Estamos al límite: Por qué el mundo necesita una revolución ambiental urgente

El último informe de la ONU propone una transformación sin precedentes para enfrentar los desafíos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la degradación del suelo y la contaminación. ¿Estamos preparados para cambiarlo todo antes de que sea demasiado tarde?

«El cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la degradación del suelo y la contaminación no son problemas aislados. Son diferentes caras de una misma moneda en crisis».

Así lo señala el Informe Global sobre el Medio Ambiente 2025 elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), considerado como la evaluación ambiental global más completa realizada hasta la fecha. En este análisis, exploraremos los hallazgos clave del informe y por qué representan un ultimátum para los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil.

Un sistema ambiental al borde del colapso

Los datos del informe son rotundos:

  • Hasta un 40% del suelo del planeta está degradado.
  • Más de un millón de especies enfrentan la extinción inminente.
  • La contaminación provoca cerca de 9 millones de muertes al año, una cifra alarmante comparada, por ejemplo, con las bajas anuales por conflictos armados o enfermedades infecciosas.
  • Las emisiones de gases de efecto invernadero alcanzaron un nuevo récord en 2024, haciendo tambalear el objetivo central del Acuerdo de París.

Si no cambiamos el rumbo, se prevé un aumento de la temperatura de hasta 2.4 ºC para 2100, muy por encima del límite de 1.5 ºC fijado en el Acuerdo de París. El ex científico de la NASA y coautor del informe, Bob Watson, advierte: “Estamos a punto de cruzar puntos de no retorno ecológico”.

¿Por qué no basta con acuerdos separados?

Uno de los principales mensajes del informe es que las soluciones sectoriales ya no son suficientes. Durante años, los gobiernos han establecido tratados independientes para la biodiversidad (como el Convenio sobre la Diversidad Biológica), el cambio climático (como el Acuerdo de París) o la contaminación (como el Tratado del Mercurio), pero estos no han tenido la sinergia necesaria para afrontar la magnitud del desafío.

Según Bob Watson, “No se puede hablar de cambio climático sin hablar de biodiversidad o de contaminación al mismo tiempo. Son eslabones del mismo sistema”. Lo que se necesita es un nuevo paradigma de gobernanza ambiental que reconozca estas interconexiones y actúe de forma integrada, no fragmentada.

El costo de no hacer nada

El informe reconoce que transformar nuestros sistemas económicos, energéticos y agrícolas exigirá una inversión estimada de 8 billones de dólares al año hasta 2050. Pero esa cifra palidece ante las pérdidas acumuladas si seguimos ignorando la crisis. A partir de 2050, los beneficios netos de la acción ambiental podrían superar los 20 billones de dólares al año, creciendo incluso hasta 100 billones anuales para 2070.

Para ponerlo en contexto: en 2023, los subsidios a los combustibles fósiles a nivel mundial superaron los 7 billones de dólares, según el FMI (Fondo Monetario Internacional). Redistribuir solo una fracción de estos recursos bastaría para encauzar la transición energética y restaurar ecosistemas degradados.

Un llamado a una economía circular

Otra de las recomendaciones fundamentales es pasar de una economía lineal basada en “tomar, usar y desechar” a una economía circular sustentada en la regeneración, el reciclaje eficiente y la minimización del desperdicio.

Esto implica repensar desde el diseño de productos hasta los sistemas de transporte, pasando por la gestión de residuos urbanos e industriales. Como indica el informe, “necesitamos ver los recursos naturales como finitos y valiosos, no como infinitos”.

Más allá del PIB: otra forma de medir el progreso

El informe también pide abandonar el PIB como única vara de medición del progreso. Si bien el PIB mide el crecimiento económico, desconoce si ese crecimiento es sostenible, equitativo o saludable para la sociedad. “Un incendio forestal o una venta masiva de automóviles contaminantes incrementan el PIB, pero generan daños a largo plazo”, explica Watson.

Propuestas como el Índice de Desarrollo Humano (IDH), el Índice de Prosperidad Planetaria o simples mediciones de huella ecológica pueden ofrecer alternativas más completas.

Obstáculos políticos: la gran piedra en el zapato

El informe reconoce que, pese a los llamados urgentes, el panorama político mundial sigue siendo un freno. Ejemplo de ello es el fracaso de la última conferencia climática de la ONU, realizada en Brasil, que terminó sin compromisos reales. Peor aún fue la ausencia activa de algunos países clave como Estados Unidos, que no asistió a las reuniones principales en Nairobi y luego expresó oposición a las conclusiones del informe.

El expresidente Donald Trump ha sido reiteradamente crítico con la ciencia climática. Describió el cambio climático como un “engaño”, retiró a EE.UU. del Acuerdo de París y desmanteló regulaciones ecológicas clave.

Esto ha generado un efecto dominó negativo, según Watson: “Si una potencia mundial como EE.UU. no actúa, es difícil convencer a otras naciones de que lo hagan”.

La esperanza persiste: el ejemplo de algunas naciones

Sin embargo, no todas son malas noticias. El informe destaca que algunos países y regiones están liderando con el ejemplo:

  • La Unión Europea ha implementado el ambicioso Pacto Verde Europeo, que incluye la meta de neutralidad climática para 2050.
  • Países como Costa Rica, Bután y Noruega están demostrando que es posible combinar crecimiento económico con protección ambiental.
  • El Acuerdo de Kunming-Montreal para la biodiversidad propone conservar al menos el 30% del planeta para 2030.

La científica Katharine Hayhoe, de la Universidad de Texas Tech y jefa del área científica de The Nature Conservancy, subraya que “la cuestión no es si se salvará el planeta, sino si en ese planeta habrá una sociedad humana saludable y próspera”.

La ciudadanía como actor fundamental

Además de gobiernos y corporaciones, el informe recalca la necesidad de involucrar activamente a la ciudadanía:

  • Reducir el desperdicio alimentario y textil.
  • Evitar el consumo desmedido de plásticos de un solo uso.
  • Exigir políticas sostenibles en las elecciones y apoyar productos ecológicos.
  • Educar sobre sostenibilidad desde la infancia.

Michael Mann, científico climático de la Universidad de Pensilvania, lo resume con una frase contundente: “Debemos hacer lo correcto, no lo políticamente cómodo. Las consecuencias de no actuar son demasiado grandes”.

El momento de actuar es ahora

Este nuevo informe de la ONU no deja espacio para la indiferencia. La evidencia es clara, los desafíos están interconectados y la inacción condenará a las siguientes generaciones a vivir en un planeta profundamente dañado. Pero también hay esperanza: el conocimiento, la tecnología y los recursos existen.

Como dijo Cristel Dauwe desde su tienda navideña en Bélgica: “La nostalgia del pasado o la esperanza en el futuro. Para mí, lo más potente es la esperanza. Es lo que te mantiene en movimiento”. Esa esperanza —activa, informada y colectiva— es la que puede salvar nuestro hogar común.

Es momento de actuar juntos. No en una década. No cuando sea más sencillo. Ahora.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press