Cansancio al límite: ¿Está el fútbol femenino forzando a sus estrellas a un punto de quiebre?
Entre más torneos y calendarios repletos, las mejores jugadoras del mundo enfrentan una sobrecarga física sin precedentes, mientras otras carecen de minutos para crecer. El equilibrio es urgente.
Por mucho tiempo, el fútbol femenino luchó por más visibilidad, inversión y oportunidades competitivas. Y aunque hoy se vive una expansión sin precedentes del deporte en todo el planeta, esa misma evolución ha traído consigo un desequilibrio alarmante: la sobrecarga competitiva de las estrellas y la subutilización de muchas otras.
Más partidos, menos descanso
Un informe reciente de FIFPRO, el sindicato global de futbolistas profesionales, revela realidades inquietantes sobre la carga de trabajo en el fútbol femenino profesional. El análisis se basó en datos recolectados durante la temporada 2024-2025, con una muestra de 300 jugadoras de 30 ligas distintas. Por primera vez desde 2020, año en que comenzaron a estudiar tendencias de carga física, al menos 15 jugadoras disputaron más de 50 partidos en una sola temporada.
Entre las jugadoras con más acción destaca la estrella española Aitana Bonmatí, Balón de Oro y pilar del FC Barcelona y la selección española. Bonmatí disputó 60 partidos en total, de los cuales un abrumador 57% fue con menos de cinco días de recuperación entre encuentros. Este ritmo frenético culminó con una fractura de fíbula durante un entrenamiento, que la dejará fuera de las canchas al menos cinco meses.
"No se trata solo del calendario, sino del entorno y las condiciones en las que se desarrollan esos partidos", aseguró Alex Culvin, directora de fútbol femenino de FIFPRO. "Nuestro enfoque es holístico: se trata de crecer sosteniblemente, pero con las jugadoras en el centro".
La paradoja del desarrollo desigual
El informe también subraya el contraste entre la sobreutilización de las grandes figuras y la escasa actividad de muchas futbolistas en ligas europeas importantes. En países como Alemania y Francia, algunas profesionales no superaron las 13 o 14 apariciones durante toda la temporada. Esto puede parecer un alivio frente al superciclo de partidos de figuras como Bonmatí, pero es igualmente preocupante.
"Me alarmaron tanto los datos de sobrecarga como los de subcarga. Ambas situaciones son reales", apuntó Maitane López, jugadora del Chicago Red Stars y de la selección española. "Hay chicas jóvenes llegando a las grandes ligas sin minutos ni desarrollo. A la larga, eso será insostenible. Todos queremos ganar, pero sin cuidar a las jugadoras, los resultados no se sostendrán".
Esta disparidad en minutos jugados erosiona el objetivo de crecimiento estratégico del fútbol femenino: expandirse con cimientos sólidos y sostenibles a largo plazo.
Viajes infinitos, recuperación mínima
A la carga de partidos se suma otro factor que erosiona el cuerpo de las atletas: los desplazamientos. La colombiana Linda Caicedo, futbolista del Real Madrid y de la selección cafetera, acumula una cifra increíble: más de 95.000 km viajados durante la temporada, a través de 18 desplazamientos internacionales.
Las consecuencias no son pequeñas. Los viajes interfieren con el descanso, los ciclos de sueño, la aclimatación y los esquemas de entrenamiento individualizados. Todo ello, sin mencionar el estrés psicológico que implica cambiar constantemente de entorno y dinámica.
¿Competencias en exceso?
Parte de esta vorágine responde al crecimiento, innegablemente positivo, de las competiciones. Basta con hacer un recorrido por los nuevos frentes abiertos en los últimos años:
- Más países organizando ligas profesionales.
- Expansión de la Champions League femenina.
- Nuevas copas regionales, como la CONCACAF W Gold Cup.
- Clasificatorios internacionales más largos y con más equipos.
Todo esto ha contribuido a un calendario que se extiende sin verdaderas "ventanas de oxígeno" para las protagonistas. La FIFA ya tiene programado el calendario femenino hasta 2029, pero FIFPRO insiste en que es imprescindible introducir períodos de descanso obligatorios e inviolables dentro del mismo.
Una cuestión de equidad y bienestar
Las comparaciones con el fútbol masculino resultan inevitables. Mientras que muchas ligas masculinas cuentan con plantillas más extensas, tecnologías de medición más avanzadas, y estructuras de recuperación más desarrolladas, en el fútbol femenino este tipo de protecciones aún son deficitarias.
Cabe recordar que el fútbol femenino sigue lidiando con problemáticas básicas en ciertas regiones: instalaciones inadecuadas, falta de indumentaria específica y contratos poco garantistas. Bajo este marco desigual, forzar a las jugadoras de élite a rendir sin pausas multiplica el riesgo de lesiones de corto y largo plazo.
Según varios estudios de medicina deportiva, las lesiones más comunes entre jugadoras profesionales son:
- Ruptura del ligamento cruzado anterior (LCA): hasta ocho veces más frecuente que en varones.
- Distensiones musculares (isquiotibiales, gemelos).
- Fracturas por estrés, como la que sufrió Bonmatí.
El International Journal of Sports Physiology and Performance señaló que hasta el 80% de las lesiones más graves en mujeres futbolistas podrían estar ligadas a una mala gestión del descanso y a calendarios sobrecargados.
Crecer, sí. Pero con cabeza
El mensaje de FIFPRO resuena potente: no se trata de frenar el ritmo de expansión, sino de hacerlo con inteligencia. Crear entornos seguros y equilibrados para las jugadoras debe ser un imperativo estructural, no solo una consigna retórica.
"Estamos construyendo el futuro del fútbol femenino, pero debe ser un futuro habitable para sus protagonistas. Estamos viendo un exceso en un lado y una falta en el otro. El calendario necesita reformulación urgente", agregó Alex Culvin.
Más minutos para quienes lo necesitan, menos presión para las que acumulan más de lo razonable. Una base de datos global que ayude a monitorear la evolución física y mental de las futbolistas, y una legislación impulsada por FIFA y confederaciones que garantice protecciones reales. Un enfoque cooperativo entre clubes, federaciones y sindicatos es el único camino viable.
¿Es sostenible el sacrificio?
La historia de cada Aitana Bonmatí ilustra el costo oculto del éxito colectivo. El crecimiento del fútbol femenino necesita de sus íconos, pero no a costa de su salud física y mental. Seis partidos al mes, viajes internacionales constantes, pocos días de descanso y presión constante por rendir no deberían ser el nuevo estándar.
Así lo sintetiza Maitane López: "Si seguimos exigiendo y exigiendo, al final no quedará nadie en pie. Queremos crecer, ganar, inspirar... pero no a cualquier precio".
El mensaje está claro: el talento no debería quemarse antes de brillar completamente. La sostenibilidad no solo es un objetivo para el planeta, también debe serlo para el fútbol... y sobre todo, para las mujeres que lo hacen grande.
