Barry Bonds y Roger Clemens: ¿Justicia o castigo perpetuo fuera del Salón de la Fama?

Dos leyendas manchadas por la era de los esteroides enfrentan su casi definitiva exclusión del Templo de Cooperstown

Barry Bonds y Roger Clemens están viviendo sus últimos coletazos de esperanza para entrar al Salón de la Fama del Béisbol de Grandes Ligas. Dos nombres titánicos, dueños de récords casi inalcanzables, que quedaron marcados por un contexto polémico: la era de los esteroides. A pesar de su currículum impresionante, ambos fueron rechazados, una vez más, por el Comité de la Era Contemporánea.

Un palmarés imposible de ignorar

Barry Bonds no es cualquier jugador. Es, con sus 762 cuadrangulares, el líder absoluto de jonrones en la historia de las Grandes Ligas. Además, ganó siete premios al Jugador Más Valioso (MVP) y estuvo presente en 14 Juegos de Estrellas. En 2001, con 36 años, sacó la pelota del parque 73 veces en una sola temporada, un récord que aún permanece sin ser siquiera amenazado.

Del otro lado del diamante, Roger Clemens fue el terror de los bateadores. Ganó siete Cy Young, acumuló 354 victorias y 4,672 ponches, tercer puesto histórico solo detrás de Nolan Ryan y Randy Johnson. Sus duelos eran garantía de dominación absoluta desde la lomita.

El peso del pasado: la era de los esteroides

Ambos nombres, sin embargo, están inevitablemente ligados a uno de los periodos más controversiales del béisbol: la “Steroid Era” (década de los 90 e inicios de los 2000). Si bien jamás fueron sancionados oficialmente por MLB, distintos informes y testimonios los vinculan con el uso de sustancias para mejorar el rendimiento.

Bonds siempre ha negado haber consumido intencionalmente esteroides, alegando que pudo haber estado expuesto sin saberlo. Clemens, por su parte, también negó repetidamente las acusaciones. Aun así, para muchos votantes, la simple sospecha es suficiente para descalificarlos moralmente.

¿Una vara moral imposible de superar?

En su última aparición en la boleta de escritores de la Asociación de Cronistas de Béisbol de América (BBWAA), Bonds recibió 66% de votos y Clemens 65.2%, lejos del 75% necesario. Este año, en el Comité de la Era Contemporánea —una instancia integrada por antiguos jugadores, ejecutivos y algunos periodistas—, ninguno recibió siquiera 5 votos de los 16 posibles.

Jane Forbes Clark, presidenta del Salón de la Fama, declaró tras el resultado: “Creo que hay coincidencia entre lo que los escritores sienten y lo que sienten los miembros del comité. Algunos de ellos también son escritores, lo que indica una homogeneidad crítica respecto a la Era de los Esteroides”.

Una exclusión con consecuencias futuras

Según las reglas actuales, los candidatos que no obtienen al menos cinco votos no pueden volver a aparecer en la próxima votación del comité (cada tres años) y de repetir un segundo fracaso similar, serán eliminados para siempre, a menos que se cambie la normativa.

Es decir, Bonds y Clemens tendrán que esperar hasta 2031 para volver a ser considerados. Si vuelven a ser ignorados, ya no habrá segunda oportunidad. Esto suscita un interrogante incómodo: ¿Estamos borrando la historia del béisbol o intentando purgarla?

Leyendas polémicas, pero fundamentales

El Salón de la Fama no solo representa el rendimiento deportivo más puro, sino también la historia del béisbol en todas sus aristas: gloriosas, oscuras y complejas. ¿Es ético omitir a quienes definieron una era completa del juego?

Muchos argumentan que incluir a Bonds y Clemens no significa apología del dopaje, sino simplemente aceptar una fotografía fiel de un momento histórico. Como dijo el célebre historiador de béisbol Bill James: “Los museos no están para ocultar historia, sino para preservarla y contextualizarla”.

¿Y los otros miembros implicados?

La ironía es que ya hay miembros del Salón de la Fama que han estado envueltos en escándalos, aunque de distinta índole. Algunos, inclusive, fueron sospechosos de esteroides. Sin embargo, la notoriedad de Bonds y Clemens funciona como una lupa crítica casi exclusiva y reforzada por sus confrontaciones públicas y juicios mediáticos.

La opinión pública está cambiando

A medida que pasan los años, la percepción del público sobre los protagonistas de la Steroid Era no es tan condenatoria como antes. En una encuesta de ESPN realizada en 2022, el 59% de los encuestados consideraba que Barry Bonds debía estar en el Salón de la Fama, mientras que 55% apoyaba a Clemens.

Ambos han sido parte activa del folclore del béisbol. Excluirlos no solo es una omisión histórica sino también una desconexión con una generación entera que los vio dominar estadios y romper récords noche tras noche.

Nuevas generaciones, mismas heridas

El béisbol actual vive una modernización acelerada: relojes de pitcheo, aumento del uso de métricas avanzadas y un público digitalizado. Sin embargo, el juicio sobre Bonds y Clemens sigue siendo dictado por estándares éticos del pasado.

La pregunta es válida: Si los jugadores de hoy fueran sorprendidos usando sustancias mejoradas, ¿tendrían el mismo castigo simbólico? En una era donde incluso la tecnología influye en los rendimientos, ¿dónde trazamos la línea?

¿Un llamado a revisitar las reglas?

Algunos analistas, como Joel Sherman del New York Post, sostienen que el Salón debería incorporar una categoría específica que contextualice la participación de jugadores en contextos polémicos. Tal como ocurrió con los Black Sox de 1919, una sección alterna podría mantener la historia completa, sin glorificación, pero sin anestesia.

Otros proponen que al menos se les permita participar simbólicamente en eventos del Salón de la Fama, como paneles o documentales históricos, sin necesariamente ser exaltados oficialmente. La exclusión total parece más una vendetta ética que un ejercicio genuino de preservación histórica.

El futuro incierto de los gigantes caídos

El tiempo pasa. Bonds y Clemens no serán eternos. El béisbol, sin embargo, sobrevivirá siempre a sus contradicciones. Y cuando en 2031 regresen a la boleta, quizás el clima haya cambiado lo suficiente como para que la historia, al fin, haga justicia sin moralinas ajenas.

O quizás, simplemente, el Salón seguirá cerrado para ellos. Y con cada negativa, perderá parte de la autenticidad que pretende defender.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press