Dar a luz en Goma: una lucha por la vida entre guerra, pobreza y un colapso del sistema de salud

La crisis humanitaria en el este del Congo expone a miles de madres a una tragedia invisible: parir sin atención médica en medio del conflicto armado

Por las calles polvorientas de Goma, en la región de Kivu del Norte, en la República Democrática del Congo (RDC), mujeres embarazadas caminan con el temor doble de perder la vida en el parto o ser víctimas del conflicto. Dar a luz, una experiencia que debiera estar rodeada de cuidados y esperanza, hoy es una amenaza pública.

Un retroceso peligroso en atención maternal

En 2023, el gobierno congoleño lanzó un programa de atención materna gratuita que representó un rayo de luz en una nación sumida en décadas de conflictos. Este programa fue clave para reducir una de las tasas de mortalidad materna más altas del mundo. Según datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), en 2023 la RDC registró unas 19,000 muertes maternas, solo por detrás de Nigeria.

El programa permitía consultas prenatales gratuitas y atención en partos en centros de salud seleccionados. La frecuencia mensual de partos en centros como Afia Himbi pasó de cinco a veinte al mes. Sin embargo, en junio de 2024, la iniciativa fue cancelada sin explicación oficial. Desde entonces, el panorama ha sido cada vez más sombrío.

Mujeres pariendo en condiciones indignas

En Rehema, otro centro de salud de Goma, Ernestine Baleke espera atención para su noveno embarazo. Su mirada refleja desasosiego: no cuenta con dinero para costear el parto. Su esposo perdió su empleo cuando la fábrica en que trabajaba fue saqueada, y su casa fue incendiada meses después. “No tengo ni 100 francos (0,45 USD) en el bolsillo”, confesó Baleke.

Cada vez más mujeres están dando a luz en casa, sin la asistencia de profesionales, en entornos insalubres. Enfermeras y doctores alertan sobre hemorragias, infecciones y enfermedades postparto que podrían evitarse con atención médica básica. Pero en esta región donde más del 70% de la población vive con menos de 2,15 USD al día, como lo señala el Banco Mundial, pagar siquiera 5 dólares por un parto es un lujo inalcanzable.

Crisis estructural más allá del parto

Aunque la violencia ha bajado de intensidad tras gestiones diplomáticas encabezadas por Estados Unidos y Catar, los rebeldes del M23, apoyados según la ONU por Ruanda, todavía controlan partes relevantes de Kivu del Norte. Las estructuras públicas han colapsado, incluyendo la red de agua potable, y con ellas los hospitales y clínicas.

Un informe del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en septiembre reveló que el 85% de las instalaciones sanitarias tienen escasez de medicamentos y casi el 40% ha visto huir a su personal debido a amenazas o violencia directa.

Médicos Sin Fronteras (MSF) ha reportado ataques a hospitales, ambulancias bloqueadas y personal médico asesinado. En octubre, alrededor de 200 centros sanitarios habían agotado sus suministros, fruto tanto del saqueo como de la interrupción en las cadenas de distribución.

Testimonios que estremecen

Irene Nabudeba, madre de cinco hijos y embarazada del sexto, comparte la misma incertidumbre que tantas otras mujeres: “Me esfuerzo por acudir a las consultas, pero del parto... no sé de dónde sacaré el dinero”. Su esposo, antes conductor, está desempleado desde enero. Las consultas son caras, pero lo es aún más el abandono.

El enfermero jefe Franck Ndachetere Kandonyi del centro Afia Himbi confirma la caída en la atención: los partos pasaron de 20 a solo 9 por mes desde que el programa gratuito terminó. “Cuando un padre no puede pagar ni 10,000 francos congoleños (4,50 USD) para atender a su esposa o hijo, hablamos de una tragedia”, expresó Kandonyi.

Una guerra que castiga a quien menos puede resistir

Desde principios de 2024, al menos 700,000 personas han sido desplazadas por los enfrentamientos entre las fuerzas gubernamentales y el grupo M23. Este último, a pesar de los esfuerzos por un cese al fuego, sigue controlando una parte significativa del territorio, complica los accesos a salud, genera pánico y destruye infraestructuras básicas.

En las calles de Goma, la presencia de combatientes armados es una constante y normalizar ese entorno solo traslada el trauma a cada rincón de la rutina diaria. El camino hacia la clínica se convierte en una odisea peligrosa para mujeres gestantes que esperan poder llegar vivas y dar vida.

El espejismo de Ruanda y la paradoja regional

Resulta dolorosamente contradictorio que mientras en Goma se desmantelan servicios sanitarios esenciales, Ruanda reciba una inversión de hasta 158 millones USD de Estados Unidos en su sistema de salud a través de un acuerdo bilateral. Esto refleja un panorama abruptamente desigual entre vecinos que comparten fronteras y, según muchos informes, se enfrentan por el control del este congoleño.

Ruanda ha negado sistemáticamente su apoyo al M23. Sin embargo, el Grupo de Expertos de Naciones Unidas indica tener pruebas claras de la asistencia logística y bélica de Ruanda a dicho grupo rebelde.

Una petición desesperada: que vuelva la atención médica gratuita

Antes de junio, congoleñas como Baleke y Nabudeba tenían acceso a mínimo control prenatal, exámenes de rutina y acompañamiento durante el parto. El final del programa estatal no solo expuso nuevamente a estas mujeres al abandono, sino que dinamitó un esfuerzo que mostraba avances en las zonas más olvidadas del país.

Ellas mismas piden que se restituya el plan. “Las autoridades deben restaurar la atención médica gratuita”, suplica Baleke. “Corremos el riesgo de morir dando a luz en casa”.

¿Hay esperanza entre las ruinas?

La comunidad internacional ha sido tibia ante la situación en el este del Congo, pese a que el conflicto ha dejado millones de muertos directos e indirectos desde los años noventa. Hoy, el desafío humanitario no solo requiere el fin de la violencia: necesita de una reconstrucción del sistema de salud, campañas de sensibilización sobre salud reproductiva, mejor acceso a suministros médicos y sobre todo, rescatar la dignidad de la maternidad.

Tanto el gobierno congoleño como los organismos multinacionales deben asumir que la vida de una madre no puede depender de un programa temporal. La salud materna debe ser un derecho sostenido con firmeza incluso cuando la política y la guerra lo intenten borrar del mapa.

Mientras tanto, en las comunidades del este del Congo, cada nuevo nacimiento es un acto de resistencia. Y cada mujer que sobrevive al parto sin asistencia médica, una prueba de cuán injusto es el destino asignado a millones de congoleños por nacer.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press