La nueva jugada diplomática de Bolivia: ¿apertura al mundo o retroceso ideológico?
El gobierno de Rodrigo Paz redefine la política exterior boliviana con el restablecimiento de relaciones con Israel y EE.UU., rompiendo con dos décadas de alianzas antioccidentales.
Una nueva era política: El fin del dominio del MAS
Con la llegada al poder del presidente Rodrigo Paz en octubre, Bolivia ha iniciado una acelerada reconfiguración de sus alianzas internacionales, marcando un giro drástico tras casi dos décadas de política exterior liderada por el partido Movimiento al Socialismo (MAS). El nuevo gobierno de corte conservador ya rompió con los lineamientos diplomáticos de Evo Morales, reanudando relaciones con Israel y Estados Unidos, dos países con los que Bolivia mantuvo vínculos tensos o inexistentes bajo administraciones anteriores.
El restablecimiento de relaciones con Israel: más que un gesto simbólico
La decisión de Bolivia de reanudar relaciones diplomáticas con Israel luego de dos años de ruptura no solo tiene un impacto simbólico. Durante el gobierno de Luis Arce, quien tomó las riendas del país tras la salida forzada de Morales y el breve interinato de Jeanine Áñez, Bolivia rompió vínculos en protesta por la operación militar israelí en Gaza, un movimiento replicado por naciones como Chile, Colombia e incluso Sudáfrica en sus gestiones en la Corte Internacional de Justicia.
Bajo el liderazgo de Paz, el país ahora busca "reconstruir el prestigio internacional de Bolivia" y generar nuevas oportunidades económicas. Parte del giro incluye eliminar restricciones de visado a ciudadanos israelíes y estadounidenses, medida alabada por autoridades como el canciller israelí Gideon Saar.
Un viaje diplomático clave: Washington como punto de partida
El canciller boliviano Fernando Aramayo se encuentra en Washington en una serie de reuniones estratégicas con funcionarios estadounidenses. La agenda es clara: desmantelar el legado de aislamiento diplomático instaurado por Morales y profundizado parcialmente por Arce. Durante los años de hegemonía del MAS, Bolivia se alineó con China, Rusia e Irán, y expulsó a diplomáticos estadounidenses e israelíes.
Paz, por su parte, fue claro desde su victoria electoral: el país debe priorizar los vínculos con potencias que "procuren el desarrollo económico tangible y el respeto al orden internacional".
Un giro que no es nuevo: la breve apertura de 2019-2020
Vale recordar que esta no es la primera vez que Bolivia experimenta con una política exterior más pro-occidental desde el ascenso del MAS en 2006. En 2019, tras la anulación de unas elecciones plagadas de irregularidades y la salida de Morales al exilio, la mandataria interina Jeanine Áñez trató de restablecer relaciones con organizaciones multilaterales, Israel y EE.UU. Su gestión, sin embargo, fue fugaz y ampliamente criticada por una represión política en nombre del orden.
Las elecciones de 2020 devolvieron el poder al MAS, con Arce a la cabeza, quien retomó la línea exterior de Morales. Pero ahora, con Paz en el poder, se observa una atmósfera similar a la de esos meses de contraste post-Morales, aunque con una legitimidad electoral que Áñez no tuvo y una economía necesitada de capital extranjero.
¿Qué gana Bolivia en esta nueva apertura?
- Acceso a cooperaciones tecnológicas y agrícolas con Israel, país líder en tecnologías de riego, una potencial bendición para el altiplano boliviano.
- Vínculos comerciales con EE.UU. que podrían abrir el mercado más grande del mundo a productos bolivianos, especialmente en sectores no tradicionales.
- Reconstrucción del perfil internacional boliviano, muy afectado por acusaciones de autoritarismo y afinidades incómodas con potencias cuestionadas como Rusia y Venezuela.
¿Y qué arriesga Bolivia con este cambio?
La nueva orientación del gobierno de Paz inevitablemente despierta críticas, tanto dentro como fuera del país. Desde sectores afines al movimiento indígena y de izquierda, se percibe como una traición a la política de soberanía y autodeterminación defendida por Morales. Algunos analistas señalan:
"Evo Morales colocó a Bolivia como un actor independiente del imperialismo; retrotraerse ahora podría desdibujar nuestra soberanía y aumentar la dependencia económica", sostuvo Marcos Antezana, politólogo radicado en La Paz.
Además, la normalización de relaciones con Israel sigue siendo controvertida. El conflicto israelí-palestino se ha agudizado desde octubre de 2023, con miles de civiles palestinos muertos y denuncias ante organismos internacionales. Bolivia arriesga sufrir una pérdida de legitimidad moral si es vista como cómplice de acciones militares impugnadas a nivel internacional.
El factor Estados Unidos: ¿amistad conveniente o subordinación diplomática?
Otro eje central de la estrategia diplomática del nuevo gobierno apunta a recomponer los lazos con EE.UU., distendidos desde la salida del embajador Philip Goldberg en 2008 acusado de conspirar contra el gobierno de Morales. Desde entonces, Bolivia operaba sin embajador estadounidense. Paz apuesta a que un acercamiento formal abra oportunidades comerciales pero también de asistencia bilateral y rehabilitación del sistema financiero boliviano, golpeado por la inflación y la baja de reservas internacionales.
Esta renovada relación con Washington ocurre en un escenario regional convulsionado, donde países como Venezuela y Nicaragua también enfrentan sanciones y aislamiento internacional. Bolivia se desmarca de ellos al menos retóricamente, apostando por la moderación y el pragmatismo.
¿Cómo responde la región?
Mientras Chile y Colombia endurecen posturas frente a Israel, el giro de Bolivia contrasta marcadamente. Otros países tradicionalmente neutrales, como Brasil y México, observan con suma cautela estos nuevos alineamientos. El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ha sido crítico tanto de Hamas como del accionar militar de Israel, pidiendo una solución negociada. Claudia Sheinbaum, presidenta de México, mantiene un tono diplomático sin condenas tajantes.
La reconfiguración boliviana no solo afecta a sus relaciones bilaterales, sino también su lugar dentro de organismos regionales como la CELAC y la Unasur, donde aún existen fuertes corrientes antioccidentales.
¿Tendrá éxito Rodrigo Paz?
El tiempo dirá si el giro diplomático iniciado por Paz traerá resultados positivos. Las expectativas están puestas en la recuperación económica de Bolivia, que enfrenta altos niveles de informalidad laboral y restricciones en el acceso a divisas. Pero también se observará el impacto político interno, donde el MAS aún conserva importantes núcleos de poder, como las organizaciones sociales indígenas y partes del aparato burocrático.
Por ahora, la postura del nuevo gobierno sugiere una apuesta por la racionalidad económica por encima del discurso ideológico. La restauración de relaciones con Israel y EE.UU. es solo el primer paso de un proceso mayor: la reapertura de Bolivia al escenario global.
