¿Por qué tantos estadounidenses sienten que su economía sigue estancada?
Más allá de los titulares económicos: una mirada al costo de vida, precios persistentes y la percepción ciudadana bajo el mandato de Trump
Un fin de año con sabor amargo: el peso de los precios cotidianos
Para millones de estadounidenses, las festividades de fin de año están resultando menos alegres de lo habitual. Una encuesta reciente del Centro AP-NORC para la Investigación de Asuntos Públicos ha revelado que un alto número de personas ha tenido que recurrir a sus ahorros, reducir gastos o posponer compras debido al elevado costo de vida.
El 87% afirmó haber notado aumentos significativos en el precio de los alimentos. Además, cerca de dos tercios señalaron incrementos en los costos de electricidad y regalos navideños. Uno de cada dos encuestados aseguró tener dificultad para comprar los obsequios que quisieran.
El fantasma persistente de la inflación
Si bien la inflación comenzó a moderarse desde su pico en 2022, el efecto acumulativo de los altos precios sigue afectando a las familias. La inflación interanual en diciembre se situó en torno al 3%, aún por encima del objetivo del 2% trazado por la Reserva Federal.
“Lo que duele no es solamente la inflación, sino el nivel alcanzado por los precios. Aunque suban más lento, siguen siendo altos”, señala Neil Irwin, analista económico.
¿Qué papel juegan las políticas de Trump?
Donald Trump regresó a la presidencia con una promesa: reducir los precios y revitalizar la economía. Sin embargo, su política de aranceles ha reavivado presiones inflacionarias. Sectores como el comercio minorista y la agricultura han visto encarecimientos por las restricciones arancelarias impuestas a productos importados cruciales.
“Los aranceles impuestos por Trump han encarecido la cadena de suministro. Ahora hay más incertidumbre sobre a qué precio llegarán los productos”, explicó Chad Bown, economista del Peterson Institute for International Economics.
Consumidores cautelosos: ¿cómo están reaccionando los ciudadanos?
- El 40% de los estadounidenses afirma que ha recurrido más de lo deseado a sus ahorros.
- Un 50% afirma buscar más activamente el precio más bajo antes de comprar.
- Un número similar está aplazando compras significativas o reduciendo gastos en bienes no esenciales.
Los datos cruzan líneas políticas. Aunque los demócratas son más proclives a admitir recortes en sus gastos, también el 40% de los republicanos confiesa que ha disminuido su consumo de bienes no esenciales.
Una economía "en pausa" según los ciudadanos
A pesar de los discursos optimistas desde la Casa Blanca, un 68% de los adultos estadounidenses describen la situación económica del país como "pobre". Esta perspectiva no ha cambiado significativamente desde diciembre de 2024, antes de la nueva presidencia de Trump.
El mandatario, frustrado ante la falta de reconocimiento popular, afirmó: “¿Cuándo entenderá la gente lo que está ocurriendo? ¿Cuándo reflejarán las encuestas la grandeza de EE.UU. en este momento?” publicó en Truth Social.
La paradoja de la recuperación sin entusiasmo
Que el desempleo se mantenga bajo, que el consumo general no se haya desplomado y que la economía no haya entrado en recesión técnica, no satisface a muchos hogares donde la presión del día a día se vuelve asfixiante.
Sergio Ruiz, emprendedor inmobiliario de Arizona, lo resume así: “Los precios están más altos. ¿Qué puedes hacer? Necesitas ganar más dinero. Ese es el problema: no es solo inflación, es que los ingresos no crecen al mismo ritmo”.
¿Quién sufre más?
No todos los ciudadanos sienten la presión de la misma forma. Entre los más afectados se encuentran:
- Las familias de clase media baja que dependen de la asistencia social.
- Personas mayores con ingresos fijos.
- Emprendedores que enfrentan aumento en costos de insumos y energía.
- Consumidores con deudas, especialmente de tarjetas, ante tasas de interés históricamente elevadas.
Millicent Simpson, residente de Cleveland y beneficiaria de Medicaid, cuenta que ahora debe elegir entre pagar la electricidad o hacer la compra. “Trump está haciendo que sea más difícil para nosotros”, dice. “Está perjudicando los programas gubernamentales de los que dependemos muchísimos, jóvenes y mayores.”
Comparaciones inevitables: Trump vs. Biden
Interesantemente, las percepciones actuales son similares a las registradas durante la presidencia de Biden en 2022, cuando la inflación alcanzó un 9.1%. En ese entonces, también se registró una caída en la confianza del consumidor.
Esto plantea interrogantes válidos sobre si los sentimientos negativos hacia la economía obedecen más a dinámicas estructurales que a políticas individuales. “Hasta cierto punto, el enojo se mantiene constante, cambia el destinatario dependiendo del partido en el poder”, comenta la politóloga Rachel Bitecofer.
La frustración crece en la temporada navideña
La Navidad suele ser un termómetro clave del ánimo de los consumidores. Este año, más de la mitad de los hogares afirma recortar gastos navideños. Regalos más baratos, menos salidas y un regreso a estrategias de ahorro como los cupones y programas de “compre ahora, pague después” se apoderan del panorama.
Andrew Russell, profesor universitario, solía comprar regalos internacionales únicos, pero este año no pudo pagarlos. “Todo lo compré localmente, y sólo lo que podía recoger en persona”, cuenta. Esta decisión fue provocada por el encarecimiento resultante de los aranceles y retrasos en las importaciones.
¿Por qué la gente no siente lo que muestran los indicadores?
La caída de la inflación respecto al 2022 no se ha traducido en una percepción positiva. ¿Por qué? Uno de los factores claves es que, aunque el ritmo de aumento de los precios se ha desacelerado, los precios no han regresado a niveles prepandémicos. Esa diferencia sigue doliendo en el bolsillo.
Otra causa es el debilitamiento del mercado laboral. Pese al bajo desempleo, hay un estancamiento general en los salarios. Las tasas de interés altas y el aumento en el costo de créditos hipotecarios, automotrices y universitarios también generan presión.
Perspectivas a futuro
Solo el 20% de los encuestados cree que el país estará mejor económicamente en 2026. Casi el 40% teme que será peor. A pesar del optimismo presidencial que asegura mejoras gracias a un “efecto bola de nieve” con sus políticas, hasta ahora no logra convencer.
Mientras tanto, la Casa Blanca ha iniciado una gira nacional con el presidente Trump intentando motivar la confianza popular. Pero la percepción está profundamente arraigada en la experiencia cotidiana de millones.
Como comentó Abia, madre trabajadora de Texas: “No es que no quiera creer que la economía va a mejorar, pero mis cuentas no esperan. Hoy llenar el tanque de gas y la nevera cuesta el doble que hace cuatro años”.
