La ruta minera de Ambler: ¿progreso económico o amenaza ambiental para Alaska?
Una carretera de 340 km dividida entre desarrollo y destrucción pone en jaque el futuro de las comunidades inupiat y la biodiversidad ártica
Una carretera por construir, una comunidad en tensión
En el corazón del noroeste de Alaska, una propuesta de desarrollo ha desencadenado una de las discusiones más íntimas y contradictorias que puede enfrentar una comunidad: ¿proteger el legado cultural y ambiental o abrirse a las promesas económicas de una carretera minera?
La Ambler Access Road —una carretera de acceso de 211 millas (340 km)— ha sido propuesta para conectar yacimientos minerales en la región de Ambler con la red vial existente. Recientemente aprobada por la administración de Donald Trump, esta arteria asfaltada busca facilitar la extracción de cobre, zinc, plomo, oro y plata—minerales cruciales en una economía mundial desesperada por renovarse hacia energías verdes.
Pero el costo no es solo económico o político: podría ser existencial.
El Ártico que se derrite: más que nieve perdida
En las últimas décadas, el calentamiento global ha transformado regiones como el Parque Nacional Gates of the Arctic. El Ártico está calentándose cuatro veces más rápido que el promedio planetario, con resultados alarmantes:
- En 20 años, la manada de caribú del Ártico Occidental se redujo de 500,000 a 164,000 animales (Alaska Department of Fish and Game).
- Los salmones chinook y chum presentan declives dramáticos y cierres totales de algunas pesquerías (NOAA Fisheries).
- Las lluvias récord de los últimos años han erosionado riberas, inundado aldeas y afectado los lugares de desove.
- Un estudio registró la oxidación de los arroyos de aguas claras que ahora fluyen color naranja debido a metales liberados por el derretimiento del permafrost.
“Los ancianos que han vivido aquí toda su vida nunca habían visto condiciones ambientales así, ni tan malas para los peces”, dijo Alex Whiting, director ambiental de la aldea nativa de Kotzebue.
El dilema: supervivencia cultural o empleo
Tristen Pattee es un guía de naturaleza y cazador inupiat cuya vida depende del caribú y del salmón. Aunque lamenta el impacto ambiental proyectado, apoya la carretera. El costo de vida en Ambler es altísimo —el galón de gasolina supera los $17,50— y un solo viaje de caza puede costar $400. Empleos en minería, cree, podrían ser un salvavidas comunitario.
Del otro lado está Karmen Monigold, también inupiat, quien representa a un grupo local llamado Protect the Kobuk. Para ella, la carretera es una amenaza que acelerará la desaparición de un modo de vida ya en retroceso. “Perdemos algo con cada generación”, dice. “Pero aún queda suficiente cultura para que valga la pena luchar.”
La división no es superficial: incluso el Alcalde de Ambler, Conrad Douglas, aunque viste una sudadera pro carretera, expresa dudas sobre si las promesas de empleo beneficiarán realmente a los locales, o si las compañías extranjeras (canadienses y australianas) simplemente traerán su propia fuerza laboral.
Impactos ambientales proyectados: un inventario de riesgos
La construcción de la carretera y la posterior operación minera no serían inocuas. Según informes de la Bureau of Land Management, los riesgos incluyen:
- Fragmentación del hábitat del caribú, con potencial interrupción de migraciones ancestrales.
- Asbesto natural en las rocas podría generar polvo tóxico con el tráfico pesado.
- Disrupción del permafrost y niveles freáticos debido a las perforaciones y construcciones.
- Colapso de criaderos de peces por alteraciones hídricas fruto de cienos tóxicos y desvíos fluviales.
Cabe destacar que la región alberga más de 1.2 millones de acres designados como “áreas de alta preocupación ambiental” por BLM.
El argumento del progreso: minerales para el futuro verde
El principal argumento a favor del desarrollo lo ha esgrimido la administración Trump: los minerales de Ambler son necesarios para reducir la dependencia de EE. UU. de países como China en la transición hacia energías renovables.
Según un informe del Banco Mundial de 2020, la demanda de minerales clave para energías limpias crecerá hasta 500% hacia 2050. Ambler podría jugar un papel estratégico. Pero aquí es donde el argumento se enturbia:
- Ni el cobre ni el zinc de Ambler están en la lista de minerales críticos que EE. UU. importa principalmente desde China (USGS, 2025).
- El 45% del cobre refinado que consume EE.UU. proviene de socios fiables como Chile, Canadá, Perú y México.
- Buena parte del cobre producido en EE.UU. se destina a la construcción, no a tecnologías limpias (Copper Development Association).
¿Un dilema falso?
Andrea Marston, profesora de geografía en la Universidad Rutgers y experta en extractivismo y derechos indígenas en América, opina que los dilemas en los que se condiciona la supervivencia del planeta a la devastación de territorios indígenas son engañosos:
“No se puede justificar el arrollamiento de tierras indígenas con una narrativa de cambio climático. Eso solo reproduce el saqueo colonial, disfrazado de nuevo lenguaje.”
Marston propone soluciones alternativas: reducir la demanda, invertir en transporte público y reciclar minerales existentes.
Lo que está en juego: mucho más que minerales
En Ambler, cada decisión tiene una onda expansiva. La comunidad ha bajado de 320 personas en 2010 a cerca de 200 hoy. “Estamos perdiendo nuestra comunidad”, lamenta Pattee. “La gente quiere quedarse, pero no hay oportunidades.”
El dilema se inmortaliza en una lista de pros y contras colgada en la escuela local. Un pueblo entero atrapado entre dos futuros, cada uno con consecuencias drásticas.
Nick Jans, escritor que llegó al pueblo en 1979, lo resume con voz quebrada:
“Esto no es mi patio trasero, es el tuyo. Es el patio trasero del mundo. Si no protegemos lo que era este planeta antes de nosotros, vamos a perder el rumbo. Y diría que ya lo hemos hecho.”
