México impone nuevos aranceles: ¿protección nacional o presión de EE.UU.?

Aumentos arancelarios a productos clave afectan principalmente a China, pero el trasfondo revela una estrategia geopolítica con el Tratado de Libre Comercio

En una jugada con grandes implicaciones económicas y geopolíticas, el Congreso de México aprobó el incremento de aranceles a más de 1,400 productos procedentes de países que no tienen acuerdo de libre comercio con el país, incluyendo principalmente a China. Considerada por el gobierno como una medida para fomentar la producción nacional, esta decisión ha generado una amplia discusión entre economistas, empresarios y expertos en relaciones internacionales.

¿Qué aprobó el Congreso mexicano?

El miércoles, tanto la Cámara de Diputados como el Senado aprobaron estos ajustes. El Senado lo hizo con 76 votos a favor, 5 en contra y 35 abstenciones. La medida fue propuesta por el gobierno de Claudia Sheinbaum y respaldada por Morena, el partido oficialista que tiene mayoría en ambas cámaras.

El nuevo esquema de aranceles, que entra en vigor en enero, podría alcanzar hasta un 50% de impuesto sobre productos como:

  • Textiles
  • Calzado
  • Electrodomésticos
  • Automóviles y autopartes

La medida probablemente tendrá un impacto profundo en los flujos comerciales entre México y China, ya que el segundo país asiático exportó bienes por un valor de $130 mil millones de dólares a México durante 2024, siendo solo superado por Estados Unidos en ese rubro.

Motivos oficiales: Impulsar la industria nacional

La presidenta Claudia Sheinbaum ha defendido los cambios sosteniendo que “es necesario proteger a la industria mexicana de prácticas desleales de comercio e incentivar cadenas de producción locales”. También busca disminuir la dependencia de insumos extranjeros e incentivar la relocalización de manufactura dentro del país.

Esto forma parte de una estrategia conocida como nearshoring, que varios países latinoamericanos, incluido México, han empezado a implementar para aprovechar la cercanía con EE.UU. frente a las tensiones comerciales con China.

Críticas: ¿Presión indirecta de Estados Unidos?

Pero detrás de esta narrativa se esconde un trasfondo político más complejo. Para economistas como Óscar Ocampo, director de Desarrollo Económico del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), el verdadero motor detrás de los aranceles es la política exterior mexicana ante las negociaciones con Washington.

“La verdadera razón tiene que ver con Estados Unidos, con la próxima revisión del T-MEC y las negociaciones para obtener reducciones o exenciones sobre aranceles que enfrenta México actualmente para acceder al mercado estadounidense”, señaló Ocampo.

Recordemos que México aún enfrenta aranceles sobre acero, aluminio y el sector automotriz debido a medidas implementadas durante la administración de Donald Trump, que en gran parte continúan vigentes. Según diversas fuentes, EE.UU. ha estado presionando a México ante la sospecha de que empresas chinas estarían utilizando su red comercial como una vía indirecta para llegar al mercado norteamericano.

China, el gran afectado

En septiembre, tan pronto se anunciaron los incrementos arancelarios, el gobierno chino expresó su desaprobación. Beijing acusó a México de violar principios de libre-concurrencia y ceder a influencias extranjeras.

Muchos analistas coinciden en que al tocar sectores tan sensibles como los electrodomésticos y autopartes, donde China tiene fuerte participación, la medida podría ser interpretada como un intento de limitar el avance tecnológico-industrial del país asiático en América Latina.

Efectos colaterales: ¿se avecina inflación?

El problema —señalan analistas como Ocampo— es que estos incrementos arancelarios podrían desencadenar efectos adversos en la economía mexicana, entre ellos:

  • Disrupciones en cadenas de suministro: Sobre todo en sectores como autopartes, plástico y textil, que dependen de insumos importados.
  • Aumento de costos para empresas manufactureras: Especialmente las pequeñas y medianas, que compran componentes desde el extranjero.
  • Aumento potencial en la inflación: Al encarecer productos clave para la vida cotidiana.

Todo esto en un contexto donde la economía mexicana muestra señales de debilitamiento y el poder adquisitivo de los hogares enfrenta presiones constantes.

¿Es el momento adecuado?

Existen dudas sobre la temporalidad de la decisión. El T-MEC será revisado oficialmente en 2026, por lo que algunos argumentan que México se adelantó innecesariamente a la negociación y mostró cartas antes de tiempo.

Además, el panorama electoral de EE.UU. podría cambiar radicalmente dependiendo de los comicios presidenciales de 2024. Si Donald Trump regresa al poder, podría adoptar políticas mucho más proteccionistas, y si es reemplazado, los términos comerciales podrían relajarse.

Una estrategia con riesgos

El enfoque proteccionista no es nuevo, pero aplicarlo en una economía tan integrada a cadenas globales de valor como México puede ser riesgoso. Hoy, muchas plantas automotrices ensamblan en México vehículos utilizando piezas de diversas geografías. Si algunas suben demasiado de precio, toda la producción puede verse afectada.

Un ejemplo claro: La industria automotriz representa más del 25% de las exportaciones totales mexicanas, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Cualquier desaceleración o incremento de costos debido a una guerra comercial podría impactar severamente el PIB del país.

Impacto electoral interno

Desde una óptica política, este tipo de medidas suele tener eco entre sectores nacionalistas o trabajadores de zonas industriales. Sheinbaum, heredera política de AMLO, busca posicionarse como una líder protectora de la soberanía productiva, y estas decisiones pueden fortalecer su base electoral.

Sin embargo, eso no garantiza que los resultados sean positivos en la práctica, sobre todo si el consumidor es quien termina absorbiendo los costos.

¿Qué otras opciones tenía México?

Expertos en comercio exterior han sugerido alternativas menos disruptivas como:

  • Incentivos fiscales a la producción nacional
  • Subsidios a industrias emergentes
  • Acuerdos bilaterales estratégicos con países asiáticos con reglas más exigentes de origen

El camino adoptado por el gobierno es más inmediato, pero también más arriesgado a largo plazo, especialmente si se deterioran las relaciones diplomáticas con China, un actor clave en la economía global.

Entre la espada de Trump y la pared de China

Lo cierto es que México se encuentra en una posición delicada. Demasiado dependiente de EE.UU., y a la vez altamente beneficiado por los productos chinos baratos. Intentar mantener el equilibrio entre ambos gigantes económicos es una tarea compleja, y cada decisión comercial puede tener efectos colaterales a gran escala.

Como dijo el analista Carlos Elizondo Mayer-Serra, México puede estar quedando atrapado en una guerra comercial ajena: “Lo que hoy parece una victoria política, mañana podría convertirse en un costo económico difícil de revertir”.

¿Estas medidas darán el salto cualitativo que necesita la industria mexicana o simplemente están encaminadas a satisfacer a un socio comercial impredecible?

Con el tiempo lo sabremos. Por ahora, la economía mexicana se prepara para un 2025 con nuevos retos, nuevas reglas y una incertidumbre que cada vez se parece más al juego geopolítico de gigantes.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press