Portugal paralizado: huelga general saca a miles a las calles contra reforma laboral del gobierno

La mayor protesta sindical en más de una década evidencia el creciente malestar ante la precariedad laboral y la escalada del costo de vida en uno de los países más vulnerables de la UE

  •  EnPelotas.com
    EnPelotas.com   |  

Lisboa vivió este jueves una de las jornadas de mayor agitación social en más de diez años, con la convocatoria de una huelga general respaldada por las principales centrales sindicales de Portugal: la Unión General de Trabajadores (UGT) y la Confederación General de Trabajadores Portugueses (CGTP). Desde el cierre del metro de la capital durante toda la jornada hasta la paralización de trenes y tranvías en ciudades como Oporto, el país europeo amaneció prácticamente detenido, dando paso a una potente muestra de rechazo social frente al nuevo paquete legislativo laboral impulsado por el gobierno de centroderecha de Luis Montenegro.

¿Por qué se convoca esta huelga general?

El detonante principal de esta paralización ha sido una reforma del Código de Trabajo propuesta por el ejecutivo portugués. Entre las medidas más polémicas se encuentran:

  • Facilitar los despidos individuales y colectivos.
  • Restringir el derecho a huelga en sectores adicionales, incluyendo transporte y logística.
  • Limitar los descansos por lactancia materna a los dos primeros años de vida del bebé (actualmente es sin límite definido).

Las organizaciones sindicales han calificado la iniciativa como una “agresión directa a los derechos laborales conquistados desde la Revolución de los Claveles en 1974”, mientras que el ejecutivo alega que los cambios son necesarios para modernizar el mercado laboral, fomentar la inversión extranjera y dinamizar la economía.

Una economía frágil y una sociedad asfixiada

A pesar del discurso oficial que presenta indicadores macroeconómicos prometedores —el PIB crecería este año alrededor de un 2%, según la Comisión Europea, superando el promedio del bloque—, los trabajadores portugueses sufren una realidad más cruda.

Portugal es una de las economías más pequeñas de la UE, con salarios notoriamente bajos. El salario medio mensual ronda los 1,600 euros brutos (unos US$1,870) y el salario mínimo es de apenas 870 euros brutos (unos US$1,018), según el Instituto Nacional de Estadística portugués (INE). Esto sitúa al país muy por debajo del promedio salarial europeo.

A esta precariedad estructural se suma una crisis de vivienda sin precedentes. Los precios del alquiler en Lisboa y Oporto se han disparado más del 45% en los últimos cinco años, según datos de Idealista. Además, la inflación se mantiene en torno al 2,1%, fenómeno que ha erosionado aún más el poder adquisitivo de la clase trabajadora.

“Esta huelga no tiene sentido”: la respuesta del Gobierno

El primer ministro, Luis Montenegro, ha tildado públicamente la movilización de “injustificada y desproporcionada”, argumentando que su gobierno ha mejorado el desempeño económico general del país y que la comunidad internacional, incluida la UE, respalda sus reformas para liberalizar la economía.

Sin embargo, esta narrativa no ha convencido a los sindicatos ni a los ciudadanos. En palabras de Isabel Camarinha, secretaria general de la CGTP, durante una manifestación en la plaza del Comercio de Lisboa: “El país no puede asegurar su crecimiento empobreciendo a quienes lo construyen todos los días con su trabajo. Esta reforma es un agravio inaceptable a los derechos conquistados.”

Impacto tangible en los servicios públicos

Los efectos de la huelga se hicieron visibles desde la medianoche del miércoles. El Metro de Lisboa suspendió todos sus servicios desde las 11 p.m., reanudando operaciones recién el viernes por la mañana. Comboios de Portugal (la empresa nacional de ferrocarriles) anunció cancelaciones masivas, especialmente en trayectos interurbanos y regionales.

En Oporto, la segunda ciudad del país, la red de transporte ligero (Metro do Porto) operó con frecuencias reducidas y varias líneas fueron suspendidas momentáneamente. Además, los hospitales públicos reportaron cancelaciones de citas médicas, y varias escuelas optaron por suspender clases ante la imposibilidad de garantizar personal docente y de apoyo.

Unidad sindical histórica

La convocatoria conjunta de las dos grandes confederaciones sindicales ha sido vista como un signo del alcance y la gravedad del conflicto. No es común que la Unión General de Trabajadores (UGT), generalmente más moderada y cercana al Partido Socialista, se sume a movilizaciones de esta envergadura con la CGTP, tradicionalmente más combativa.

De hecho, es la primera vez desde 2013 —fecha marcada por otra crisis de austeridad tras el rescate financiero de Portugal por la troika— que ambas organizaciones caminan juntas en una huelga nacional.

Fragmentación política frente al malestar social

En el Parlamento, la izquierda ha hecho causa común con los sindicatos. El Bloque de Izquierda y el Partido Comunista han acusado al gobierno de aplicar una “receta neoliberal caduca e injusta”, mientras que el Partido Socialista ha adoptado una postura ambigua, instando al diálogo entre gobierno y centrales obreras, pero sin un rechazo tajante a la reforma.

Entretanto, la ciudadanía parece estar en pie de lucha. Según una encuesta publicada por Expresso esta semana, un 62% de los portugueses apoya la huelga, mientras que solo un 28% muestra satisfacción con la actuación del gobierno en materia laboral.

El modelo portugués en la encrucijada

Portugal ha sido ejemplo de recuperación económica en Europa desde la última crisis financiera. Con una tasa de desempleo por debajo del 6% y un crecimiento sostenido, ha sido incluso objeto de elogios por parte del Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, estos avances financieros no se han traducido en un aumento del bienestar social generalizado.

La concentración de la riqueza, el auge del turismo sin regulación y la inversión especulativa extranjera en el sector inmobiliario han generado un escenario en el que muchos jóvenes y trabajadores cualificados emigran buscando oportunidades más prometedoras, sobre todo a Francia, Alemania y Reino Unido.

En palabras del economista portugués José Reis: “Estamos creciendo, sí, pero con desigualdad. Y eso terminará revirtiéndose en descontento social o en desafección democrática, como ya vemos con el auge de la extrema derecha en Portugal.”

El futuro del trabajo en juego

Más allá del caso portugués, la huelga plantea una discusión más amplia sobre el futuro del trabajo en Europa. En una era postpandémica en la que se promueve el teletrabajo, se debaten las inteligencias artificiales aplicadas al empleo y se reformulan los conceptos de jornada laboral y contrato indefinido, movimientos como el portugués reafirman la necesidad de una renovación democrática y participativa del diálogo social.

Mientras los sindicatos marchaban por las calles de Lisboa al canto de “Não à precariedade, sim aos direitos!” (¡No a la precariedad, sí a los derechos!), el mensaje era claro: los trabajadores quieren ser parte del nuevo modelo económico, sin resignarse a pagar —una vez más— el precio del ajuste.

Portugal mira hacia el futuro, pero con los pies firmemente anclados en la lucha histórica por la justicia social.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press