La paz pospuesta: el frágil plan de Trump para Gaza y sus múltiples escollos

Un análisis detallado del complejo acuerdo de alto el fuego y reconstrucción para Gaza que, entre promesas y dilemas geopolíticos, podría redefinir el futuro del Medio Oriente

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El fin de una fase, el inicio de una odisea diplomática

Tras meses de intensas negociaciones, acusaciones cruzadas y fragilidad política, la primera fase del alto el fuego entre Israel y Hamás se acerca a su conclusión. Sin embargo, el camino hacia una paz sostenible en Gaza está lejos de ser clara. Con solo un rehén israelí aún en manos de Hamás y con el frágil equilibrio en juego, la segunda fase del plan de paz promovido por el expresidente estadounidense Donald Trump y respaldado por el Consejo de Seguridad de la ONU promete ser mucho más compleja y polémica.

¿Qué plantea el plan Trump para Gaza?

La propuesta de Trump consta de 20 puntos que, de concretarse, representarían una reconfiguración geopolítica sin precedentes en Medio Oriente. Entre las medidas más destacadas se encuentran:

  • El fin del dominio de Hamás en Gaza
  • La reconstrucción de Gaza bajo supervisión internacional
  • La creación de un cuerpo de seguridad internacional
  • La normalización de relaciones entre Israel y países árabes
  • La formación de una vía potencial hacia la independencia palestina

Pero como suele pasar con los grandes proyectos diplomáticos, la distancia entre lo ideal y lo posible está plagada de obstáculos. Veamos cada uno de ellos.

1. Fuerza Internacional de Estabilización: sin botas en la arena

El plan contempla la creación de una Fuerza Internacional de Estabilización que asuma el rol de garante de seguridad en Gaza y, eventualmente, entrene a las futuras fuerzas policiales palestinas. Aunque países clave como Egipto, Turquía, Pakistán e Indonesia han expresado interés, hasta el momento no hay una fecha establecida para el despliegue ni una estructura de comando definida.

Un diplomático estadounidense indicó que se espera ver tropas en el terreno para principios de 2026. Sin embargo, la negativa de Hamás a desarmarse y la desconfianza de Israel hacia cualquier cuerpo externo complican aún más un escenario ya de por sí volátil.

2. “Junta de Paz”: el regreso de Trump al escenario internacional

Trump ha prometido encabezar personalmente una junta internacional de supervisión, conocida como la Junta de Paz, encargada de nombrar a un comité tecnocrático palestino que administre los asuntos cotidianos en Gaza. Existen rumores sobre la incorporación de figuras influyentes como Tony Blair, pero aún no hay confirmaciones oficiales.

El principal problema radica en la legitimidad: ¿cómo logrará esta junta neutralizar la influencia residual de Hamás? ¿Aceptará Israel o los mismos palestinos una dirección extranjera? La sostenibilidad de esta junta dependerá en gran parte de su habilidad para mediar en un ambiente de altísima desconfianza mutua.

3. Reconstrucción y desarrollo: ¿quién pagará la cuenta?

La devastación en Gaza es apocalíptica. La ONU estima que el coste total de reconstrucción supera los 70.000 millones de dólares. Según el plan, se lanzará pronto una conferencia internacional de donantes en El Cairo.

Pero incluso si se consigue el dinero (lo cual es dudoso), falta algo más delicado: un plan coherente de desarrollo económico que satisfaga a múltiples gobiernos, ONGs y actores privados. Las reconstrucciones sin reconciliación política previa suelen terminar en frustración y corrupción, como lo demuestra el fallido caso de Afganistán (Banco Mundial).

4. El dilema del desarme: ¿puede Hamás dejar las armas?

El acuerdo exige el desarme total de Hamás a cambio de amnistía para sus miembros y la opción de exilio voluntario. Pero esta premisa choca con la piedra angular ideológica de la organización: la lucha armada contra lo que consideran “la ocupación israelí”.

Bassem Naim, alto dirigente de Hamás, ha declarado estar dispuesto a “congelar o almacenar” las armas durante un proceso político, lo cual para Israel probablemente sea insuficiente. Sin desarme creíble, habrá enfrentamientos con tropas internacionales y, probablemente, Israel postergue indefinidamente su retirada.

5. Gobierno palestino tecnocrático: una estructura sin pueblo

El plan tecnológico contempla una administración apolítica compuesta por palestinos “no afiliados ni a la Autoridad Palestina ni a Hamás”. Sin embargo, ¿quién tiene legitimidad para gobernar bajo estas condiciones?

La falta de representatividad, sumada a la intervención extranjera masiva, podría generar una administración títere sin respaldo ciudadano. Hay riesgos de boicots sociales, ineficiencia administrativa y más deslegitimación. Un gobierno sin pueblo difícilmente pueda sostenerse.

6. La retirada israelí: el “frente defensivo” como nuevo mapa

Israel debe retirarse gradualmente de Gaza, quedándose solo con una zona de amortiguamiento cercana a su frontera. Actualmente, Israel ocupa más del 50% del territorio gazatí y no tiene plazos firmes para su salida.

El jefe militar israelí, teniente general Eyal Zamir, ha dicho que la línea de control actual es “una nueva frontera de defensa”. Dicha declaración contradice el espíritu del plan y fortalece las sospechas de que Israel buscará mantener una presencia indefinida sin asumir responsabilidades de gobernanza.

7. Reforma de la Autoridad Palestina: un viejo actor con nueva ropa

El acuerdo exige una reforma profunda de la Autoridad Palestina, que gobierna la Cisjordania, para que algún día retome el control de Gaza. Según reportes, ya se han iniciado esos cambios con foco en:

  • Eliminación de la corrupción
  • Modernización del sistema educativo
  • Cambio en la política de pagos a presos

No obstante, Israel se opone firmemente al ingreso de cualquier figura de la Autoridad en Gaza. Si no hay camino hacia un Estado palestino viable, la legitimidad de todo el acuerdo podría colapsar. Además, la falta de plazos y métricas claras mina la confianza internacional.

Muchos cocineros, una receta a medio escribir

El plan dirigido por Trump está avalado por un amplio espectro internacional: EE. UU., la ONU, Egipto, Qatar, la UE y países árabes clave. Pero esta multiplicidad de intereses también genera incoherencia.

Hay serios desafíos para articular una estrategia común entre actores con agendas tan dispares. Si no hay una coordinación mínima, el proceso puede convertirse en un pantano diplomático interminable y costoso.

¿Se avecina una Gaza sin rumbo?

Si el plan fracasa, se corre el riesgo de que Gaza se convierta en una especie de zona gris: un territorio mutilado, sin Estado, con población desplazada, economía colapsada y dominio fáctico miliciano. Una especie de Somalia 2.0 en el corazón de Medio Oriente.

Esto representaría una carga perpetua para la comunidad internacional, que seguiría canalizando miles de millones en ayuda humanitaria sin horizonte real de solución política.

¿Puede Trump lograr lo que otros presidentes no pudieron?

Desde la década de los 90, presidentes estadounidenses han intentado mediar en el conflicto palestino-israelí. Desde Bill Clinton y los Acuerdos de Oslo, pasando por el Mapa de Rutas de Bush Jr. y el fallido plan de Obama y Kerry.

La diferencia ahora es que Trump apuesta a un enfoque de “negocio”, con incentivos económicos y normalización regional como herramientas de cambio. Pero sin instituciones fuertes ni confianza mutua, los billetes no reemplazarán ni la memoria histórica ni la voluntad del pueblo.

Una paz en pausa eterna

Lo que hoy vemos en Gaza es el espejo de un mundo donde las guerras se congelan pero no se resuelven; donde los acuerdos son titulares, pero no realidades; donde la paz es más slogan que política de Estado.

Mientras no se afronte el conflicto de raíz —con reconocimiento mutuo, derechos iguales y caminos claros— Gaza, Israel, Palestina y el resto del mundo estarán atrapados en una guerra que ni siquiera sabe en qué capítulo empieza o termina.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press