Sudán y Ucrania: Dos crisis bélicas que desafían los límites del derecho internacional y la geopolítica global
Del reclutamiento de exmilitares colombianos al uso de activos rusos congelados, el papel de Occidente en dos conflictos que podrían cambiar el destino del orden mundial
Dos conflictos, una encrucijada global
Mientras la guerra civil en Sudán causa estragos en África, con decenas de miles de muertos y millones de desplazados, Europa se enfrenta a una prueba de fuego sin precedentes: ¿es legítimo utilizar activos rusos congelados para financiar la reconstrucción de Ucrania, aún en plena guerra? Aunque a primera vista ambos conflictos parecen distantes, tienen más en común de lo que muchos imaginan: son catalizadores de un nuevo orden internacional donde las normas se reescriben en tiempo real.
La brutal realidad del conflicto en Sudán
Desde abril de 2023, Sudán vive una guerra civil entre el ejército regular y el grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés). Según datos de Naciones Unidas, el conflicto ha dejado más de 40,000 muertos, aunque organizaciones defensoras de derechos humanos afirman que el número real es significativamente más alto. Además, se estima que más de 14 millones de personas han sido desplazadas, configurando la peor crisis humanitaria mundial en la actualidad.
Uno de los aspectos más polémicos ha sido el uso de exmilitares colombianos en el conflicto. Estados Unidos recientemente sancionó a cuatro individuos y cuatro empresas por presuntamente facilitar el reclutamiento de estos combatientes. Entre ellos se encuentra Álvaro Andrés Quijano Becerra, un exmilitar colombiano, y Mateo Andrés Duque Botero, un gestor de agencias laborales que, según el Departamento del Tesoro, facilitó el pago de salarios a los mercenarios.
El Secretario Adjunto del Tesoro para Terrorismo e Inteligencia Financiera de EE.UU., John K. Hurley, declaró que las RSF han contribuido enormemente a la “brutalidad” del conflicto, generando un entorno favorable para el surgimiento de grupos terroristas en la región. Las RSF son señaladas por crímenes de guerra en Darfur, incluyendo ejecuciones sumarias y violencia sexual sistemática.
La conexión colombiana: mercenarios en el corazón de África
Esta no es la primera vez que exsoldados colombianos participan en conflictos internacionales. En años recientes, han sido contratados por fuerzas privadas en Emiratos Árabes Unidos y otros países. El ejército colombiano, forjado en décadas de conflicto interno, ha producido soldados altamente entrenados, codiciados en escenarios de guerra global. El hecho de que ahora estén siendo utilizados en un conflicto tan devastador como el sudanés plantea serias interrogantes sobre la responsabilidad ética de los países exportadores de talento militar.
Las RSF lograron capturar El Fasher —capital del estado de Darfur del Norte— con el apoyo de estos combatientes en octubre de 2025. De acuerdo con varias organizaciones, este sitio derivó en masacres de civiles no armados y actos sistemáticos de violencia sexual. Estados Unidos ha calificado estos actos como genocidio.
Ucrania y la diplomacia del dinero: ¿quién debe pagar la reconstrucción?
En paralelo, Europa enfrenta una nueva disyuntiva moral y legal: usar o no los activos rusos congelados para ayudar a Ucrania. Tras casi cuatro años de conflicto iniciado por Rusia en 2022, el país necesita urgentemente una inyección financiera. El Fondo Monetario Internacional estima que Ucrania requerirá al menos 135 mil millones de euros (unos 157 mil millones de dólares) para sostener su economía hasta 2026.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha propuesto cubrir hasta 90 mil millones de euros mediante un préstamo de “reparaciones”, el cual podría ser cubierto principalmente con el dinero congelado. Actualmente, existen 210 mil millones de euros de activos rusos retenidos en Europa, de los cuales 193 mil millones están resguardados en el centro financiero Euroclear en Bélgica.
¿Robo o justicia?
La propuesta ha generado una tormenta política y jurídica. Rusia considera que la medida constituye un “robo” institucionalizado. Por su parte, el Banco Central Europeo ha advertido que realizar tal maniobra podría deteriorar la confianza global en el euro y las instituciones financieras europeas, sentando un precedente peligroso.
La propuesta no es simplemente congelar. Se quiere redirigir los intereses generados por dichos activos —que solo en 2023 generaron unos 3.9 mil millones de euros— a un instrumento de deuda de la UE. Bajo este modelo financiero complejo, Ucrania devolvería el dinero solo cuando Rusia acepte pagar reparaciones y se levanten las sanciones. La cadena de pagos se completaría con Rusia devolviendo el dinero al final de todo el proceso. Ideal en papel, problemático en la práctica.
Bélgica en el centro de la controversia
Curiosamente, el país más involucrado en el resguardo de estos fondos —Bélgica— es también el mayor opositor al proyecto. Para el ministro de Exteriores belga, Maxime Prévot, el plan es “una fuente potencial de riesgos financieros, legales y económicos”. En conversaciones con la cadena RTBF, la directora general de Euroclear, Valérie Urbain, no descartó que el caso pudiera derivar en acciones judiciales.
Bélgica afirma ser solidaria con Ucrania —ha enviado ayuda militar y financiera— pero exige garantías de que no será la única pagando el precio de decisiones tomadas colectivamente. Alemania se ha comprometido a respaldar financieramente posibles pérdidas, un gesto que busca digerir las tensiones.
¿Cómo evitar el veto?
Todo se complica aún más por la estructura de votación de la UE. Si se opta por usar los activos rusos, basta con una mayoría calificada de países. Pero si se opta por pedir un préstamo masivo en mercados financieros, se requiere unanimidad. Algunos países como Hungría y Eslovaquia ya han demostrado oposición constante, lo que hace muy difícil lograr consenso total.
Con este panorama, el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, ha considerado crucial que los líderes de los 27 estados miembros no abandonen la cumbre del 18 de diciembre sin un acuerdo definitivo. La UE no puede permitirse más parálisis geopolítica.
¿Un nuevo orden internacional?
¿Qué tienen en común estos dos escenarios? Ambos muestran cómo las guerras modernas ya no se libran exclusivamente con armas, sino también en los tribunales, los bancos y los salones diplomáticos. Ya sea a través de la contratación internacional de soldados o del uso de fondos confiscados, la comunidad internacional enfrenta dilemas éticos inéditos.
En palabras del académico y politólogo italiano Daniele Archibugi: "La geopolítica tradicional ya no funciona. Las guerras actuales han alterado las normas, rompiendo los moldes del derecho internacional clásico".
Es clara la urgencia de crear nuevos marcos normativos capaces de responder a estos desafíos complejos. Mientras tanto, las decisiones tomadas en Washington, Bruselas o Bogotá pueden tener consecuencias devastadoras o liberadoras a miles de kilómetros de distancia.
Una cuestión de valores, no solo de política
Finalmente, si Occidente actúa con coherencia, debe aplicar la ley internacional con la misma determinación en África que en Europa del Este. No puede haber doble rasero. Si se combate el autoritarismo de Putin, también se debe combatir la brutalidad de las RSF en Sudán. Si se atribuye responsabilidad en Ucrania, también debe hacerse en Darfur.
Ambos escenarios son el reflejo de una transición global entre un mundo unipolar debilitado y otro multipolar en disputa. Es tiempo de repensar no solo cómo queremos intervenir en los conflictos internacionales, sino qué valores se deben defender en este nuevo tablero que está emergiendo.
