El cerco a la UNRWA: ¿Disolución humanitaria o eliminación política?

La última incursión israelí en Jerusalén Este pone en jaque a la agencia de refugiados palestinos de la ONU y revive un conflicto entre ayuda humanitaria e intereses geopolíticos

  •  EnPelotas.com
    EnPelotas.com   |  

Por décadas, la UNRWA ha sido un salvavidas para millones de refugiados palestinos. Fundada en 1949 para atender a los desplazados del conflicto árabe-israelí de 1948, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos en el Cercano Oriente ha operado en territorios altamente volátiles, sorteando guerras, bloqueos y crisis políticas. Sin embargo, el 2024 ha arrojado una sombra peligrosa sobre su existencia, especialmente tras una incursión policial israelí en uno de sus principales recintos en Jerusalén Este.

Un asalto sin precedentes en un terreno diplomático

El lunes por la madrugada, la policía israelí allanó por la fuerza el complejo de la UNRWA en Sheikh Jarrah, Jerusalén Este, alegando ejecutar un procedimiento de cobro de deudas ordenado por la municipalidad local. La UNRWA denunció el ingreso como una “violación inaceptable de sus privilegios e inmunidades como agencia de Naciones Unidas”. Fotografías muestran patrullas de policía y una bandera israelí izada en el techo del edificio, una imagen que simboliza una escalada significativa en la campaña israelí contra la agencia.

Este acto no solo sorprendió al sistema diplomático multilateral, sino que se inscribe en una estrategia más amplia por parte del gobierno israelí para disminuir —e incluso erradicar— la relevancia operacional y narrativa de la UNRWA.

Una agencia bajo ataque: del desfinanciamiento a la exclusión

Israel ha acusado repetidamente a la UNRWA de ser infiltrada por Hamas, una afirmación que la agencia y la ONU rechazan tajantemente. Con la guerra iniciada el 7 de octubre de 2023 entre Israel y Hamas agravando la situación humanitaria en Gaza, la UNRWA se convirtió en el único salvavidas de más de 2 millones de personas. Sin embargo, las críticas no cesaron. En enero de 2024, Israel prohibió formalmente su operación en territorio israelí.

A esto se sumó una decisión crítica de Washington. Estados Unidos, mayor donante histórico de la agencia, suspendió sus aportes al comenzar el año, lo que agravó la ya frágil capacidad operativa del organismo. Según cifras de la propia UNRWA, más de 2.5 millones de refugiados palestinos en Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este dependen directamente de sus servicios, además de otros 3 millones en Siria, Jordania y Líbano.

“¿Quién puede llenar ese vacío?”: el dilema humanitario

Tamara Alrifai, directora de Relaciones Exteriores y Comunicación de la UNRWA, fue tajante durante el Foro de Doha: “Si se elimina a UNRWA, ¿qué otra agencia puede ocupar su lugar?” Su preocupación no es exagerada. La coordinación de ayuda humanitaria requiere una infraestructura logística, experiencia regional y legitimidad diplomática que otras agencias como UNICEF o el Programa Mundial de Alimentos apenas empiezan a suplir.

En mayo de este año, la UNRWA decidió cerrar su complejo en Jerusalén tras enfrentamientos y protestas de sectores ultranacionalistas israelíes que incluyeron la incursión de un miembro del Parlamento. El ministro de Vivienda israelí llegó a proponer utilizar el sitio para asentamientos. Para los palestinos, el cierre no solo representa la pérdida de servicios —desde educación hasta salud—, sino también un golpe simbólico hacia su identidad y derecho al regreso como refugiados.

Entramado histórico: la UNRWA como persistencia del conflicto

Para entender el papel explosivo de la UNRWA, es vital recordar su génesis. Fue creada por la Asamblea General de la ONU en 1949, tras la guerra que ciñó la creación del Estado de Israel. La agencia da ayuda a quienes fueron desplazados o sus descendientes (ya tercera y cuarta generación), manteniendo la narrativa del derecho al retorno vivo en los foros internacionales.

Israel ha argumentado con insistencia que este refugio institucional retrasa la resolución del conflicto. Según declaraciones de funcionarios israelíes, la existencia de la UNRWA perpetúa el estatus de refugiado y obstaculiza el reasentamiento definitivo fuera del territorio israelí. Pero para los palestinos, su disolución equivaldría a borrar su historia del mapa.

Un conflicto trasladado al terreno simbólico

La ONU ha definido a la UNRWA como una agencia única: es la única dedicada exclusivamente a una población de refugiados específica. Su abolición, aseguran líderes palestinos, no solo sería injusta, sino una redefinición del propio conflicto a favor de los intereses israelíes. “Esto no es solo humanitario, es profundamente político”, ha escrito el analista palestino Marwan Bishara en Al Jazeera.

El ex comisionado general de la UNRWA, Pierre Krähenbühl, afirmó en 2019 que el número de refugiados registrados ascendía a más de 5.4 millones. El desmantelamiento de la agencia dejaría a estas personas en un limbo jurídico y sin derechos reconocidos para su reasentamiento o compensación.

La narrativa geopolítica: ¿quién controla la historia?

Más allá de lo institucional y logístico, el conflicto en torno a la UNRWA se convierte en una batalla por la narrativa histórica. Mientras el Estado de Israel apunta a “normalizar” el paisaje institucional de Jerusalén eliminando espacios de soberanía palestina o de ataduras internacionales, los palestinos ven en cada oficina de la UNRWA un vínculo con su historia, su tragedia y su esperanza.

La decisión de plantar la bandera israelí en el techo de la sede de Sheikh Jarrah es más que un gesto de conquista territorial: es una declaración simbólica del poder narrativo. Marca una línea dura de control y reafirmación soberana frente a una agencia internacional que ha representado, por 75 años, la visión opuesta.

Retos futuros: ¿qué viene ahora?

La exclusión de la UNRWA de las negociaciones del alto al fuego lideradas por Estados Unidos revela cuán marginal se está volviendo la agencia en las discusiones diplomáticas. Su legitimidad está siendo erosionada de manera sistemática, y aunque otras agencias tratan de llenar el vacío, es difícil imaginar una reposición completa.

Un informe de Oxfam sostiene que más del 80% de los habitantes de Gaza dependen de alguna forma de ayuda humanitaria provista, en su mayoría, por la UNRWA. Mientras la comunidad internacional sigue meditando sobre el futuro institucional palestino, las realidades en el terreno avanzan sin pausa, desmantelando una a una las pocas estructuras que sostienen la esperanza de millones.

¿Intervención internacional o silencio cómplice?

El futuro de la UNRWA no solo depende de Israel o del mandato de la ONU, sino también de la presión de la comunidad internacional. Con elecciones importantes por venir y la atención mediática centrada en otras crisis globales, la disolución de la agencia podría avanzar sin resistencias significativas.

Sin embargo, voces como la de Francesca Albanese, relatora especial de la ONU para los derechos humanos en los territorios palestinos, advierten que ignorar esta escalada “implicaría una complicidad silenciosa con un proceso de desposesión prolongado, cuyas consecuencias podrían ser irreversibles”.

La pregunta final sigue siendo dolorosamente vigente: si se elimina a la UNRWA, ¿qué queda para millones de palestinos que aún esperan justicia?

Este artículo fue redactado con información de Associated Press