Drones, drogas y carne: el ingenioso (y fallido) intento de contrabando navideño en una prisión de Carolina del Sur
La batalla entre autoridades penitenciarias e innovadores métodos de ingreso de artículos prohibidos pone de relieve una creciente amenaza: el uso de drones.
Una navidad gourmet... en prisión
El 3 de diciembre de 2023, faltando tan solo tres semanas para Navidad, un peculiar paquete fue hallado en el patio de la Institución Correccional de Lee, situada en Bishopville, Carolina del Sur. Lo más sorprendente no fue el hallazgo en sí, sino su contenido: un filete crudo en su empaque original del supermercado, patas de cangrejo, marihuana, cigarrillos y un clásico de la cocina estadounidense: Old Bay Seasoning. Todo esto fue entregado por un dron que sobrevoló la prisión y logró depositar el paquete antes de ser interceptado por los guardias.
La cuenta oficial del Departamento de Correcciones de Carolina del Sur en la plataforma X (antes Twitter) publicó una imagen del hallazgo con el hashtag #ContrabandChristmas, en lo que parece un curioso intento por generar conciencia —o quizás algo de humor navideño— sobre una amenaza muy seria: el contrabando mediante drones.
Una tendencia al alza
El uso de drones para introducir artículos prohibidos en prisiones no es nuevo, pero va en aumento. Según un informe del Departamento de Justicia de Estados Unidos de 2022, al menos 92 incidentes confirmados con drones ocurrieron ese año en prisiones federales, estatales o locales. Y se estima que muchos más no son detectados o no se reportan públicamente.
Al comienzo eran simples intentos de ingresar drogas o teléfonos móviles lanzándolos con una cuerda o incluso con catapultas artesanales. Sin embargo, la innovación criminal ha encontrado en los drones un aliado aéreo silencioso y eficaz. Según el Prison Legal News, en estados como Georgia, Texas o Carolina del Sur los funcionarios penitenciarios realizan inspecciones constantes en las inmediaciones de las prisiones para detectar y derribar estos dispositivos no tripulados.
El sistema penitenciario ante una nueva era tecnológica
Ante esta amenaza, muchas prisiones han elevado la altura de sus cercas, añadido mallas con sensores, instalado cámaras de vigilancia aérea y adoptado tecnologías de detección por radar. Sin embargo, los drones pueden operar a gran altitud, con precisión milimétrica, y son muy difíciles de interceptar. Algunos incluso son programados para retornar automáticamente al punto de origen después de completar su entrega.
Además, los dispositivos más modernos permiten transportar cargas de hasta 5 kilogramos, por lo que pueden introducir desde armas, celulares, drogas, hasta comida gourmet como lo demuestra este particular caso en Bishopville.
Delito con pena mayor
En Carolina del Sur, volar un dron cerca de una prisión es un delito menor con hasta 30 días de prisión, pero ingresar contrabando usando uno eleva el crimen a nivel de felonía, con penas de hasta 10 años de cárcel. A pesar de ello, el bajo costo de los drones y la dificultad para rastrear a sus operadores los convierte en una tentadora opción para quienes buscan traficar objetos detrás de los barrotes.
Según la portavoz del Departamento Correccional, Chrysti Shain, “los internos que esperaban el paquete están bastante... cangrejados”, haciendo un juego de palabras en inglés con "crabby" (irritable) y el contenido del paquete: patas de cangrejo.
¿Por qué tanta demanda por contrabando alimentario?
Más allá de las drogas y los cigarrillos, la inclusión de alimentos como carne de supermercado o mariscos ha sorprendido. Aunque pudiera parecer extravagante, tiene su lógica: el sistema alimentario de muchas prisiones ha sido fuertemente criticado por su bajo valor nutricional y pésima calidad. Un estudio del Prison Policy Initiative evidenció que más del 85% de los presos encuestados calificaron como "pobre" o "muy pobre" la comida carcelaria y el 43% reportó haber tenido problemas de salud a causa de ella.
Ese descontento ha generado un mercado negro dentro de los muros penitenciarios, donde los presos con más poder adquisitivo (o control sobre ciertas áreas del penal) pueden intercambiar favores, protección o bienes por acceso a comida "de lujo". Lo que desde fuera puede parecer trivial —como unas patas de cangrejo o una lata de condimento Old Bay— representa dentro de la prisión una importante moneda de poder.
La cultura del contrabando carcelario
Los métodos para introducir objetos prohibidos en las cárceles son vastos y evolucionan constantemente. Algunos de los más conocidos incluyen:
- Familias que intentan ingresar artículos escondidos en pañales, bultos de ropa o incluso en libros huecos.
- Abogados que fingen entregar documentos legales, cuando en realidad están camuflando tarjetas SIM o papel impregnado en LSD.
- Guardias corruptos o sobornados que permiten el transporte de objetos.
- Y ahora, drones, que no necesitan cómplices internos.
El académico Andrew Ainsworth, autor del libro "Prison Drones: The New Frontier", asegura que "los drones han permitido una fragmentación del tráfico contrabandista: ya no se necesita una red dentro del personal del penal; solo una planificación externa eficaz".
Un problema global
Los incidentes con drones no son exclusivos de Estados Unidos. En Reino Unido, por ejemplo, un informe del Ministerio de Justicia reveló que entre 2020 y 2022 se interceptaron más de 400 intentos de contrabando con drones en cárceles británicas. En Rusia, delincuentes han usado drones para enviar incluso objetos como cargadores de teléfonos móviles a través de las estrechas ventanas con barrotes. Y en Brasil, prácticas similares han sido vistas incluso en cárceles de máxima seguridad.
¿Qué medidas se están tomando?
Frente a estos desafíos, surgen innovaciones tecnológicas como:
- Sistemas antidrones: usan radiofrecuencia para desactivar a los drones invasores o desviarlos de su ruta.
- Águilas entrenadas: en los Países Bajos se ha experimentado con halcones amaestrados como agentes anti-dron.
- Geovallas electrónicas: limitan áreas de vuelo cercanas a instalaciones sensibles; sin embargo, requieren que se configuren previamente en el software del dron.
Pese a todo, las prisiones se ven obligadas a jugar una carrera de gato y ratón contra la creatividad (y a veces, el humor negro) de quienes vibran por burlar el sistema.
La otra cara de una Navidad carcelaria
En muchas prisiones del mundo, la Navidad tiene un valor simbólico especial. Representa un momento de nostalgia, de añoranza familiar, y también de tensión. Para muchos internos, la falta de visitas o de algo distinto al plato habitual genera mayor ansiedad. Tal vez por eso, casos como el dron de Lee Correctional Institution no deberían entenderse solo como una travesura criminal: también son reflejo de una necesidad emocional y humana rara vez visibilizada.
Desde fuera, no es difícil burlarse del estereotipo del "almuerzo de lujo" prohibido. Pero desde dentro, puede verse como un intento desesperado por darle sabor (literal y figurado) a una existencia carcelaria rutinaria y opresiva.
¿El inicio de un nuevo capítulo criminal?
El dron incautado en Bishopville es solo la punta del iceberg. Con la evolución de la tecnología y la popularización de dispositivos de vuelo autónomos, los sistemas penitenciarios enfrentan una amenaza que no para de mutar. Y aunque este caso se ha viralizado por su tono casi cómico, es también un serio llamado de atención a legisladores, autoridades penitenciarias e incluso compañías productoras de drones.
Porque mientras haya demanda, habrá oferta. Y mientras las cárceles sean espacios vulnerables y desatendidos, los cielos sobre ellas seguirán siendo rutas ocultas del contrabando.
