De la velocidad al fracaso: Grand Slam Track y el espectacular colapso de la liga de élite del atletismo

Prometía revolucionar el atletismo con grandes nombres y premios millonarios, pero terminó en bancarrota. ¿Qué salió mal con el ambicioso proyecto encabezado por Michael Johnson?

Una liga que quiso romper el molde

Era una visión audaz: una liga de atletismo profesional que rivalizara con los más grandes eventos deportivos del mundo en términos de espectáculo, visibilidad y compensación económica para los atletas. Bajo la dirección del histórico campeón olímpico Michael Johnson, Grand Slam Track arrancó con una promesa que electrizó al mundo del deporte: reimaginar el atletismo para los tiempos modernos.

Con un supuesto respaldo financiero de $30 millones de dólares y contratos firmados con figuras de élite como Sydney McLaughlin-Levrone, Anna Hall y Melissa Jefferson, el proyecto parecía imparable. Pero en menos de un año, el sueño se desmoronó.

De lo sublime a lo ridículo: el camino hacia la quiebra

El pasado jueves, Grand Slam Track se acogió al Capítulo 11 de la Ley de Quiebras en el estado de Delaware, en un intento por reestructurar sus deudas y sobrevivir. Sorprendentemente, en los documentos judiciales la liga reconoció tener menos de $50,000 en efectivo, pese a deber entre $10 y $50 millones. Al menos entre 200 y 999 acreedores esperan recuperar algo de su inversión o trabajo —incluyendo a los propios atletas.

La bancarrota llegó después de una cadena de eventos desafortunados. El golpe más visible fue la cancelación del evento final en Los Ángeles, una de las pruebas clave para consolidarse como referencia global del atletismo fuera de los Juegos Olímpicos. La cancelación dejó a atletas y proveedores sin pagos, y encendió todas las alarmas.

La estrella Michael Johnson bajo fuego

Michael Johnson, imagen y cerebro de la iniciativa, publicó una declaración tras haberse hecho pública la declaración de bancarrota: “Me niego a renunciar a la misión de Grand Slam Track y al futuro que estamos construyendo juntos.”

Sin embargo, muchos atletas no comparten su optimismo. Según reportó The Athletic en octubre de 2023, varios corredores aún no han recibido sus premios, que ascienden a cifras de seis dígitos. Además, la liga ofreció a sus acreedores un acuerdo para pagar solamente el 50% de lo adeudado, o arriesgarse a perderlo todo si se presentaba la bancarrota. La mayoría rechazó la oferta, lo que aceleró el colapso financiero.

Contrato millonario, deudas millonarias

Para entender la magnitud del problema, es importante destacar que Grand Slam Track prometía premios por carrera que oscilaban entre $100,000 y $300,000, muy por encima de lo que usualmente se ofrece fuera de los Juegos Olímpicos o Campeonatos Mundiales. Esto atrajo a atletas destacados, pero también generó una carga financiera inmensa que la liga no pudo soportar tras los primeros tres eventos.

La situación ilustra lo difícil que es lograr equilibrio entre espectáculo, rentabilidad e inversión en un deporte que, históricamente, carece de una estructura profesional comparable a ligas como la NBA, NFL o incluso el tenis ATP/WTA.

Atletismo: el eterno olvidado del 'mainstream'

El contexto general del atletismo no ayudó a Grand Slam Track. A pesar de contar con estrellas, el atletismo sufre de una brecha mediática grave fuera de los ciclos olímpicos. Un estudio del Comité Olímpico Internacional muestra que más del 75% de la audiencia global del atletismo se concentra en los Juegos cada cuatro años. Entre Olimpiadas, las competiciones como la Liga Diamante reciben poca cobertura fuera de Europa y ciertas partes de África.

Aun con retransmisiones en canales digitales y una comunidad global de fanáticos, Grand Slam Track no logró ese anclaje cultural que tienen otros deportes. La falta de acuerdos sólidos de transmisión, la escasa venta de entradas, y la limitada visibilidad en redes y medios tradicionales contribuyeron al desinterés del gran público.

Errores clave: ¿mal manejo, exceso de ambición o ambas?

Expertos en marketing deportivo sugieren que Grand Slam Track sufrió de una combinación letal de sobreestimación del interés del público general, mala planificación financiera y una ejecución empresarial deficiente.

“Era un proyecto basado en buenas intenciones, pero sin la infraestructura adecuada”, afirma Rodrigo Díaz, consultor en gestión de eventos deportivos en América Latina. “El atletismo necesita visibilidad, sí, pero también modelos de negocio sostenibles. Ir por todo en la primera temporada sin haber probado el formato resultó ser un suicidio corporativo”.

Lo que queda: atletas en deuda y un deporte con pocas opciones

Los más perjudicados con el colapso han sido los atletas que firmaron contratos esperando un pago justo por su rendimiento. Algunos de ellos, como Melissa Jefferson, habían señalado que “esto significaba una oportunidad para vivir del atletismo como otros viven del fútbol o el béisbol.”

Ahora, se enfrentan a un dilema económico y profesional: intentar recuperar lo poco que puedan como acreedores o resignarse ante la decepción.

El colapso también genera un precedente preocupante para futuras iniciativas similares. ¿Quién se atreverá a invertir en una liga paralela sabiendo el destino de Grand Slam Track? El atletismo parece condenado a vivir bajo el paraguas del ciclo olímpico, salvo que las grandes instituciones como World Athletics encuentren un modelo más atractivo y comercializable.

Lecciones para el futuro

  • El marketing por sí solo no construye sostenibilidad: Aunque tener estrellas puede atraer la atención inicial, sin un modelo de ingresos claro y diversificado, todo colapsa.
  • No subestimar la complejidad de la logística deportiva: Calendarios, acuerdos con ciudades sede, patrocinadores, derechos de televisión… todo requiere experiencia y tiempo.
  • Los atletas merecen estabilidad: Tal como ocurre en la NBA o la F1, los deportistas de élite necesitan un entorno que les garantice estabilidad contractual. Sin esto, proyectos “revolucionarios” seguirán fracasando.

¿Hay esperanzas para que el atletismo resurja?

El atletismo sigue siendo una de las disciplinas más vistas del mundo cuando se celebran eventos masivos. Pero para monetizarlo de forma consistente, necesita reorganización, profesionalización y más apertura a nuevos formatos. Si el fracaso de Grand Slam Track se convierte en una lección, quizás aún haya espacio para un renacimiento del deporte más antiguo del mundo.

La caída de esta liga no es solo el final de una empresa. Es también un reflejo de las profundas fallas estructurales del atletismo moderno. Quizás, a pesar de todo, el intento haya valido la pena por revelar las verdaderas necesidades del deporte.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press