Black Mountain: El templo escondido de la escalada en grietas del noreste de EE.UU.
Cómo un aislado acantilado de granito en Vermont se convirtió en el nuevo destino imperdible para escaladores tradicionales
En el remoto noreste del estado de Vermont, escondido entre 132,000 acres de tierras patrimoniales conocidas como los Kingdom Heritage Lands, se alzan las majestuosas y poco exploradas torres de granito de Black Mountain. Para quien se adentra en este santuario de roca, el viaje es largo, la ruta salvaje, pero la recompensa es una experiencia de escalada en grietas que algunos describen como comparable a Yosemite.
Un lugar transformado por los escaladores
“Tan pronto como llegas al acantilado, se te cae la mandíbula”, comenta Mischa Tourin, director ejecutivo del grupo sin fines de lucro Climbing Resource Access Group of Vermont (CRAG-VT). “Todo está a exactos 90 grados, como si fuera diseñado por y para escaladores”.
Aunque las primeras rutas fueron exploradas en 2005, no fue hasta la publicación de la segunda edición de la guía Vermont Rock en 2022 que Black Mountain comenzó a atraer atención seria dentro de la comunidad escaladora. Desde entonces, el trabajo de CRAG-VT ha sido clave en la consolidación y conservación del lugar.
La joya geológica desconocida de Vermont
Tradicionalmente, la escalada en Vermont se ha desarrollado en los esquistos que dominan las Montañas Verdes: una roca con pequeñas irregularidades perfectas para sujetarse. Sin embargo, Black Mountain rompe completamente ese patrón. Su granito es duro, limpio y repleto de grietas paralelas perfectas, lo cual, geológicamente, lo acerca más a los Montes Blancos de New Hampshire o incluso a Yosemite.
“Es el mejor lugar en el noreste de EE.UU. para la escalada tradicional en grietas, considerando la cantidad de rutas en un solo acantilado”, dice Tourin.
Acceso difícil para una experiencia única
Parte del encanto —y del reto— de Black Mountain es llegar hasta él. Se encuentra en el borde de los poblados de Averill (con 21 habitantes) y Lewis (población: 0). Desde la ciudad más cercana, Newport, hay al menos una hora de camino. Después de conducir 6.2 millas por un camino rocoso de mantenimiento de líneas eléctricas al sur del cruce fronterizo de Norton con Canadá, se alcanza un rústico área de estacionamiento. Desde allí, comienza el verdadero recorrido: un sendero empinado y antes inestable ahora transformado gracias a dos años de trabajo por parte de NorthWoods Stewardship Center, financiado parcialmente por el Departamento de Bosques, Parques y Recreación de Vermont.
Trabajo colaborativo para preservar el paraíso
CRAG-VT ha sido el pilar organizador detrás del acceso sostenible a Black Mountain. En colaboración con propietarios de tierras e instituciones estatales, se logró crear un plan de manejo de escalada que establece la práctica como una forma recreativa aceptada en las tierras patrimoniales.
“Nuestro objetivo es garantizar el acceso, conservar el entorno y construir comunidad”, afirma Tourin. Se han instalado 38 escalones de piedra, 4 escaleras de madera y 160 pies de muro de contención en el sendero de aproximación. Además, existe un plan de mejoras futuras que incluye estabilización en la base del acantilado y mejoramiento del estacionamiento.
Un destino que atrae escaladores... y atención internacional
Hoy en día, se han establecido alrededor de 70 rutas en Black Mountain. Muchas de ellas son de dificultad intermedia o avanzada, lo cual exige tanto habilidades físicas como equipo especializado. Su calidad ha llegado incluso a oídos de los escaladores del otro lado de la frontera canadiense, quienes ahora lo visitan frecuentemente.
“Las últimas veces que he ido, había tantos canadienses como estadounidenses en la zona. Es un recurso asombroso y está justo al sur de la frontera”, menciona Tourin.
Del aislamiento al renacimiento comunitario
Uno de los aspectos más destacables de este renovado auge de Black Mountain es cómo está revitalizando pequeñas economías locales. Para fomentar el sentido de comunidad, CRAG-VT organiza desde 2022 el Kingdom Climbing Weekend, un evento anual que congrega a alrededor de 40 escaladores en cabañas del resort Quimby Country en Averill.
“Pensamos hacerlo una sola vez para celebrar nuestro acuerdo de acceso, pero salió tan bien que se convirtió en tradición”, dice Tourin. El evento, tipo campamento familiar, no solo fortalece lazos entre escaladores, sino que también genera ingresos para la área.
El futuro de un santuario remoto
El aislamiento sigue siendo un arma de doble filo para Black Mountain. Su belleza intacta se debe, en parte, a su dificultad logística. Pero esto también limita el número de visitantes y pone en entredicho si podrá atraer los recursos adecuados a largo plazo.
Aun así, CRAG-VT continúa su labor con visión a futuro. “Es un lugar increíble”, señala Tourin. “No creo que llegue a estar tan lleno como otros destinos más accesibles, pero definitivamente vale la pena el viaje”.
Black Mountain no sólo representa una historia de éxito en accesibilidad recreativa, sino también un caso ejemplar de gestión comunitaria, preservación ambiental y aprovechamiento del potencial turístico sostenible. En una era en la que muchos destinos naturales están saturados, esta joya escondida brilla como el nuevo altar sagrado para amantes de la roca.
Datos clave sobre Black Mountain
- Ubicación: Averill, Vermont (cerca de la frontera con Canadá)
- Tipo de roca: Granito con grietas paralelas
- Rutas disponibles: Aproximadamente 70
- Modalidad: Escalada tradicional
- Organización gestora: CRAG-VT
- Área protegida: Kingdom Heritage Lands (132,000 acres)
Con cada paso hacia la base del acantilado, el escalador no solo sube un muro de granito, sino también se eleva en la historia de un lugar que está escalando, poco a poco, hacia la cima del prestigio en la comunidad outdoor norteamericana.
