Etiopía en la encrucijada: megainfraestructura, pobreza y tensiones regionales

Entre ambiciosos proyectos de desarrollo y amenazas de conflicto, el país africano lucha por garantizar un futuro estable

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Una nación entre la esperanza y el caos

Etiopía, una de las civilizaciones más antiguas del mundo y el segundo país más poblado de África con más de 120 millones de habitantes, se encuentra hoy en una encrucijada histórica. Bajo el liderazgo del primer ministro Abiy Ahmed, el gobierno ha impulsado ambiciosos proyectos de infraestructura con la esperanza de transformar la economía y reducir su dependencia de la ayuda internacional. Sin embargo, estos sueños chocan con una realidad marcada por conflictos étnicos, tensiones con países vecinos y una pobreza creciente.

El sueño hidráulico del siglo XXI: la Gran Represa del Renacimiento Etíope

Uno de los proyectos insignia del gobierno de Abiy Ahmed es la Gran Represa del Renacimiento Etíope (GERD, por sus siglas en inglés), situada sobre el Nilo Azul. Con una inversión que supera los $4,6 mil millones, esta represa se ha convertido en símbolo de orgullo nacional e independencia energética.

Abiy Ahmed la describió durante su inauguración como “la aurora de un nuevo amanecer”, prometiendo que acabaría con la dependencia de la ayuda extranjera. No es para menos: se espera que esta megaestructura produzca unos 6,450 megavatios de electricidad, lo que la convierte en la mayor represa de África.

Sin embargo, el impacto regional es palpable. Egipto, que depende del Nilo para más del 90% de su suministro de agua potable, ha visto el proyecto como una amenaza existencial. A pesar de años de negociaciones, no se ha llegado a un acuerdo sólido sobre la gestión y uso del agua en épocas de sequía, lo que ha intensificado las tensiones en el noreste africano.

Conflictos internos: tensiones étnicas y amenazas al acuerdo de paz de Tigray

Aunque el conflicto armado en la región de Tigray parece haber concluido formalmente con un acuerdo de paz firmado en noviembre de 2022, persisten enfrentamientos entre fuerzas regionales y milicias locales. La situación amenaza con desestabilizar aún más a un país fracturado por divisiones étnicas profundas.

En Amhara y Oromia, dos de las regiones más importantes de Etiopía, insurgencias como el grupo Fano y el Ejército de Liberación Oromo (OLA) siguen enfrentándose al poder central, alegando marginación y falta de equidad en el reparto de recursos. Según testimonios recogidos por organizaciones como Amnistía Internacional, se han producido masacres, ejecuciones extrajudiciales y secuestros, lo que ha vulnerado gravemente los derechos humanos.

La inseguridad rural complica la distribución de ayuda humanitaria, mientras que la creciente militarización del Estado suma presión sobre un presupuesto nacional ya debilitado por el gasto en defensa y subsidios energéticos.

El regreso del riesgo Eritreo: ¿puede estallar una nueva guerra?

A pesar de haber alcanzado la paz con Eritrea en 2018 —hito que le valió a Abiy Ahmed el Premio Nobel de la Paz— las relaciones se han vuelto amargas en los últimos meses. La causa principal: el acceso al Mar Rojo.

Etiopía perdió su litoral tras la independencia de Eritrea en 1993, y ahora busca retomar el acceso al mar, esencial para no depender exclusivamente del puerto de Yibuti. El gobierno ha expresado su intención de lograr esto “de forma pacífica”, pero Eritrea acusa a Addis Abeba de tener una agenda encubierta para tomar por la fuerza los puertos de Assab y Massawa.

El International Crisis Group advierte que “el riesgo de malentendidos estratégicos y errores de cálculo militares es muy alto”, y teme que los enfrentamientos armados puedan reanudarse, lo que desestabilizaría por completo al Cuerno de África.

Abiy Ahmed: reformas, reconstrucción e ilusiones económicas

Mientras tanto, Addis Abeba, la capital etíope, ha visto un auge sin precedentes en inversión pública. Desde autopistas y centros de convenciones hasta museos y corredores turísticos, todo parece indicar que el gobierno quiere convertir la ciudad en una metrópolis global al estilo de Dubái.

Además, Abiy ha liberalizado sectores tradicionalmente controlados por el Estado, como la banca, y ha lanzado la primera bolsa de valores nacional. Estos cambios fueron fundamentales para asegurar un rescate financiero de $3.4 mil millones del FMI en 2023.

No obstante, esta ilusión de prosperidad contrasta con la dura realidad de las zonas rurales. La pobreza ha aumentado del 33% al 43% de la población desde 2016, según cifras del Banco Mundial. Esto responde en parte a los crecientes costos de alimentos y combustibles, exacerbados por el gasto público en defensa y megaobras.

Un modelo de desarrollo a la etíope: ¿sustentable o suicida?

Abiy Ahmed ha defendido, en múltiples ocasiones, su modelo de desarrollo soberano. En un discurso reciente ante el Parlamento, afirmó: “No seremos un laboratorio para ideas extranjeras. Seremos arquitectos de nuestro propio destino.”

Ese destino incluye proyectos titánicos como el futuro aeropuerto más grande de África, con capacidad para 100 millones de pasajeros anuales, y la ambición de construir la primera planta nuclear del África subsahariana. Sin embargo, los analistas creen que este camino depende demasiado de inversiones internacionales y apoyo externo, que se tambalean ante la persistente inseguridad.

Como explica el experto en geopolítica Mohamed Adow: “Etiopía quiere emerger como potencia regional sin haber resuelto primero sus propios conflictos internos. Es como construir un rascacielos sobre arena.”

Un país crucial para el futuro de África

Lo cierto es que Etiopía es demasiado importante como para fracasar. No solo es sede de la Unión Africana, sino que posee 34 minerales críticos indispensables para la industria tecnológica global y es el principal proveedor extranjero de acero, uranio y electricidad para Estados Unidos. Además, su influencia en la estabilidad del Cuerno de África es clave para evitar flujos migratorios masivos y extremismos violentos.

La comunidad internacional debe actuar con visión y compromiso. Apoyar a Etiopía en su proceso de paz interna y en sus legítimos deseos de desarrollo no significa ignorar las violaciones a los derechos humanos ni renunciar al escrutinio internacional.

Etiopía puede ser un ejemplo de resiliencia y transformación en África, pero solo si encuentra equilibrio entre ambición y estabilidad, entre soberanía y cooperación.

¿Un nuevo capítulo o una tragedia anunciada?

Los próximos años serán decisivos para Etiopía. La pregunta no es si podrá completar sus megaobras o convertirse en un centro económico regional. La pregunta real es si podrá hacerlo sin romperse a sí misma en el proceso.

Como recordó un proverbio etíope citado por un periodista local: “Quien construye su casa durante la tormenta, debe ser más prudente que valiente.”

Este artículo fue redactado con información de Associated Press