El azote del cielo: tormentas extremas y la vulnerabilidad del noroeste de EE.UU.

Ríos desbordados, rescates dramáticos y un pronóstico sombrío: ¿está el Noroeste preparado para una nueva era climática?

Una semana bajo el agua

Lo que comenzó como otra temporada habitual de lluvias en el noroeste de Estados Unidos se ha transformado en una verdadera emergencia climática. Las recientes e intensas tormentas han provocado inundaciones históricas en los estados de Washington y Oregón, lo que ha obligado a realizar múltiples rescates, cerrar infraestructuras clave y, una vez más, encender las alarmas sobre la vulnerabilidad de esta región ante fenómenos meteorológicos extremos.

El martes 9 de diciembre de 2025 marcó el inicio del caos: la primera de varias tormentas previstas azotó el Pacífico Noroeste, empapando el terreno que ya venía saturado por lluvias previas. A medida que las horas avanzaban, comenzaron a reportarse ríos desbordados, carreteras cortadas y autos completamente sumergidos. Al día siguiente, los residentes aguardaban con temor lo peor: más lluvias y la crecida de los principales ríos.

El río Skagit y una amenaza sin precedentes

Uno de los focos de preocupación más grandes es el río Skagit, al noreste de Seattle. Según el National Water Prediction Service, se espera que el caudal del río supere en más de 15 pies (4.6 metros) el nivel de inundación mayor, lo que podría romper todos los registros históricos hasta la fecha.

«Estamos viendo un nivel de actividad que normalmente se asocia con tormentas de una vez cada 100 años», explicó Harrison Rademacher, meteorólogo del National Weather Service en Seattle. Esta comparación no es solo hiperbólica: los registros muestran que el Skagit podría alcanzar niveles similares a los de la gran inundación de 1990.

Una fuente inagotable de humedad

La causa principal de estas lluvias intensas es un fenómeno conocido como “río atmosférico”. Rademacher lo describió como «un chorro de humedad» que se extiende desde el océano Pacífico y se estrella directamente contra las costas de Oregón y Washington. Este tipo de patrón meteorológico no es nuevo, pero lo que preocupa a los expertos es su frecuencia y duración creciente.

Un informe del Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR) señala que los ríos atmosféricos, al igual que los huracanes, se están volviendo más frecuentes y potentes debido al cambio climático global. Estos sistemas pueden transportar en un solo día tanta agua como 25 veces el flujo del río Mississippi.

Rescates dramáticos en tierra y agua

Las historias que emergen de esta tormenta son tan impactantes como estremecedoras. En el condado de Lewis, al sur de Seattle, los bomberos realizaron cinco rescates en un solo día, entre ellos, el de una familia entera atrapada en su casa rodeada por 1.2 metros de agua.

En Chehalis, los rescatistas utilizaron kayaks inflables para sacar a personas atrapadas en sus vehículos. Otra persona fue rescatada tras caminar casi 1.6 kilómetros para buscar ayuda entre aguas crecidas. «Estuvimos al límite de nuestras capacidades», admitió Malachi Simper, portavoz del Distrito de Protección Contra Incendios #5.

Más al norte, en Auburn y Snohomish, las autoridades instalaron barreras de control temporales a lo largo del río White y evacuaron parques de casas móviles completos ante la inminente amenaza de desbordamientos.

Infraestructura al límite

La Interstate 5, una de las arterias más importantes entre Seattle y Portland, estuvo parcialmente bloqueada debido a deslizamientos de tierra y caminos inundados. Camioneros, como el que tuvo que ser rescatado al intentar cruzar una vía anegada, enfrentaron condiciones peligrosas.

«Estos incidentes se están volviendo demasiado frecuentes», declaró un portavoz de Portland Bureau of Transportation. «El riesgo de hidroplaneo y accidentes es enorme, y aún falta lo peor».

El impacto en la vida cotidiana

Con las escuelas cerradas, los servicios de emergencia tensionados y cortes eléctricos generalizados, el impacto se ha sentido en todos los niveles de la sociedad. Varios distritos escolares optaron por clases virtuales o suspensiones totales. En la ciudad de Longview, cerca de la frontera entre Washington y Oregón, se abrió un albergue para atender a familias desplazadas por las lluvias.

Mientras tanto, en el extremo norte, en Alaska, una masa polar está generando sensaciones térmicas de hasta -50 ºC en zonas como Skagway y -26 ºC en Juneau. Este tipo de condiciones extremas en direcciones opuestas del mapa es una señal clara de un sistema climático profundamente desbalanceado.

El costoso precio del cambio climático

Parte de la narrativa en torno a estos fenómenos no puede separarse del problema mayor: el cambio climático. Según la Administración Oceánica y Atmosférica Nacional (NOAA), eventos de lluvias extremas en el noroeste del país han aumentado un 45% desde 1950. Las temperaturas más cálidas llevan más humedad al aire, lo que significa lluvias más intensas cuando estas se descargan.

La doctora Kelly Mullin, climatóloga de la Universidad de Washington, advierte: «Lo que una vez se consideraba una tormenta del siglo ahora podría suceder cada una o dos décadas. Es urgente fortalecer nuestras infraestructuras y prepararnos para una nueva normalidad».

¿Estamos preparados? Un llamado urgente

Las autoridades han elevado sus niveles de emergencia, con el Centro de Operaciones de Emergencia de Washington alcanzando su máxima activación. Pero muchos residentes se preguntan si estas medidas son suficientes.

Ciudades como Portland y Seattle han hecho inversiones en drenajes sostenibles y barreras fluviales, pero la velocidad y escala del cambio climático pueden estar superando estos esfuerzos. Muchas zonas pobladas que antes se consideraban «seguras» ahora están dentro de las zonas de inundación.

El horizonte: más lluvia, más preocupación

Y el panorama no mejora. Según Rademacher, otra tormenta de gran intensidad podría llegar el domingo. La previsión hasta las semanas navideñas sugiere «un patrón bastante inestable». En otras palabras: esto será solo el inicio de un invierno que podría dejar marca.

«La naturaleza no está esperando a que nos preparemos», advirtió Rademacher. «Tenemos que adaptarnos o seguir enfrentando situaciones como estas cada año».

Como sociedad, el Noroeste estadounidense se encuentra frente a una disyuntiva: seguir reaccionando ante los desastres una vez ocurren o invertir de manera decidida en preparación, resiliencia e infraestructura climática.

Y mientras el cielo no da tregua, la cuestión se vuelve cada vez más urgente: ¿qué tan preparados estamos realmente para un clima implacable?

Este artículo fue redactado con información de Associated Press