Entre Beijing y Capitol Hill: El nuevo frente de la Guerra Fría tecnológica entre EE.UU. y China
Mientras la Casa Blanca suaviza el discurso hacia China, el Congreso estadounidense avanza a toda máquina con medidas que apuntan al corazón de la tecnología, la biotecnología y la defensa económica frente al gigante asiático.
La doble narrativa de Washington frente a China
En un movimiento que refleja las tensiones internas en la política exterior estadounidense, mientras la administración de Donald Trump suaviza su retórica hacia China, el Congreso de los Estados Unidos ha dado luz verde a una legislación con propuestas firmes y agresivas que consolidan un enfoque de competencia estratégica a largo plazo contra Beijing.
Esta divergencia cobra vida en el contexto del nuevo proyecto de la Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA, por sus siglas en inglés), de más de 3.000 páginas, el cual fue aprobado por la Cámara de Representantes esta semana. El proyecto no solo establece un presupuesto militar anual de aproximadamente 900.000 millones de dólares, sino también introduce profundas regulaciones destinadas a reducir la influencia china en sectores clave de la economía estadounidense y en la seguridad nacional.
Un baluarte legislativo contra la inversión china
Uno de los pilares más importantes de la nueva NDAA es la creación de mecanismos para supervisar y restringir las inversiones estadounidenses en sectores estratégicos de China, como la computación cuántica, la inteligencia artificial y los semiconductores. Según el congresista republicano John Moolenaar, estas inversiones inadvertidamente han fortalecido el músculo militar e industrial de Beijing.
“Durante demasiado tiempo, el dinero ganado con esfuerzo por nuestros jubilados e inversores ha sido utilizado para construir la economía y el ejército de China. Esta legislación ayuda a cambiar eso”, declaró Moolenaar, presidente del Comité Selecto sobre el Partido Comunista Chino.
Bioseguridad: Una nueva línea de defensa
Otro frente de la legislación se centra en la biotecnología. En respuesta a preocupaciones de seguridad nacional, el proyecto prohíbe el uso de fondos federales para adquirir servicios o equipos de empresas biotecnológicas chinas previamente señaladas.
La ley también autoriza al Departamento de Defensa a aumentar sus inversiones en biotecnología doméstica y encomienda a la Oficina de Gestión y Presupuesto la creación de una lista de "empresas biotecnológicas preocupantes". Aunque el polémico BIOSECURE Act fracasó en 2022, la NDAA incorpora sus principios sin mencionar empresas específicas, evitando así acusaciones de discriminación.
Para Moolenaar, esto representa una “acción defensiva necesaria para asegurar nuestras cadenas de suministro farmacéuticas y proteger la información genética de los estadounidenses frente a entidades maliciosas”.
El caso Nvidia: señales mixtas desde el Ejecutivo
Mientras tanto, la Casa Blanca de Trump ha generado críticas entre los legisladores más duros tras permitir a Nvidia vender chips avanzados para inteligencia artificial a China. Aunque se han impuesto regulaciones sobre algunos productos, la decisión sugiere que Trump prioriza una política de beneficios económicos recíprocos sobre una confrontación abierta.
Esta medida fue vista como contradictoria dada la publicación reciente de la estrategia de seguridad nacional de su administración, que evita posicionar a China como una amenaza estratégica directa, en contraste con la lógica geopolítica impulsada por el Congreso.
Taiwán: el punto más sensible
El proyecto de NDAA propone aumentar la ayuda militar a Taiwán de 300 millones a 1.000 millones de dólares en cooperación de seguridad, a la vez que autoriza al Pentágono a desarrollar programas conjuntos de drones y sistemas anti-drones con la isla.
También respalda la candidatura de Taiwán para ingresar al Fondo Monetario Internacional (FMI), lo cual es considerado por China como una amenaza a su integridad territorial. No sorprende que la embajada china en Washington haya respondido con una enérgica condena.
"El proyecto perpetúa la narrativa de la llamada amenaza china e interfiere seriamente en los asuntos internos de China", declaró Liu Pengyu, portavoz de la embajada.
Un Congreso determinado a liderar la política china
Expertos como Craig Singleton, del think tank Foundation for Defense of Democracies, opinan que esta ley construirá un marco legal duradero que amarrará las manos de futuras administraciones, incluso si el enfoque de la Casa Blanca cambia.
"Estas medidas sientan las bases de una política de competencia estructural imposible de revertir silenciosamente por futuros gobiernos", asegura Singleton.
Lo más notable es que, independientemente de la administración en el poder, la política estadounidense hacia Beijing parece estar siendo escrita desde Capitol Hill, reflejando un consenso cada vez más inquebrantable.
Un precedente histórico: de la contención a la competición sistémica
Este endurecimiento legislativo recuerda a momentos de la Guerra Fría, cuando el Congreso tomó protagonismo en definir la política exterior hacia la Unión Soviética. Sin embargo, con China, la competición transcurre sobre otras dimensiones: tecnología, ciencia, capital e infraestructura.
Desde la Iniciativa de la Franja y la Ruta, China ha invertido en casi 150 países con más de 1 billón de dólares desde 2013. Frente a estas cifras, EE.UU. ha buscado responder con iniciativas como Build Back Better World, pero con resultados modestos.
La batalla por los datos y la infraestructura del futuro
China, mediante compañías como Huawei y BGI (Instituto de Genómica de Pekín), ha sido vista con sospecha por Estados Unidos ante la posibilidad de recibir datos sensibles de ciudadanos y gobiernos extranjeros.
Estos temores tecnológicos se han materializado en políticas como la prohibición de TikTok en dispositivos del gobierno federal y la creciente presión para restringir sus operaciones dentro del país.
La preocupación no es trivial: según un reporte del Center for a New American Security (CNAS), el 90% de los datos genómicos de secuenciación de ADN recopilados globalmente provienen de laboratorios chinos.
La presión económica en la sombra: Tesla y Elon Musk
Estos límites a las inversiones estadounidenses en China habían enfrentado resistencia. El CEO de Tesla, Elon Musk, jugó un papel crucial para evitar que una versión previa del proyecto de ley fuera aprobada el año pasado. Gracias a su fábrica en Shanghái, Musk se ha comprometido con el mercado chino, mostrando cómo las decisiones empresariales pueden interferir con la seguridad nacional.
Esta vez, sin embargo, el Congreso ha incluido las provisiones críticas en el proyecto de ley de defensa —de aprobación obligatoria—, neutralizando el lobby empresarial.
China responde, pero ¿puede ejercer presión real?
Mientras EE.UU. toma medidas para construir su autonomía tecnológica y proteger sectores clave, Beijing se mueve con cautela. A pesar de sus críticas, China mantiene abierto el canal diplomático y se ha mostrado receptiva a la cooperación económica bajo ciertas condiciones.
No obstante, el mensaje político de la NDAA es inequívoco: el Congreso estadounidense considera inevitable una competencia estructural a largo plazo con China, incluso si la Casa Blanca busca evitar antagonismos innecesarios.
¿Está surgiendo una nueva Guerra Fría?
El curso de la competencia tecnológica y económica entre EE.UU. y China avanza hacia un terreno cada vez más parecido a los conflictos sistémicos del siglo XX. A diferencia de la Guerra Fría original, la interdependencia económica entre ambas potencias es profunda. Sin embargo, la desconfianza sigue creciendo.
La NDAA de 2024 bien puede ser recordada como el texto que institucionalizó una estrategia de contención tecnológica contra China, adaptada al siglo XXI.
A pesar de los esfuerzos diplomáticos, los engranajes del Capitolio ya giran en dirección contraria a cualquier distensión duradera. Para las próximas generaciones, las decisiones de hoy marcarán el tablero geopolítico donde se jugarán la innovación, el poder económico y la soberanía digital.
