Chile al límite: populismo, miedo e identidad en la elección más polarizada desde el retorno a la democracia
El país enfrenta un posible giro histórico hacia la extrema derecha o una reafirmación progresista en medio de crisis, migración y temor al crimen
Una nación dividida entre el pasado y el futuro
Chile se encuentra frente a una elección presidencial que bien podría redefinir el rumbo ideológico del país. Con José Antonio Kast y Jeannette Jara enfrentándose en la segunda vuelta, la contienda no solo representa una disyuntiva política: es también un reflejo de las profundas fisuras sociales, económicas y culturales que envuelven a la sociedad chilena.
El país ha experimentado en los últimos años un vaivén de transformaciones: estallidos sociales, una inmigración acelerada, notorios problemas de seguridad pública y un intento fallido de redactar una nueva Constitución. En ese contexto, la elección se presenta como algo más allá de una simple votación presidencial: es una batalla cultural, histórica y emocional.
¿Por qué Kast es el favorito?
Kast, exdiputado y abogado, ha sabido capitalizar la ansiedad ciudadana con una campaña centrada en orden público, migración y estabilidad económica. Al estilo de otros líderes de derecha en la región como Nayib Bukele (El Salvador) y Javier Milei (Argentina), ha prometido mano dura contra el crimen, expulsión masiva de inmigrantes irregulares —principalmente venezolanos— y una drástica reducción del gasto estatal.
“Kast va a traer de vuelta la tranquilidad”, asegura Ernesto Romero, de 70 años, en Santiago. Su opinión se repite en muchos barrios donde la delincuencia ha aumentado con fuerza, según múltiples encuestas de percepción ciudadana.
El discurso de Kast, aunque suavizado respecto a posturas más extremas del pasado —como su negativa al aborto y su admiración por Pinochet—, sigue causando escozor en sectores que lo ven como una amenaza a los avances democráticos. “Hemos aprendido que no se puede gobernar desde la ingenuidad”, declaró Kast en un mitin reciente. “Necesitamos poner orden antes de que el caos destruya Chile por completo”.
Las propuestas de Kast: ¿efectivas o desproporcionadas?
Uno de los ejes más polémicos de su agenda es la migración. Según cifras del gobierno chileno, actualmente hay cerca de 337.000 inmigrantes sin estatus legal en el país. Kast promete deportaciones masivas, más recursos para Carabineros y el uso de cárceles de alta seguridad inspiradas en el modelo de El Salvador.
Además, propuso reducir el gasto estatal en $6 mil millones de dólares en solo 18 meses, algo que economistas como Klaus Schmidt-Hebbel consideran irreal a corto plazo. Aun así, su equipo económico afirmó estar dispuesto a revisar el ritmo de esas modificaciones si llegara al poder.
Jara, la opción de la izquierda democrática
Jeannette Jara, por su parte, representa todo lo contrario a Kast. Exministra de Trabajo del gobierno de Gabriel Boric, proviene de orígenes humildes —vendía completos y papel higiénico mientras estudiaba— y logró escalar sin los privilegios del establishment político tradicional.
Jara ha sido una de las artífices de las principales reformas sociales de Boric, incluyendo el aumento del salario mínimo, disminución de la jornada laboral a 40 horas y negociaciones para una pensión básica universal. “Ella representa dignidad y derechos conquistados, no retrocesos”, declaró Lucía Poblete, ingeniera y simpatizante de Jara.
Pero su afiliación al Partido Comunista desde los 14 años continúa siendo un obstáculo importante para atraer el voto moderado. “Los medios y la derecha han logrado asociarla con los peores fantasmas del comunismo, aunque sus propuestas son perfectamente democráticas”, explica la socióloga Lucía Dammert.
El factor Boric y la pesada mochila del oficialismo
Aunque Jara logra desmarcarse con su perfil técnico y negociador, llevar el respaldo del gobierno actual no ayuda. El presidente Boric, que fue elegido en 2021 con una fuerte agenda progresista, hoy enfrenta una aprobación que ronda el 30%, golpeada por una economía estancada y problemas de gestión.
Además, la izquierda fue severamente castigada en la primera vuelta, donde el 70% de los votos se alinearon con partidos de derecha o centro derecha. Solo una coalición electoral heroica podría mantener viva su candidatura. Para Ricardo Solari, estratega de campaña de Jara, “la única posibilidad es que la ciudadanía entienda el riesgo de un giro extremo a la derecha”.
El miedo como motor electoral
Uno de los elementos más llamativos de esta elección es la manipulación emocional de temas como la inseguridad, donde Kast ha logrado dominar el relato. Aunque los índices oficiales muestran una disminución en la tasa de homicidios en los últimos dos años, la percepción ciudadana indica todo lo contrario: una encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) reveló que el 63% de los chilenos siente que la delincuencia ha aumentado, y el 49% dice haber cambiado su rutina por miedo al crimen.
Viviana Olguín, analista política, comenta que “más que evaluar propuestas, los votantes están reaccionando visceralmente al miedo, real o percibido. Y en ese terreno, la narrativa de Kast es mucho más potente.”
¿Volver al pasado o proyectar el futuro?
Los eslóganes de ambas campañas hablan por sí solos: “Volver al orden” versus “Proyectar el futuro”. Kast, con una retórica más punitiva y tradicionalista, apela a una visión nostálgica del Chile preestallido social; Jara, en cambio, ofrece un camino más gradualista, con reformas sociales y fortalecimiento del Estado.
Para Eduardo Marillana, exsimpatizante de la izquierda que ahora apoya a Kast, “no es momento de sutilezas. Los delincuentes no entienden de derechos humanos. Necesitamos a alguien que actúe con firmeza”.
Ante eso, Jara insiste en que “la democracia no se defiende desde el miedo, sino desde la justicia”. Tanto su equipo como sus seguidores temen que Chile repita el fenómeno global donde democracias erosionadas impulsan mandatarios autoritarios en nombre de la seguridad.
Chile en el espejo del mundo
Lo que ocurra en esta elección será seguido con atención por toda América Latina y el mundo. Kast representa la consolidación de una oleada regional de populismos de derecha con rasgos autoritarios, inspirados en el modelo Milei en Argentina, Bukele en El Salvador o incluso en ciertas tácticas discursivas de Donald Trump. Por otro lado, Jara intenta sostener un modelo que combine capitalismo con derechos sociales: una socialdemocracia en tiempos convulsos.
¿Podrá el miedo vencer a la esperanza? ¿O Chile apostará por una izquierda moderada con pasado comunista? El futuro decidirá si el país andino huye hacia un ayer sin retorno o abraza un mañana incierto pero con promesas de inclusión.
La cita con la historia
El domingo, 15 millones de votantes decidirán entre dos caminos claramente diferenciados. Más que con programas, lo harán con emociones. No se trata solo de economías ni estadísticas, sino de memorias colectivas, miedos cruzados y anhelos truncados. Chile está al borde de una transformación histórica, y el mundo observa atentamente.
