Yemen, Europa y Nigeria: tres crisis, una pregunta común sobre los derechos humanos

De los detenidos por los hutíes en Yemen hasta las balas contra mujeres manifestantes en Nigeria, la ONU y el Vaticano exigen respeto al derecho internacional

El conflicto yemení y la ONU: un grito por justicia

El secretario general de la ONU, António Guterres, realizó esta semana un llamado urgente a los líderes hutíes en Yemen para liberar a 59 trabajadores de la ONU, todos ciudadanos yemeníes, así como decenas de empleados de organizaciones no gubernamentales, cuerpos diplomáticos y otras agencias internacionales.

De acuerdo con el portavoz de la ONU, Stéphane Dujarric, varios de estos trabajadores han sido enviados ante una corte especial criminal en Saná, dominada por los hutíes, por supuesta participación en redes de espionaje extranjeras. La agencia SABA, administrada por los propios hutíes, reportó que 17 personas fueron condenadas a la pena de muerte por pertenecer a "células de espionaje afiliadas a los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Israel y Arabia Saudí.

La ONU, sin embargo, denuncia que estas detenciones violan el derecho internacional y considera que las acusaciones son infundadas. Volker Türk, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, advirtió sobre las condiciones insalubres y la incomunicación prolongada en la que han permanecido los detenidos, y rechazó de forma tajante los "cargos fabricados" contra el personal humanitario.

“Esto no es solo un atropello a derechos individuales, esto es un golpe contra el trabajo humanitario y la estabilidad internacional”, dijo Türk en un comunicado oficial.

El Papa Leo XIV entra al escenario geopolítico

Desde Europa, particularmente desde Castel Gandolfo, en Italia, el Papa Leo XIV, conocido por su origen estadounidense y carácter diplomático, dejó claro que Europa debe involucrarse plenamente en cualquier acuerdo de paz para Ucrania. Después de reunirse con el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy, el líder del Vaticano manifestó su preocupación por la forma en que la administración Trump está desplazando a Europa de las negociaciones.

Buscar un acuerdo sin Europa es irrealista, porque la guerra se da en el corazón de este continente”, expresó Leo en sus declaraciones públicas.

Esta visión se alinea con los esfuerzos del Vaticano de actuar como mediador neutral en la guerra de Rusia contra Ucrania, un papel que ha intentado mantener incluso en situaciones tensas. El mismo Papa Leo ha sostenido conversaciones con Putin y ha recibido a niños ucranianos repatriados desde Rusia, una operación que la Santa Sede sigue monitoreando de cerca.

Al mismo tiempo, criticó duramente la nueva estrategia de seguridad estadounidense, la cual considera como una fragmentación intencional del antiguo bloque aliado entre Washington y Bruselas. “Lo que ha prevalecido durante décadas como una verdadera alianza, hoy corre el riesgo de fracturarse”, advirtió.

Nigeria: la violencia que no cesa

En el noreste de Nigeria, nueve mujeres fueron asesinadas a tiros durante una manifestación contra la inacción del ejército nigeriano ante los enfrentamientos étnicos en el estado de Adamawa. Según testigos y Amnistía Internacional, los militares abrieron fuego tras encontrar bloqueado un paso por las mujeres que protestaban.

Este episodio, ocurrido en medio de un toque de queda derivado de choques constantes entre las comunidades Bachama y Chobo por tierras, pone una vez más en entredicho la conducta de las fuerzas armadas nigerianas, frecuentemente acusadas de uso desproporcionado de la fuerza.

“Lo que pasó indica que el ejército nigeriano no ha cambiado respecto a su historial de violaciones de derechos humanos y desprecio por el estado de derecho,” dijo Isa Sanusi, director de Amnistía Internacional Nigeria.

Pese a las pruebas y testimonios, el ejército negó cualquier responsabilidad e insistió en que la masacre fue causada por armas disparadas por una milicia local. Pero los residentes, como Gyele Kennedy —quien perdió a su hija en la protesta—, exigen cuentas. “No sabemos qué les pasó, llegaron y dispararon al aire y luego contra las mujeres,” relató.

¿Una crisis global de derechos humanos?

Los tres casos —los encarcelamientos en Yemen, el debate por Ucrania en Europa y los asesinatos en Nigeria— pueden parecer desconectados geográficamente. Sin embargo, comparten una raíz común: la erosión sistemática del derecho internacional humanitario.

Tanto Yemen como Nigeria integran la dolorosa lista de países donde periodistas, activistas y trabajadores humanitarios son constantemente amenazados, arrestados sin justificación o incluso asesinados. Por otro lado, el mensaje del Papa Leo XIV pone un foco necesario sobre cómo los intereses geopolíticos pueden silenciar causas legítimas y deslegitimar la cooperación internacional.

Según el reporte de Human Rights Watch de 2023, más de 90 millones de personas en todo el mundo fueron desplazadas por conflictos armados y crisis humanitarias, y organismos internacionales con presencia en zonas de guerra corren un riesgo operativo cada vez mayor.

Pero el verdadero riesgo, según voces como las de Guterres y Leo XIV, es perder de vista que en medio de estas cifras están personas. Personas que, tras décadas de lucha jurídica y diplomática global, aún viven bajo amenazas, balas y decisiones arbitrarias disfrazadas de justicia.

La necesidad de presión internacional

La situación en Yemen amerita una respuesta más allá de simples condenas. La implicación de Irán —aliado clave de los hutíes— así como la influencia de Arabia Saudí en la región, plantea al Consejo de Seguridad de la ONU el dilema de si sancionar a actores que sabotean el trabajo humanitario.

De igual modo, la insistencia del Papa Leo en involucrar a Europa en las conversaciones de paz apunta al riesgo de dejar la solución de un conflicto transcontinental en manos unilaterales. ¿Puede realmente lograrse una paz sostenible marginando a vecinos directos del conflicto?

Y en Nigeria, las organizaciones internacionales y la comunidad de naciones africanas deben ejercer presión para que se investiguen las muertes en Lamurde, y para que se revise el desempeño de las fuerzas de seguridad en innumerables tragedias no resueltas desde las protestas de 2020 en Lagos.

La directora ejecutiva de Human Rights Watch, Tirana Hassan, lo resumió recientemente: “Nuestra humanidad compartida se pone a prueba cada vez que un trabajador humanitario no regresa a casa, cuando una madre pierde a su hija en una protesta pacífica, o cuando los líderes prefieren intereses estratégicos sobre soluciones justas.”

Mirando al futuro

La historia suele recordar los momentos en los que el orden global vaciló. Algunos de esos momentos surgieron cuando los derechos universales se enfrentaron a muros locales de intolerancia, violencia o silencio. Hoy, Yemen, Nigeria y la guerra en Ucrania nos recuerdan que el respeto por la ley internacional y la dignidad humana no puede ser negociable.

La presión global, la diplomacia persistente y sobre todo, la capacidad de empatizar con el sufrimiento del otro, serán las herramientas que puedan marcar la diferencia. El Papa, la ONU, las voces civiles y quienes todavía alzan pancartas en las calles a pesar del miedo, son hoy el ecosistema de resistencia contra la indiferencia. Y su causa merece ser escuchada.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press