¿Diversidad sin acción afirmativa? Las universidades de élite apuestan a estudiantes de bajos recursos
Frente al fin de la acción afirmativa racial, las universidades más selectivas de EE.UU. dan un giro hacia la diversidad económica, ¿nuevo horizonte educativo o estrategia cuestionable?
El panorama tras el fin de la acción afirmativa
Desde la histórica decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos en 2023, que prohibió el uso de la raza como criterio en los procesos de admisión universitaria, las instituciones de educación superior más prestigiosas están redefiniendo sus estrategias para mantener un cuerpo estudiantil diverso. Ante este nuevo panorama legal, muchas han encontrado en la diversidad socioeconómica una alternativa viable, aunque no exenta de tensiones ni desafíos. Según datos disponibles, universidades como Princeton, Yale, Duke, MIT y Swarthmore alcanzaron cifras récord en la matrícula de estudiantes elegibles para el programa de becas federales Pell Grant, que está reservado para personas con mayores necesidades económicas. Por ejemplo, en Princeton, uno de cada cuatro nuevos estudiantes pertenece a este grupo, mientras que MIT reportó un aumento del 43% en esa población en solo dos años.¿Un enfoque transformador?
Christopher Eisgruber, presidente de Princeton, ha declarado que “la única manera de aumentar la diversidad socioeconómica es hacerlo de forma intencionada”. Esta afirmación no solo evidencia una postura institucional definida, sino que muestra cómo las universidades han decidido darle un giro radical a sus tradicionales criterios de selección. En sitios como Amherst College, las políticas se han transformado profundamente: no solo se eliminó la preferencia por hijos de exalumnos y donantes —una práctica históricamente criticada por perpetuar las élites—, sino que también se ofrece matrícula gratuita a los hogares que se encuentren dentro del 80% inferior de ingresos nacionales, además de cubrir alimentación y vivienda en casos particularmente vulnerables.Las cifras respaldan el cambio
Aunque los datos oficiales a nivel nacional no serán liberados por el gobierno federal hasta dentro de varios meses, un análisis preliminar de los datos obtenidos por 17 universidades altamente selectivas muestra aumentos generalizados en la inscripción de estudiantes de bajos ingresos desde 2023. Ninguna de estas instituciones mostró una caída significativa en este grupo.- Swarthmore College elevó sus cifras de estudiantes con beca Pell del 17% al 30% en un solo año.
- MIT declaró que más de una cuarta parte de sus nuevos estudiantes provienen ahora de este segmento.
- Amherst alcanzó en 2025 que 1 de cada 4 nuevos estudiantes sean de bajos recursos.
¿Diversidad racial sustituida por diversidad económica?
Uno de los puntos más críticos del debate tiene que ver con el impacto de este enfoque en la diversidad racial. Aunque esperamos que economía e identidad racial se entrecrucen en muchos casos —dado que comunidades afroamericanas, latinas e indígenas se encuentran entre las más empobrecidas—, la realidad en algunos campus ha sido distinta. Swarthmore, por ejemplo, duplicó su población de estudiantes Pell, pero vio disminuir su matrícula afroamericana del 8% al 5%. Esto pone de relieve una verdad incómoda: no todos los estudiantes de minorías son pobres, y no todos los estudiantes blancos o asiáticos provienen de familias acomodadas. Como lo expresó Jim Bock, decano de admisiones de Swarthmore: “En un entorno en el que la raza no puede ser considerada, esos números probablemente van a caer”. Richard Kahlenberg, investigador del Progressive Policy Institute y defensor del enfoque por clase social, considera que estos ajustes son un paso importante. “La diversidad económica importa en sí misma”, afirmó. “Es fundamental que las élites del país incluyan a personas que hayan enfrentado dificultades económicas genuinas”.¿Un enfoque en la cuerda floja?
A pesar de los avances en términos de inclusión económica, este nuevo enfoque no ha pasado desapercibido para la administración federal, particularmente bajo el mandato de Donald Trump. La Casa Blanca ha alegado que tomar en cuenta la condición económica o la región geográfica puede constituir una forma velada de acción afirmativa racial, lo que podría ir contra lo estipulado por la Suprema Corte. En una carta publicada en junio de 2025, funcionarios acusaron a la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) de mantener prácticas “basadas en raza con otro nombre” al tener en cuenta el código postal o el perfil socioeconómico del solicitante. Asimismo, el repentino retiro por parte del College Board de una herramienta que proporcionaba datos demográficos a las oficinas de admisión ha sido interpretado por expertos como una reacción directa a la presión del gobierno federal.Recursos esenciales: más allá de la matrícula
Muchas universidades han acompañado estas iniciativas con otras mejoras que buscan reducir los gastos de vida para estudiantes pobres:- Swarthmore entrega créditos para libros de texto y ha eliminado el costo del lavado de ropa.
- Amherst garantiza la alimentación y vivienda sin costo alguno para estudiantes con ingresos por debajo de la mediana nacional.
Retos a futuro: sostenibilidad financiera y percepción pública
Mientras muchas universidades tienen fondos de dotación suficientemente grandes como para costear estas medidas —Princeton y MIT tienen fondos de más de $25,000 millones de dólares—, otras instituciones más pequeñas o públicas podrían tener dificultades para ampliar sus programas de becas sin apoyo estatal. Además, las iniciativas también corren el riesgo de generar cierta resistencia pública o política, especialmente en sectores que consideran la diversidad una amenaza a la meritocracia. El debate está apenas iniciando.¿Una nueva generación de líderes?
Uno de los logros más esperanzadores de este enfoque es que podría dar lugar a una nueva generación de ingenieros, investigadores, doctores, abogados y empresarios provenientes de contextos menos privilegiados. Y esto tiene un valor profundamente transformador para la sociedad estadounidense. “Las universidades de élite son, de hecho, las fábricas donde se forman los líderes del futuro,” señaló el economista Raj Chetty en su conocido estudio sobre movilidad social. “Quienes asisten a estos centros tienen más probabilidades de influir en las decisiones políticas, económicas y sociales del país.” Ampliar el acceso a estos centros de poder académico también significa abrir puertas a una ciudadanía más representativa, más empática y capaz de liderar con una conciencia social más aguda.¿Qué sigue?
Si bien estamos presenciando un cambio real, la sostenibilidad y eficacia de estos modelos dependerá de cómo se enfrenten los retos legales y financieros que se avecinan. En una era donde la equidad y la diversidad ya no se pueden justificar mediante acción afirmativa racial —al menos en el ámbito judicial—, las universidades están apostando a la vía económica como la mejor herramienta disponible para abrir las puertas del conocimiento a todos. Y quizá lo más importante: están demostrando que, cuando se quiere cambiar el paradigma, es posible hacerlo con decisión, creatividad y compromiso social. Este artículo fue redactado con información de Associated Press
