El misterio de los muros hasmoneos: historia, poder y arqueología en la Jerusalén antigua
Un hallazgo arqueológico sin precedentes revive los ecos del reino hasmoneo, la festividad de Janucá y las luchas geopolíticas del pasado
Una muralla milenaria resurge del pasado
En el corazón de la Ciudad Vieja de Jerusalén, bajo los sólidos cimientos de una antigua prisión otomana, un hallazgo arqueológico asombroso llamó recientemente la atención del mundo. Se trata del tramo más largo hasta ahora desenterrado de la muralla construida por el Reino Hasmoneo, una dinastía judía que ocupó la región hace más de dos milenios. El muro, de casi 50 metros de largo y 5 de ancho, ha resistido las inclemencias del tiempo y muestra huellas claras de su importancia estratégica, política y religiosa.
Este nuevo descubrimiento, ubicado bajo la fortificación conocida como Kishleh y adyacente a la Ciudadela de David, arroja luz sobre un periodo histórico extremadamente significativo para el pueblo judío: la era hasmonea, estrechamente ligada a la historia de Janucá.
¿Qué fue el Reino Hasmoneo y por qué es tan importante?
El Reino Hasmoneo se fundó tras la rebelión de los macabeos contra el dominio helenístico del Imperio Seléucida, una epopeya narrada en los libros de los Macabeos y celebrada anualmente a través de la festividad de Janucá. La dinastía gobernó aproximadamente entre 140 a.C. y 37 a.C., otorgando a los judíos un raro momento de independencia política entre la era persa y el dominio romano.
Bajo su mandato, Jerusalén experimentó una etapa de gran esplendor, y los gobernantes hasmoneos construyeron infraestructuras clave, como acueductos, templos y murallas impresionantes. Estaban decididos a fortificar la ciudad contra incursiones extranjeras y asegurar su hegemonía frente a enemigos poderosos como los seléucidas y, más tarde, los romanos.
La muralla y su desmantelamiento: ¿acto de sumisión o estrategia política?
El tramo de muralla recientemente descubierto no solo impacta por su dimensión y estado de conservación, sino por la historia que vislumbra: su aparente desmantelamiento controlado. Para los arqueólogos, el hecho de que la muralla haya sido reducida a una altura uniforme, y no destruida caóticamente por enemigos o desastres naturales, indica una decisión política deliberada.
Una de las teorías más fascinantes la ofrece el arqueólogo Dr. Amit Re’em, de la Autoridad de Antigüedades de Israel, quien vincula este derribo con un posible acuerdo de alto el fuego en el año 132 o 133 a.C. Según el historiador judío Flavio Josefo, el rey seléucida Antíoco VII (Sidetes) asedió Jerusalén y logró pactar con el rey judío Juan Hircano I, quien habría ofrecido plata, rehenes —incluido su propio hermano— y el desmantelamiento de las defensas de Jerusalén a cambio del fin del sitio.
“Antíoco Sidetes aceptó la oferta con la condición de que las murallas fueran desmontadas, y creemos que hemos encontrado pruebas arqueológicas de ese hecho”, dijo Re’em.
¿Fue Herodes el autor del derribo?
Sin embargo, no todos los académicos se alinean con esta teoría. Orit Peleg-Barkat, jefa de arqueología clásica de la Universidad Hebrea de Jerusalén, considera que es más probable que el desmantelamiento esté relacionado con la posterior construcción del palacio del rey Herodes. Herodes, que tomó el poder con la bendición de Roma, tenía un interés personal en eliminar marcas de la dinastía anterior y en establecer su propia presencia a través de imponentes proyectos arquitectónicos.
La teoría herodiana también se ve reforzada por el hecho de que otras secciones del muro hasmoneo en diferentes partes de Jerusalén no presentan signos del mismo tipo de desmantelamiento.
Janucá y la alianza con el pasado
Esta muralla tiene un simbolismo especial porque vincula directamente con la festividad de Janucá. El evento que provocó la instauración de esta celebración fue la rededicación del Segundo Templo tras su reconquista por parte de los macabeos. Según la tradición judía, el aceite ritualmente puro encontrado en el templo solamente alcanzaba para un día, pero milagrosamente duró ocho, lo que da origen a la celebración que hoy se conoce en todo el mundo.
- La palabra Janucá significa dedicación.
- En el 2023, Janucá comienza el 14 de diciembre.
- Los alimentos fritos como los latkes conmemoran este milagro del aceite.
Redescubrir un trozo monumental de Jerusalén construido por los mismos descendientes de los protagonistas de Janucá le otorga una nueva dimensión a esta festividad, convirtiéndola en no solo espiritual, sino tangible.
El símbolo de una ciudad que nunca deja de revelar su historia
El sitio donde fue encontrado este fragmento de muro tiene también una historia más reciente. La estructura conocida como el Kishleh fue erigida en 1830 durante el dominio otomano como base militar. Más adelante, fue usada como prisión británica hasta los años 40 y todavía se conservan inscripciones de prisioneros en hebreo, árabe e inglés en sus paredes.
Tras décadas de cierre parcial, una parte del edificio fue transferida al Museo de la Torre de David, que reactivó las excavaciones en 2021 después de que se hubieron interrumpido por la Segunda Intifada en 2000. En estos dos años, los arqueólogos retiraron manualmente el equivalente de dos piscinas olímpicas de tierra y escombros, abriendo paso a uno de los hallazgos más singulares en la historia reciente de la arqueología israelí.
Una futura galería sobre cimientos milenarios
El destino de este hallazgo no será el olvido ni el almacenamiento en un archivo arqueológico. Se planea la instalación de un suelo flotante de vidrio que permitirá a los visitantes caminar sobre los restos originales del muro, que pasarán a formar parte de una nueva ala del Museo de la Torre de David: el Ala Schulich de Arqueología, Arte e Innovación.
Con la apertura prevista dentro de dos años, esta exposición no solo buscará resguardar la estructura sino también educar a las nuevas generaciones sobre la historia viva que yace bajo sus pies.
El mosaico del pasado aún se ensambla
Jerusalén es una ciudad donde las capas del tiempo se superponen en vertical, no solo cronológicamente. Lo que está encima de la tierra pertenece a religiones, naciones e historias que aún laten, pero lo que se encuentra debajo ofrece pistas para entender cómo llegamos hasta aquí. Esta muralla hasmonea nos habla de guerra, diplomacia, religión, poder y arquitectura. Nos recuerda que los símbolos son efímeros, excepto cuando están hechos de piedra.
Y más aún: nos devuelve una perspectiva integral en la que la historia, la arqueología y la identidad convergen para generar una comprensión más profunda de un lugar que no deja de contarnos quiénes fuimos y quiénes podríamos ser.
