La nueva amenaza en África Occidental: ¿una región atrapada en un ciclo de golpes militares?

Con la creciente inestabilidad y golpes de Estado en la región, ECOWAS declara un estado de emergencia para salvar la democracia en África Occidental

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África Occidental se enfrenta a una crisis sin precedentes en las últimas décadas. Las democracias frágiles han comenzado a colapsar bajo el peso de golpes militares recurrentes, inseguridad generalizada y una desilusión creciente con los procesos democráticos. Esta semana, Omar Touray, presidente de la Comisión de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (ECOWAS), declaró que la región está oficialmente en estado de emergencia, una afirmación que resuena como un llamado urgente a la acción frente a la peligrosa deriva autoritaria que se está gestando.

Una serie de golpes que encendieron las alarmas

Desde 2020, África Occidental ha presenciado una ola de golpes de Estado alarmante. Países como Mali, Guinea, Burkina Faso y, más recientemente, Níger y Guinea-Bissau han sufrido interrupciones militares del poder civil, en muchos casos respaldadas por un amplio segmento de la población.

  • Guinea (2021): El presidente Alpha Condé fue derrocado luego de cambiar la constitución para un tercer mandato.
  • Mali (2020 y 2021): Dos golpes consecutivos terminaron con el poder de un gobierno elegido.
  • Burkina Faso (2022): Dos golpes en un solo año sacudieron la república.
  • Níger (2023): Un intento de intervención armado por parte de ECOWAS fracasó tras la toma del gobierno por la junta militar.

Estos sucesos, en lugar de ser eventos aislados, parecen más bien síntomas de una enfermedad regional que se extiende con rapidez: el desencanto social con la democracia y su reemplazo por gobiernos liderados por militares justificando su intervención como restauradores del orden y la seguridad.

¿Qué está impulsando esta crisis sistémica?

Según Ulf Laessing, jefe del programa para el Sahel de la Fundación Konrad Adenauer, el problema tiene raíces estructurales. “ECOWAS teme que los golpes de Estado se conviertan en la nueva normalidad en África Occidental”, afirma.

El diagnóstico no es equivocado. La cada vez mayor erosión de la inclusividad electoral, gobiernos autoritarios disfrazados de democracias, elecciones fraudulentas y crisis económicas han debilitado la legitimidad institucional. A esto se suma una alarmante inseguridad provocada por el terrorismo en el Sahel y la expansión de grupos armados no estatales.

El fallido intento de intervenir en Níger

Cuando ECOWAS amenazó con intervenir militarmente en Níger en 2023 tras el derrocamiento del presidente Mohamed Bazoum, el bloque intentó mostrarse fuerte ante la comunidad internacional. Sin embargo, la amenaza nunca se materializó, evidenciando la falta de una fuerza de intervención preparada y cohesionada. Esto debilitó la imagen de ECOWAS y fortaleció la narrativa de que los militares pueden derrocar gobiernos sin consecuencias reales.

Declarar estado de emergencia: ¿una estrategia para recuperar influencia?

La reciente afirmación de Touray puede ser vista como una táctica para recuperar credibilidad. “Los eventos de las últimas semanas muestran la necesidad de reflexionar seriamente sobre el futuro de nuestra democracia y la urgencia de invertir en la seguridad de nuestra comunidad”, dijo con firmeza.

Pero, ¿qué significa exactamente declarar un estado de emergencia a nivel regional? A diferencia de sus acciones pasadas en Liberia o Sierra Leona, donde ECOWAS intervino sin formalizar este estatus, ahora parece buscar sentar un precedente con peso normativo, en un intento desesperado por contener un fenómeno en expansión.

El caso reciente: Benín

El pasado domingo, un grupo de soldados apareció en la televisión estatal de Benín anunciando la disolución del gobierno en un intento de golpe que fracasó rápidamente. Aunque no tuvo éxito, dejó clara la fragilidad de las instituciones en democracias que hasta ahora se consideraban estables.

En paralelo, Guinea-Bissau fue escenario de una crisis política en la que, tras las elecciones, tanto el mandatario que disputaba la reelección como su rival se declararon ganadores, abriendo paso al caos que terminó en una toma militar del poder el mes pasado.

¿Está la democracia realmente fallando?

En una encuesta realizada por el Afrobarómetro en 2022, más del 60% de los ciudadanos en países de África Occidental seguían apoyando el sistema democrático como forma ideal de gobierno. Sin embargo, el mismo estudio señalaba que solo el 37% confiaba en que sus elecciones fueran libres y justas. La cifra fue aún más baja en países con historial reciente de golpes, como Mali o Guinea.

El debilitamiento de la fe en las urnas, sumado a la percepción de que los políticos electos se enriquecen a costa del pueblo y mantienen vínculos con la corrupción, ha abierto la puerta para que los militares se presenten como redentores. Pero detrás de muchos de estos gobiernos castrenses, no hay un plan claro más allá del control del poder.

La insurgencia terrorista como catalizador

La inseguridad regional también alimenta los golpes. La expansión de grupos yihadistas, especialmente en las zonas del Sahel como el triángulo entre Mali, Burkina Faso y Níger, ha causado la muerte de más de 10,000 personas desde 2015, según el Instituto para la Economía y la Paz. Miles de aldeas han sido abandonadas y millones de personas se han desplazado internamente.

Los ejércitos nacionales, al carecer de recursos y apoyo efectivo, son vistos por la población como las únicas fuerzas capaces de contener el caos. En este contexto, un general puede gozar de mayor confianza que un presidente impopular.

Las implicaciones para la comunidad internacional

El riesgo de que África Occidental se convierta en una región dominada por gobiernos de facto preocupa también fuera del continente. Francia ha reducido su presencia militar en el Sahel, mientras que Rusia, a través del grupo paramilitar Wagner, ha ganado terreno en países como Mali y Burkina Faso, apoyando a las juntas militares a cambio de concesiones económicas y mineras.

Estados Unidos y la Unión Europea, mientras tanto, han pasado a una postura de aparente resignación, optando por suspender ayudas económicas mientras piden el retorno al orden constitucional, pero sin una estrategia clara.

¿Qué puede hacer ECOWAS ahora?

Declamar sin actuar ya no es una opción. ECOWAS necesita urgentemente:

  1. Establecer una fuerza militar de respuesta rápida con mandato definido para intervenir cuando sea necesario.
  2. Implementar sanciones tangibles que realmente afecten a las juntas militares, incluyendo bloqueos financieros e individuales.
  3. Promover mecanismos de justicia electoral con observadores independientes y auditorías imparciales para fortalecer la transparencia.
  4. Invertir en programas de cohesión social y reformas institucionales que reduzcan las brechas que explotan los golpistas.

Pero quizás más importante que la presión militar o diplomática es la restauración de la confianza del pueblo en su democracia. Sin ese pilar, cualquier gobierno es vulnerable, y ningún ejército puede garantizar la estabilidad a largo plazo.

Esta es la batalla que África Occidental deberá librar en los próximos años: recuperar el equilibrio institucional sin olvidarse de su ciudadanía. Como dijo Touray en Abuja: “el futuro de nuestras democracias está en juego”. Y el tiempo corre en su contra.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press