas frente a estos impactos, la mayoría están en una etapa inicial", afirma Anjali Viswamohanan, directora de políticas del AIGCC. De las 11 compañías examinadas —incluidas NTPC (India), PLN (Indonesia) y Tenaga Nasional (Malasia)— solo cinco informan cómo el cambio climático podría afectar sus ingresos futuros.
Calor extremo: el enemigo silencioso
Entre todas las amenazas climáticas, el calor extremo es el más costoso. Representará más de la mitad de las pérdidas en las plantas eléctricas de la región en 2050. Las olas de calor reducen la eficiencia de las plantas, dañan los sistemas eléctricos y aumentan el riesgo de apagones masivos.
"La mayoría de las utilities aún no cuentan con planes detallados y financiados para adaptarse al cambio climático", concluye el informe.
Este riesgo es aún mayor en países como India e Indonesia donde las temperaturas diurnas superan habitualmente los 45 °C durante las olas de calor, afectando tanto a la generación como a la transmisión de electricidad.
Hidrología vulnerable: ríos secos y lluvias torrenciales
El agua que alimenta las plantas hidroeléctricas y las termoeléctricas provenientes de ríos como el Ganges, Mekong o Yangtsé está disminuyendo, mientras que eventos de lluvias torrenciales ponen en riesgo instalaciones ubicadas en áreas bajas. La empresa malasia Tenaga Nasional, por ejemplo, enfrenta una elevada exposición a inundaciones costeras, según el informe.
Esto genera un dilema: si no hay agua, no hay energía. Si hay demasiada, las infraestructuras colapsan. Y en ambos casos, las consecuencias humanas son devastadoras: cortes de energía en hospitales, colapso de redes de telecomunicaciones y parálisis económica.
Una oportunidad histórica (y el riesgo de perderla)
Amit Prothi, director de la Coalición para Infraestructura Resiliente ante Desastres con sede en Nueva Delhi, comentó que Asia construirá en las próximas tres décadas tanta infraestructura como la acumulada en los últimos dos siglos.
"Es una oportunidad sin precedentes para construir de otra manera", dice Prothi.
Y agrega que al menos 800 mil millones de dólares en infraestructura están expuestos a riesgos cada año, un tercio de ese total localizado en Asia. El desafío está en que los gobiernos deben no solo invertir más, sino hacerlo de forma climáticamente inteligente.
La paradoja energética
Asia produce el 60% de la energía del mundo, pero depende fuertemente del carbón. A pesar de los incentivos para transitar hacia energías renovables, el proceso es lento. Por ejemplo, China, el mayor emisor mundial, sigue construyendo nuevas plantas de carbón cada año.
Jakob Steiner, geocientífico de la Universidad de Graz, apunta que a pesar de los desafíos, los proyectos energéticos podrían encontrar financiamiento más fácilmente que los de agua. Pero advierte que:
"Eso también puede implicar recurrir a financiadores regionales menos exigentes en temas ambientales".
En otras palabras: el dinero podría llegar, pero no necesariamente para soluciones sostenibles.
¿Está Asia preparada para lo que viene?
No del todo. La conclusión de ambos informes es contundente: Asia ha avanzado, sí. Pero todavía está muy lejos de estar lista para enfrentar la intensificación del cambio climático sobre sus sistemas esenciales.
Ya no se trata solo de proteger el medio ambiente, sino la base misma de la vida urbana y rural. Sin agua segura ni energía confiable, no hay desarrollo posible. Y lo peor: quienes más sufren son los más vulnerables.
Los próximos 20 años serán decisivos no solo para la infraestructura de Asia, sino para el futuro de una población que representa más de la mitad del planeta. La pregunta no es si Asia puede resistir, sino si el mundo puede darse el lujo de que no lo haga.
