Gaza entre escombros y esperanzas rotas: las vidas amputadas tras los bombardeos
Miles de personas viven con extremidades perdidas, esperanzas detenidas y una infraestructura médica colapsada en Gaza tras la guerra. Esta es una mirada humana a su lucha diaria por sobrevivir.
Una vida detenida tras la destrucción
En medio de la devastación en la Franja de Gaza, decenas de miles de personas intentan reconstruir sus vidas, pero para muchos la guerra dejó heridas irreversibles. La historia de Haneen al-Mabhouh lo resume todo: una madre que perdió a sus cuatro hijas, su hogar y una pierna tras un bombardeo israelí. Mientras espera desde hace 10 meses una evacuación médica que no llega, vive postrada en una silla de ruedas, impotente y sin poder rehacer su vida.
El precio invisible de la guerra: los amputados
De acuerdo con estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre 5.000 y 6.000 palestinos han sufrido amputaciones durante los últimos dos años de conflicto. Un 25% de estas víctimas son niños, muchos de los cuales ya no podrán volver a caminar o jugar.
Incluso al margen de las pérdidas humanas directas por bombardeos, estos casos representan una tragedia doble: sobreviven al golpe, pero quedan atrapados en cuerpos discapacitados, sin acceso a tratamientos o prótesis.
La carencia absoluta de prótesis
La situación es tan crítica que en Gaza solo ocho técnicos de prótesis están activos para una población mutilada que supera los miles. El Centro de Prótesis y Poliomielitis de Ciudad de Gaza (uno de los dos únicos centros que siguen operando) ha podido atender apenas 250 casos desde el inicio de la guerra en 2023, según su directora, Nevin Al Ghussein.
No ingresaban materiales para manufacturar prótesis desde hace casi dos años, hasta un reciente envío, el primero significativo desde el conflicto. Según Loay Abu Saif, del programa de discapacidades de Medical Aid for Palestinians (MAP), el problema no es una prohibición formal por parte de Israel, sino un entramado burocrático que ralentiza o descarta estos ingresos por completo.
“Mi futuro está paralizado”
Para Haneen, cada día en casa de sus padres es un recordatorio de lo que ya no tiene. “No puedo cambiarme la ropa sola, ni siquiera sostener una pluma”, dice. Aún más doloroso es el vacío emocional: perdió a sus cuatro hijas, entre ellas una bebé de cinco meses. “Nunca escuché a mi hija decir ‘mamá’, ver su diente salir o verla dar un paso”.
La movilidad, que antes pasaba inadvertida, se ha convertido en un anhelo irreal. “Solo quiero volver a caminar. Es mi derecho”, afirma Haneen entre lágrimas.
Evacuaciones médicas, una promesa incumplida
Tras dos meses de alto el fuego, poco ha mejorado. Según datos de Naciones Unidas, al menos 16.500 palestinos necesitan tratamiento médico vital fuera de Gaza. Solo 235 pacientes han sido evacuados desde el alto el fuego en octubre, lo que representa un promedio de menos de cinco pacientes al día.
Antes del alto el fuego, la media era aún menor, apenas tres por día. El embudo empieza con la lentitud de las autorizaciones, pero se agrava ante la falta de hospitales extranjeros dispuestos a recibir a los pacientes, como aclara el Dr. Richard Peeperkorn, representante de la OMS en el territorio palestino ocupado.
Viviendo entre ruinas y dolores
Yassin Marouf, de 23 años, vive ahora en una tienda de campaña en el centro de Gaza. Perdió su pie izquierdo y su pierna derecha solo se mantiene unida por varillas. Fue alcanzado por metralla israelí mientras regresaba de visitar su antiguo hogar.
Su hermano murió en el ataque. Él sobrevivió a la hemorragia y a la agresión de un perro callejero que se ensañó con su pierna destrozada mientras yacía inconsciente. Los médicos temen que necesite amputar también su pierna derecha, salvo que pueda salir de Gaza para ser operado en el extranjero. “No tengo para pagar analgésicos. Si quiero ir al baño, necesito ayuda de dos personas”, relata.
Un futuro truncado para miles
La OMS calcula que más de 42,000 personas han sufrido heridas con impacto duradero: amputaciones, traumas craneales, lesiones en la médula espinal y quemaduras graves. La mayoría de estas personas, al igual que Marouf, no pueden pagarse una recuperación médica adecuada.
Mohamed al-Naggar, de 21 años, soñaba con especializarse en tecnología en la Universidad de Palestina. Pero las esquirlas de un misil destruyeron esa ambición. Le amputaron la pierna izquierda por encima de la rodilla. Su pierna derecha está todavía lesionada y tiene trozos de metal en el cuerpo. La movilidad le es completamente imposible. “Quiero salir a ponerme una prótesis, graduarme, y ser un joven normal como los demás”, dice.
Obstáculos administrativos: una tragedia silenciosa
Israel asegura que no impide legalmente la entrada de materiales médicos o prótesis, pero según organizaciones como MAP, los obstáculos logísticos y burocráticos equivalen, en la práctica, a una prohibición. Mientras tanto, no hay acceso a prótesis prefabricadas. Los materiales para producirlas localmente también escasean.
Para Ibrahim Khalif, esto significa una condena económica. Él solía trabajar limpiando casas y haciendo trabajos duros. Perdió su pierna en enero de 2025 durante un ataque mientras iba a comprar comida. Su esposa está embarazada. No puede proveer a su familia: “Yo era el sustento de mis hijos. Ahora estoy sentado aquí. Pienso en cómo era y en lo que me he convertido”.
La otra cara de la guerra: los olvidados
Entre informes sobre cambios políticos y estrategias militares, las historias como la de Haneen, Yassin o Mohamed rara vez ocupan titulares. Son historias de sufrimiento silencioso y esperanza contenida. El conflicto no terminó para ellos con la última explosión. Apenas empieza otro: el de la espera eterna, el dolor sin paliativos, la vida sin movilidad ni dignidad.
Necesitan más que compasión: necesitan acción. Que se habiliten corredores médicos, que el material de asistencia pueda entrar libremente, que los heridos no sean víctimas colaterales de una guerra que también les negó el futuro.
