La tragedia aérea sobre Washington y el retroceso legislativo que podría repetirla

Senadores, familias de víctimas y expertos alertan sobre nuevas disposiciones en un proyecto de defensa que pone en riesgo la seguridad aérea en EE.UU.

Una ola de preocupación ha golpeado el Senado y a las comunidades afectadas por un devastador accidente aéreo ocurrido en enero de 2025, luego de que un avión comercial colisionara con un helicóptero del ejército sobre el cielo de Washington D.C., causando la muerte de 67 personas. Lo que hace aún más alarmante esta tragedia es que había sido completamente prevenible y ahora, una parte clave de la legislación de defensa en curso amenaza con deshacer avances críticas en la seguridad aérea.

Una tragedia evitable: los antecedentes de la colisión

El 30 de enero de 2025, un vuelo de American Airlines que despegaba del Aeropuerto Nacional Ronald Reagan de Washington colisionó con un helicóptero militar que no estaba transmitiendo su ubicación a través del sistema ADS-B (Automatic Dependent Surveillance–Broadcast), una medida de seguridad obligatoria para aeronaves en áreas densamente pobladas. Este sistema, implementado recientemente por la FAA (Administración Federal de Aviación), es crucial para garantizar el monitoreo constante del tráfico aéreo.

Las investigaciones del National Transportation Safety Board (NTSB) revelaron que esta práctica peligrosamente habitual por parte de los militares —quienes alegaban que compartir la ubicación de sus aeronaves podría comprometer la seguridad nacional— fue un factor determinante en el accidente. Desde entonces, familiares de las víctimas, investigadores y legisladores trabajan para subir el estándar de seguridad aérea en torno al espacio aéreo más complejo del país.

Una legislación que podría retroceder años de progreso

El problema surge con la actual versión de la Ley de Autorización de Defensa Nacional (National Defense Authorization Act, NDAA), que fue aprobada por la Cámara de Representantes y que ahora está sobre la mesa del Senado. Esta legislación, en su redacción actual, incluye una exención para helicópteros militares que les permitiría seguir operando sin utilizar el sistema ADS-B alrededor del espacio aéreo de Washington.

La reacción ha sido inmediata. La presidenta del NTSB, Jennifer Homendy, no dudó en calificar la medida como “un retroceso significativo en seguridad” y advirtió que era un “riesgo inaceptable para el público volador, la aviación comercial y militar, y los residentes en la región”. También agregó: “Se trata de un rechazo impensable a nuestra investigación y a las 67 familias que perdieron seres queridos en una tragedia completamente prevenible. Es vergonzoso”.

Los esfuerzos del Congreso por cambiar el rumbo

En un intento por frenar estos retrocesos, la senadora demócrata Maria Cantwell y el senador republicano Ted Cruz, ambos miembros clave del Comité de Comercio del Senado, presentaron dos enmiendas con el objetivo de eliminar dichas exenciones y restablecer las disposiciones de seguridad recomendadas por el NTSB.

Ambos senadores ya habían impulsado en el pasado una legislación orientada a reforzar los requisitos de seguridad para aeronaves militares. En declaraciones conjuntas señalaron: “Le debemos a las familias mejoras reales en seguridad, no darle al Departamento de Defensa más vacíos legales que explotar”.

La lógica militar y la resistencia al cambio

Una de las principales razones por las que los militares han resistido implementar el sistema ADS-B es el temor a que la transmisión en tiempo real de la ubicación de sus aeronaves pueda exponerlos a amenazas externas. Por ese motivo, incluso antes del choque de enero, muchas operaciones aéreas militares obtenían exenciones de seguridad nacional para esquivar las normas impuestas por la FAA.

Este argumento, sin embargo, ha sido severamente criticado por expertos como Homendy, quien asegura que la evaluación de riesgos de seguridad debe realizarla una autoridad aeronáutica competente y no la jerarquía militar. “La ley deja al zorro a cargo del gallinero”, ironizó.

En los años previos al accidente, el NTSB identificó al menos 85 incidentes cercanos en el área del aeropuerto Reagan que no fueron registrados ni por la FAA ni por el ejército, principalmente debido a la ausencia de datos transmisibles desde ciertos helicópteros militares.

Familias que no descansan

Entre los más activos denunciantes de esta legislación se encuentran familias como la de Tim y Sheri Lilley, quienes perdieron a su hijo Sam, copiloto en el vuelo de American Airlines. Esta reforma, dicen, es un “maquillaje legislativo” que permitiría continuar operando con una simple evaluación de riesgo superficial.

“No es razonable otorgar un cheque en blanco para que sean los mismos que operan los helicópteros quienes evalúen si ellos mismos son un riesgo para otros en el cielo”, explicó Sheri Lilley.

Un punto de inflexión político

Si bien el Senado planea abordar la NDAA la próxima semana, hay incertidumbre respecto a si el liderazgo republicano permitirá modificaciones sobre un texto que ya fue aprobado por la Cámara. El líder del Senado, el republicano John Thune, se mostró abierto a considerar una solución rápida promoviendo la ley de seguridad aérea de Cruz y Cantwell, aunque no hay garantías de que suceda.

Creo que esa sería la manera correcta de abordar estas preocupaciones, y veremos si podemos encontrar un camino para aprobar esa ley pronto”, declaró Thune. No obstante, el tiempo apremia: el Congreso entra en receso por las festividades al finalizar la semana, y la NDAA es vista como una legislación imprescindible antes de fin de año.

El papel del poder ejecutivo

Ni la Casa Blanca ni el Departamento de Defensa respondieron inmediatamente a los cuestionamientos públicos respecto a las disposiciones de seguridad aérea presentes en la NDAA. Sin embargo, se sabe que el presidente Donald Trump quiere firmar rápidamente la ley debido a que incluye un aumento salarial del 3.8% para miembros en servicio activo, además de otras prioridades de su administración.

¿A qué costo?

La gran pregunta que permanece es: ¿vale la pena aprobar un presupuesto de defensa que pone vidas en peligro? La tragedia de enero demostró de manera brutal los peligros que representa no exigir el mismo nivel de responsabilidad a las aeronaves militares que a las comerciales.

Como lo expresó Jennifer Homendy, “evitar este tipo de catástrofes requiere normas claras, sin excepciones, y una vigilancia coordinada. Cualquier otra cosa es invitar a otro desastre”.

El tiempo está corriendo, y las decisiones que se tomen en los próximos días podrían determinar si las lecciones del pasado sirven para proteger a quienes continúan surcando los cielos de Estados Unidos o si, por el contrario, vivimos de nuevo una tragedia anunciada.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press