La expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania: ¿camino hacia la anexión definitiva?
Las recientes aprobaciones de viviendas en colonias judías avivan las tensiones territoriales y reabren el debate sobre el futuro de Palestina
Israel da luz verde a nuevos asentamientos en Cisjordania
La expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania ha alcanzado nuevos niveles de controversia tras la reciente aprobación de 764 viviendas adicionales en tres colonias judías. El ministro de Finanzas de Israel, Bezalel Smotrich —reconocido promotor del movimiento de colonos— anunció que el Consejo Superior de Planificación aprobó este desarrollo en las localidades de Hashmonaim (478 unidades), Beitar Illit (230) y Givat Ze’ev (56). Según Smotrich, esta decisión forma parte de una estrategia para “reforzar el asentamiento y asegurar continuidad de vida, seguridad y crecimiento”.
Con esta medida, el número total de unidades aprobadas en la región desde que Smotrich asumió su cargo asciende a 51,370. Un número alarmante para la comunidad internacional, dado que la mayoría de los países considera los asentamientos ilegales bajo el derecho internacional, conforme al Cuarto Convenio de Ginebra.
¿Un paso más hacia la anexión de facto?
La organización israelí Paz Ahora (Peace Now), conocida por su vigilancia crítica de la expansión colonial, acusó al gobierno israelí de estar corriendo “hacia una anexión de facto” de Cisjordania. "Este es un doble crimen: consolida un régimen ilegítimo de apartheid y tendrá un alto costo el día en que Israel tenga que evacuar los asentamientos”, argumentaron en un comunicado.
Por su parte, Nabil Abu Rudeineh, portavoz del presidente palestino Mahmoud Abbas, condenó la decisión, calificándola como un “intento de incendiar la región y arrastrarla a un ciclo de violencia y guerra”. Asimismo, instó a que Estados Unidos intervenga para limitar esta expansión y permitirle avanzar en los esfuerzos de mediación regional.
¿Qué dice el derecho internacional?
El Consejo de Seguridad de la ONU ha emitido numerosas resoluciones desde 1967 condenando la construcción y expansión de asentamientos israelíes en territorios ocupados. La Resolución 2334, por ejemplo, adoptada en 2016, considera que los asentamientos “carecen de validez legal” y constituyen una "violación flagrante del derecho internacional".
Actualmente, en Cisjordania habitan más de 500,000 colonos israelíes, a los que se suman más de 200,000 en Jerusalén Este, zona también reclamada por los palestinos como la capital de su futuro Estado.
Un contexto de violencia e impunidad creciente
La expansión de los asentamientos no es el único factor que eleva las tensiones. Según la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), durante la cosecha de aceitunas en octubre de 2023, los colonos israelíes ejecutaron un promedio de ocho ataques diarios contra palestinos. Estos incluyeron desde la quema de vehículos hasta la destrucción de cultivos y la vandalización de mezquitas.
Tan solo hasta finales de noviembre, se habían registrado al menos 136 nuevos ataques, con escasa o nula intervención por parte de las autoridades israelíes para frenar la violencia por parte de los colonos. Este repunte en los ataques no solo agrava el sufrimiento palestino, sino que también socava cualquier posibilidad de negociación futura.
Una política sistemática del gobierno actual
El primer ministro Benjamin Netanyahu lidera actualmente uno de los gobiernos más derechistas en la historia de Israel. Junto a figuras como Smotrich y el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, el gabinete incluye firmes promotores del movimiento de colonos y conocidos por defender públicamente la anexión total de Cisjordania.
En agosto de 2023, las autoridades israelíes aprobaron un proyecto para construir una colonia que divide en dos a Cisjordania de manera estratégica, complicando aún más la viabilidad de un Estado palestino contiguo y soberano. Esa colonia, en la denominada “Zona E1”, ha sido objeto de críticas por parte de la Unión Europea y organismos de derechos humanos por sus implicaciones geopolíticas.
Las raíces del conflicto: breve contexto histórico
Israel conquistó Cisjordania, Jerusalén Este y la Franja de Gaza durante la Guerra de los Seis Días en 1967. Desde entonces, ha establecido más de 130 asentamientos oficiales además de numerosos “puestos avanzados” no autorizados que, sin embargo, reciben servicios públicos y apoyo indirecto del gobierno.
Para los palestinos, estas acciones son parte de un intento sistemático de impedir la creación de un Estado propio. La Iniciativa de Paz Árabe, avalada por la Liga Árabe en 2002, propone intercambios de tierra y reconocimiento mutuo, pero Israel ha avanzado consistentemente en una dirección opuesta.
El papel de Estados Unidos: entre apoyo y ambigüedad
Durante la administración de Donald Trump, Estados Unidos adoptó una política favorable a Israel, reconociendo Jerusalén como su capital y eliminando referencias a los asentamientos como “ilegales” en sus documentos oficiales. La “paz económica” promovida por Trump fue rechazada por los palestinos por ignorar sus aspiraciones soberanas.
Con la presidencia de Joe Biden, si bien se ha retomado cierta retórica diplomática, las acciones en el terreno no han cambiado sustancialmente. La reciente aprobación de viviendas evidenció la tibieza estadounidense, que no ha ejercido presión significativa para frenar a su principal aliado en Medio Oriente.
¿Y el futuro del Estado palestino?
Las perspectivas de una solución de dos Estados se desvanecen ante la consolidación del dominio israelí en Cisjordania. Según el académico Nathan Thrall, autor de The Only Language They Understand, “Israel avanza silenciosamente hacia una realidad de un solo Estado, donde el control es unilateral y el sufragio desigual”.
Esta situación ha llevado a que diversos organismos internacionales y defensores de derechos humanos acusen a Israel de implementar un sistema de apartheid. En 2022, Amnistía Internacional publicó un informe en el que usó este término de manera explícita, acusando al Estado israelí de prolongar una “opresión sistemática” contra los palestinos.
¿Qué sigue?
La reciente decisión de Israel no es un hecho aislado sino parte de una política más amplia de redefinir las fronteras sin negociaciones. Cada nueva construcción en Cisjordania consolida su presencia, fragmenta el territorio palestino y complica potencialmente cualquier resolución pacífica del conflicto.
Mientras tanto, los palestinos siguen sin un estado, sin derechos iguales y bajo una ocupación que ya dura más de cincuenta años. ¿Será este otro paso hacia un irreversible punto de no retorno? ¿O habrá presión internacional suficiente que fuerce un replanteamiento? Esa respuesta, todavía, está por escribirse.
