Boris el Tanquero: La increíble historia de un avión ruso atrapado 16 años en Michigan

Entre conflictos internacionales, demandas judiciales y visados expirados, un Ilyushin IL-78 encontró un inesperado limbo en el norte de Estados Unidos

Un aterrizaje inesperado en Gwinn

El 17 de julio de 2009, el tranquilo aeropuerto regional de Marquette Sawyer, en la Península Superior de Michigan, fue testigo de un suceso insólito: el aterrizaje de un gigantesco avión de carga ruso Ilyushin IL-78. Lo que iba a ser una breve parada para repostar combustible se convirtió en un episodio de alta tensión que terminaría inmovilizando la aeronave durante más de 16 años.

Este coloso del aire, también apodado por los lugareños como Boris el Tanquero, debía continuar vuelo hacia Islandia y luego a Pakistán, donde supuestamente iba a ser utilizado para entrenamiento militar. Sin embargo, su destino cambió abruptamente al caer bajo una montaña de conflictos legales, migratorios y financieros.

Una llamada desde Texas lo cambia todo

Ese mismo día, una llamada al Sheriff del condado de Marquette alertó sobre una supuesta violación de una orden judicial emitida en Texas: el avión no debía abandonar ese estado. Un mecánico texano, molesto por no haber recibido el pago por trabajos realizados, había iniciado una demanda contra los dueños del avión. A esto se sumó el hecho de que la mitad de la tripulación tenía visados vencidos, lo que atrajo rápidamente la atención del ICE y el FBI.

"El aeropuerto se iluminó como un árbol de Navidad, con patrullas policiales saliendo de todos lados", recordó Dwight Barnell, bróker de aviación y uno de los personajes centrales de esta historia. Cinco miembros de la tripulación, incluido el piloto, fueron detenidos y la aeronave quedó inmovilizada por orden judicial.

Una maraña de dueños y deudas

La historia del avión comenzó en realidad en 2005, cuando fue adquirido por una empresa de Delaware llamada North American Tactical Aviation por aproximadamente 4 millones de dólares. El avión fue construido en Uzbekistán y vendido desde Ucrania. Aunque originalmente fue diseñado para reabastecimiento aéreo, podía adaptarse fácilmente para transportar carga pesada.

Pero el negocio no resultó como Barnell esperaba. Intentó venderlo, incluyó su posible uso para combatir incendios forestales, pero la política y el proteccionismo comercial en EE.UU. barrieron esa posibilidad. Entonces, el avión cambió de manos: Air Support Systems asumió su propiedad y contrajo una serie de préstamos, dejando el avión como garantía.

En 2008, Air Support Systems contrajo una deuda por más de 1 millón de dólares con una empresa de Gibraltar llamada Headlands Limited. Para 2009, al menos seis entidades diferentes reclamaban derechos sobre la aeronave.

El limbo legal más extraño del mundo aéreo

Durante gran parte de los años siguientes, el avión fue objeto de batallas judiciales tanto en tribunales estatales como federales. Se gastaron cientos de miles de dólares simplemente en almacenarlo, a razón de unos 1,000 dólares mensuales. Fue necesario colocar camiones barredores y quitanieves para evitar su escape involuntario del aeropuerto.

“Nos aseguramos de que no fuera a ningún lado”, indicó David Erhart, administrador del aeropuerto de Marquette.

Finalmente, en 2017, un juez asignó los derechos de venta a Headlands. Dos años después, la empresa consultora con sede en Filadelfia Meridican Inc. adquirió la aeronave. Pero justo cuando parecía que el capítulo estaba a punto de cerrarse, llegó la pandemia de COVID-19, que congeló muchas operaciones del transporte aéreo.

El factor geopolítico: guerras que elevan el valor

Cuando Rusia invadió Ucrania en 2022, y luego estalló el conflicto entre Israel y Hamas en Gaza, el transporte de carga aérea vivió un auge inesperado. La demanda de grandes aviones de carga se disparó, y el valor estimado del olvidado avión ruso en Michigan pasó de $12 millones a nada menos que $50 millones.

“Hemos visto un repunte significativo en la actividad de compra gracias a estos conflictos que están generando una gran necesidad logística”, explicó Barnell. Diversas compañías han mostrado interés en adquirirlo.

¿Una segunda vida para Boris?

La situación burocrática ha retrasado el proceso: meramente para inspeccionar el avión se necesita la llegada de ingenieros ucranianos, quienes están atrapados en la larga cola de espera del sistema de visados estadounidense desde finales de 2023.

Una vez que logren ingresar al país y examinar la nave, empezarán los trabajos para devolverle su capacidad de vuelo. Se estima que tomará unos 3 a 4 meses y una inversión de alrededor de $500,000, según Barnell.

A pesar de los años al aire libre y el desgaste visual externo, las evaluaciones han determinado que no hay corrosión estructural severa y que la nave está en condiciones óptimas para ser restaurada.

Un avión con alma, una leyenda local

Para los residentes de Marquette, el avión se convirtió en un símbolo, casi una atracción turística. Muchos lo apodaron cariñosamente “Boris the Tanker”, y su posible partida genera incluso cierta nostalgia.

El IL-78 mide 48 metros de largo, 50 de envergadura y 14 metros de altura, y es capaz de cargar más de 170 toneladas. Una mole que, si logra despegar nuevamente, cerrará uno de los capítulos más surrealistas en la historia de la aviación civil en EE.UU.

“No diría que podría despegar”, dijo con seguridad Barnell. “Va a despegar.

Y cuando lo haga, será el final de una de las telenovelas aeronáuticas más extraordinarias de todos los tiempos.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press