El desafío económico de Pakistán: ¿realmente el FMI es la solución?

La nueva inyección de $1.2 mil millones del FMI a Pakistán plantea interrogantes sobre la sostenibilidad real de su recuperación económica

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Pakistán vuelve a colocarse en el foco del escenario económico internacional tras recibir una nueva inyección financiera por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI). La reciente aprobación de un desembolso de $1.200 millones, como parte de un acuerdo de rescate más amplio, llega en un momento en que el país lucha por salir de una de sus más profundas crisis fiscales y de balanza de pagos.

Una relación histórica con el FMI

No es nuevo ver a Pakistán dependiendo del FMI. Desde 1958, la nación surasiática ha firmado más de 23 acuerdos con el organismo internacional. Lejos de ser una anomalía, esta dependencia refleja una economía estructuralmente débil, desequilibrios fiscales crónicos y una mala gestión gubernamental a lo largo de décadas.

Pero la pregunta que cobra fuerza es: ¿Sirven de algo estos préstamos si el país sigue cayendo en los mismos errores una y otra vez?

Los detalles del nuevo préstamo de 2024

La reciente aprobación del FMI no solo se limita al programa de rescate convencional. El organismo desembolsará $1.000 millones como parte de su línea básica Stand-By, junto con $200 millones adicionales para un programa centrado en la resiliencia climática –una novedad importante si consideramos los recientes desastres naturales que ha sufrido el país.

En total, desde 2023 el FMI ha desembolsado cerca de $3.300 millones a Islamabad. El objetivo de este programa, que se extiende hasta julio de 2026, es ambicioso: estabilizar la economía, reconstruir reservas internacionales, reforzar la administración tributaria y reformar empresas estatales ineficientes.

¿Qué ha cambiado desde la amenaza de default?

En 2023, el país se encontraba al borde del impago. Reservas internacionales bajo mínimos, una inflación superior al 30% y un déficit fiscal cercano al 7% del PIB encendieron todas las alarmas. La situación llevó al entonces gobierno de Shehbaz Sharif a negociar contrarreloj con el FMI.

Hoy, gracias al programa y a ciertas medidas altamente impopulares —como aumentos en las tarifas de energía, elevación del tipo de interés y liberalización del tipo de cambio—, Pakistán ha logrado acumular 14.500 millones de dólares en reservas internacionales y estabilizar el crecimiento hasta cifras cercanas al 2,5% del PIB, según estimaciones del FMI.

Tanques de oxígeno... ¿o amarras financieras?

El primer ministro Sharif ha calificado el desembolso como una recompensa por las reformas fiscales y de gobernabilidad que ha liderado su administración. “Es una validación del compromiso del país con reformas estructurales”, declaró.

Pero no todos lo ven con optimismo. Economistas críticos alertan que estas medidas son parches, y que lo que Pakistán necesita es una transformación estructural y sostenible: diversificación de industrias, fomento a la inversión privada, mejor infraestructura educativa y tecnológica, y una reforma genuina del sistema bancario público.

El rol de los militares en lo económico

Una parte polémica del anuncio fue el agradecimiento del primer ministro no solo al ministro de Finanzas, Muhammad Aurangzeb, sino también al General Asim Munir, líder del ejército y recientemente nombrado jefe de las fuerzas de defensa.

¿Por qué resulta inquietante esto? Porque, como muchos analistas pakistaníes aseguran, el ejército no solo influye en lo político, sino también en lo económico. Su participación directa o indirecta en empresas estatales, infraestructura y logística lo convierte en un actor económico relevante, pero también reduce la transparencia gubernamental.

La cuerda floja: inflación y pobreza

Aunque el FMI destaca los avances en reservas y recaudación fiscal, los ciudadanos paquistaníes siguen experimentando efectos devastadores por el costo de la vida. Según datos del gobierno, más del 40% de la población vive bajo el umbral de la pobreza. La inflación, aunque en descenso respecto al 2023, sigue rondando cifras de dos dígitos.

Esto se agrava por los efectos rezagados de las inundaciones del monzón, que destruyeron cultivos y viviendas, desplazaron a cientos de miles y agravaron los problemas de suministro de alimentos. Aquí es donde el componente ecológico del préstamo —para mejorar la gestión del agua y respuesta ante desastres— cobra una importancia real.

El eterno retorno: ¿es posible salir del círculo de deuda?

Análisis del FMI y el Banco Mundial coinciden en que, sin cambios fundamentales, Pakistán podría volver a enfrentar problemas similares en cuestión de pocos años. De hecho, las proyecciones de deuda pública indican que el país podría superar el 80% del PIB en deuda bruta en 2025 si no reduce su déficit.

Además, casi el 70% del presupuesto se va en pagos de deuda y defensa, lo que deja poco margen para inversión social, salud, educación o infraestructura.

¿Una digitalización esperanzadora?

Uno de los aspectos positivos que destacó el gobierno fue el avance en digitalización del sistema tributario y áreas clave de la administración. El propio Sharif subrayó que Pakistán se está convirtiendo en un “caso de estudio global” por sus progresos en tecnología fiscal.

Si bien esto puede parecer una victoria menor, el potencial de la digitalización es enorme. Estudios del McKinsey Global Institute muestran que digitalizar los servicios públicos y fiscales puede disminuir la corrupción, aumentar la eficiencia del gasto y mejorar la recaudación en hasta un 20%.

Presión internacional y geopolítica

Otro factor no menor: el apoyo tácito de aliados históricos como China, Arabia Saudita y los EAU. Sin embargo, incluso estos actores han comenzado a condicionar sus inversiones o préstamos a reformas tangibles. China, por ejemplo, ralentizó avances en proyectos del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC), un estandarte del plan de desarrollo, por preocupaciones sobre seguridad y ejecución.

Reflexión desde una voz crítica

Para Mohamed Zubair, exgobernador del Banco Estatal de Pakistán, “el FMI no es un enemigo ni la panacea. El problema es que usamos su dinero para apagar incendios, no para construir casas resistentes al fuego”. Una frase simple, pero cargada de verdad.

Mientras tanto, el pueblo paquistaní espera respuestas reales. Más allá de documentos técnicos y felicitaciones entre líderes y burócratas, la demanda es concreta: alimentación, empleo, salud, educación y seguridad.

En definitiva, el programa del FMI le da a Pakistán un nuevo plazo de vida. Pero el tiempo sigue corriendo. Y si no se aprovecha con decisiones firmes, estructurales y centradas en el bienestar del ciudadano común, el ciclo volverá a repetirse. Una vez más.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press