¿Democracia en pausa? El debate sobre elecciones en Ucrania en plena guerra
Mientras Zelenskyy enfrenta críticas por el aplazamiento de las elecciones presidenciales, analistas y mandatarios internacionales opinan sobre si es posible votar en medio de una invasión
El conflicto bélico en Ucrania, que comenzó con la invasión rusa a gran escala en febrero de 2022, no solo ha devastado infraestructuras, desplazado a millones de personas y dejado una herida profunda en el tejido social del país: también ha congelado su proceso democrático. La elección presidencial, prevista inicialmente para mayo de 2024, ha sido pospuesta indefinidamente. ¿Las razones? La ley marcial vigente y el complejo entramado logístico y de seguridad que hace casi imposible organizar elecciones en plena guerra.
Entre la Constitución y las bombas
De acuerdo con la Constitución ucraniana, el país no puede celebrar elecciones bajo ley marcial. Esta medida excepcional, activada tras el inicio de la invasión rusa, busca dar poderes extraordinarios al Ejecutivo para defender la soberanía nacional. Si bien Zelenskyy ha reiterado su disposición a someterse al escrutinio de las urnas, también ha dejado claro que lo hará sólo si se puede garantizar la seguridad del proceso electoral.
“Estoy pidiendo públicamente a Estados Unidos y a nuestros colegas europeos que nos ayuden a garantizar la seguridad para llevar a cabo elecciones”, declaró Zelenskyy recientemente. “Solo entonces, en 60 o 90 días, estaremos listos”, agregó.
¿El fin de la democracia o una pausa justificada?
Las críticas no han tardado en llegar y vienen, en parte, desde Washington. El expresidente Donald Trump avivó la controversia al sugerir que Ucrania ya no puede considerarse una democracia si no celebra elecciones: “Usan la guerra como excusa para no tener elecciones”, dijo en una entrevista con Politico. “Quizá Zelenskyy ganaría, no lo sé. Pero no han tenido elecciones en mucho tiempo. Eso deja de ser democracia”.
Las palabras de Trump resuenan con la narrativa impulsada por el Kremlin, que ha intentado retratar a Zelenskyy como un líder ilegítimo que permanece en el poder más allá de su mandato constitucional. Sin embargo, la propia Carta Magna de Ucrania establece que el presidente permanecerá en funciones hasta que un sucesor debidamente elegido jure el cargo.
La aritmética de una elección inviable
La inviabilidad de un proceso electoral en Ucrania no es solo legal, sino también técnica y práctica:
- Un quinto del territorio ucraniano está ocupado por Rusia, lo que impide organizar elecciones en esas zonas sin poner en peligro a los votantes.
- Más de seis millones de ucranianos viven como refugiados en el extranjero, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
- Cientos de miles de soldados combaten en el frente, imposibilitados para ejercer su derecho al voto de forma segura.
- Los ataques constantes con misiles y drones convierten cualquier reunión pública en un riesgo mortal.
Ahí radica lo paradójico: celebrar elecciones en este contexto sería antidemocrático no porque implique votar, sino porque negaría a millones de ciudadanos la posibilidad de hacerlo en condiciones mínimamente justas o seguras.
Zelenskyy responde: “Una acusación absurda”
Ante las acusaciones de que estaría aferrándose al poder, el presidente ucraniano fue tajante: “He escuchado sugerencias de que nos estamos aferrando al poder, que yo personalmente me aferro a la presidencia, y que esa es la razón por la que la guerra no termina. Francamente, esta es una historia completamente absurda”.
La popularidad de Zelenskyy sigue siendo alta dentro de Ucrania, aunque ha mostrado señales de desgaste por la prolongación del conflicto. Según encuestas internas, aproximadamente un 70% de los ucranianos apoyan la decisión de no celebrar elecciones mientras continúe la guerra.
Tensiones en la política interna
Más allá de las consideraciones legales, hay también un trasfondo político: Zelenskyy no tiene actualmente un rival claro. El exjefe del Ejército, Valerii Zaluzhnyi, ha aparecido en encuestas como un posible contrapeso electoral, aunque él mismo ha negado tener intenciones de entrar en la política.
Por otro lado, el expresidente Petro Poroshenko, líder del mayor partido opositor, se encuentra activo políticamente pero no se perfila como competidor directo. Sin embargo, su eventual respaldo a otro candidato podría cambiar el equilibrio de poder en futuras elecciones.
Apoyo internacional: ¿disfraz de presión?
El respaldo que Occidente ha dado a Ucrania en el aspecto militar y económico ha sido crucial. No obstante, algunos analistas advierten que ciertas posturas internacionales están cruzando una delgada línea entre el apoyo y la presión política externa.
“Insistir en elecciones sin garantizar seguridad o sin resolver los obstáculos logísticos sería desestabilizador”, explica el politólogo ucraniano Mykhailo Minakov en Carnegie Europe. “Y lo que más necesita Ucrania ahora es estabilidad política y unidad interna”.
La experiencia global: elecciones en tiempos de guerra
Ucrania no sería el primer país en enfrentar esta disyuntiva. Algunos ejemplos históricos:
- Estados Unidos celebró elecciones presidenciales en 1864 en plena Guerra Civil. Abraham Lincoln fue reelegido.
- El Reino Unido suspendió elecciones generales durante la Segunda Guerra Mundial y solo las celebró en 1945, una vez terminadas las hostilidades.
- Siria y Afganistán han intentado organizar elecciones bajo conflicto, aunque estos procesos muchas veces fueron considerados fraudulentos y excluyentes.
La gran diferencia es que Ucrania es un Estado democrático con normas constitucionales ampliamente respetadas. Forzar elecciones en este contexto puede dañar más la credibilidad institucional que fortalecerla.
¿Qué sigue para Ucrania?
Tanto Ucrania como la comunidad internacional enfrentan un dilema moral y político. Exigir elecciones “porque sí” podría debilitar a un gobierno democráticamente electo en un momento de máxima vulnerabilidad, mientras que postergarlas indefinidamente abre el juego a la crítica exterior y a la erosión institucional.
Por ahora, Zelenskyy ha dejado la puerta abierta a unas elecciones condicionadas a un acuerdo con sus aliados para proteger el proceso y reformar la ley que lo prohíbe en estado de guerra. “No tenemos miedo de votar”, dijo. “Tenemos miedo de perder más vidas innecesariamente”.
Esa es, tal vez, la clave para entender la política ucraniana actual: no se trata de miedo a vivir en democracia, sino del deseo de seguir vivos para protegerla.