El senador Chuck Grassley: ¿Defensor de los denunciantes o cómplice del poder?

A sus 92 años, el histórico republicano de Iowa enfrenta duras críticas por su rol durante la administración Trump y su aparente mutismo ante el desmantelamiento del Departamento de Justicia

El “congresista vigilante”: Una reputación de décadas

Chuck Grassley, senador republicano por Iowa desde 1981, ha construido su carrera sobre la base de una imagen: la del legislador incansable dispuesto a fiscalizar a cualquier administración, sea demócrata o republicana. Famoso por su estilo sencillo, su Chevette naranja y su cruzada contra el despilfarro fiscal —como su denuncia sobre los martillos de $450 comprados por el Pentágono—, Grassley ha sido considerado durante años como una figura clave en la defensa de la protección de denunciantes (whistleblowers) en Estados Unidos.

No obstante, en medio de los cimbronazos institucionales que marcaron los años de Donald Trump como presidente, muchas de esas credenciales han comenzado a ser puestas en duda. Lo que alguna vez fue visto como neutralidad ideológica se interpreta ahora como una defensa fervorosa, casi ciega, del poder ejecutivo cuando lidera su propio partido. ¿Está el veterano senador traicionando su legado?

La paradoja de Grassley: El guardián de los denunciantes... que no denuncia

En los años 80, Grassley fue uno de los creadores del Whistleblower Protection Act de 1989, una legislación pionera para brindar resguardo legal a empleados federales que sacaran a la luz irregularidades internas.

“Él ha sido durante décadas la conciencia del Senado en cuanto a la protección de los denunciantes”, afirmó Tom Devine, director legal del Government Accountability Project. No obstante, en el último lustro, ese rol parece haberse desdibujado. Aunque Grassley asegura que su oficina ha recibido más de 5.300 denuncias solo en 2025, el tratamiento que les da, especialmente cuando podrían dañar a la administración Trump, ha sido muy cuestionado.

Una era de purgas en el Departamento de Justicia

Durante el mandato de Trump, la línea entre la política y la justicia se volvió difusa. Altos funcionarios del Departamento de Justicia (DOJ) fueron reemplazados por leales sin experiencia, y la independencia del DOJ, cimentada después del escándalo Watergate, sufrió un duro golpe. Muchos expertos acusan al liderazgo republicano en el Senado de ser cómplice por omisión.

Sin embargo, Grassley ha permanecido centrado en denunciar lo que para él es un “fracaso histórico” del DOJ de Obama en investigar adecuadamente el escándalo del servidor de correos de Hillary Clinton. Lo que para críticos como The Atlantic o ProPublica ha sido una distracción anacrónica, para el senador es “un ejemplo fundacional de judicialización política contra los conservadores”.

Consultado por su presunto silencio ante el fuego cruzado contra inspectores generales, fiscalizaciones opacas y despidos masivos dentro del FBI, Grassley aseguró: “La necesidad de una supervisión legislativa nunca ha sido más importante, y esta administración ha sido la más cooperativa con eso”.

Comey, Richman y el caso que lo pone en entredicho

La disputa judicial reciente que involucra a James Comey (exdirector del FBI) y a su amigo Daniel Richman, un académico que compartió información con los medios a pedido del propio Comey, ha expuesto los límites (y abusos) de poder del DOJ. Un juez federal determinó que el Departamento violó la Cuarta Enmienda al retener archivos electrónicos de Richman por más tiempo del permitido y realizar búsquedas sin nuevas órdenes de allanamiento.

“Cuando el gobierno viola la prohibición de la Cuarta Enmienda sobre registros y confiscaciones irrazonables... ¿qué remedio está disponible?”, cuestionó la jueza Colleen Kollar-Kotelly en su fallo de 46 páginas.

Este caso pone al descubierto una práctica alarmante: el uso retroactivo y arbitrario de datos recolectados en investigaciones cerradas, lo cual despierta preocupaciones sobre la manipulación judicial con motivación política. No obstante, Grassley no ha hecho comentarios públicos sobre estas denuncias, ni ha exigido una investigación independiente como lo hubiera hecho décadas atrás.

Un aliado de Trump disfrazado de centinela independiente

En los últimos años, Grassley ha respaldado sin titubeos nominaciones de funcionarios relacionados con Trump, incluso cuando denunciantes advirtieron posibles conflictos éticos. Tal es el caso de Emil Bove, cuya nominación al Tribunal de Apelaciones fue protegida directamente por el senador aun frente a objeciones de abogados internos del DOJ, quienes lo acusaron de querer manipular procesos judiciales relacionados con deportaciones.

“La retórica viciosa e injusta contra Bove ha cruzado la línea”, dijo Grassley en su defensa ante el Senado, ignorando gran parte del testimonio proporcionado por antiguos colegas de Bove.

Para Stacey Young, exabogada del Departamento de Justicia y fundadora de Justice Connection, la actitud de Grassley es desconcertante: “¿Cómo puede el Congreso permanecer en silencio? Estamos viendo una demolición del DOJ en tiempo real, y Grassley permanece sentado, mirando”.

Inspectores generales: Entre el respeto y el olvido

Uno de los legados más positivos del senador ha sido su defensa férrea de los Inspectores Generales (IG), considerados los guardianes internos contra el abuso de poder. Sin embargo, en los primeros días de la presidencia de Trump, varios IG fueron despedidos sin justificación legal, violando la exigencia de notificación con 30 días de anticipación.

Grassley reaccionó con una carta al presidente solicitando explicación inmediata. Dicha explicación tardó ocho meses. La Casa Blanca simplemente respondió que tenía “otras prioridades”. Grassley no emitió otra declaración. El silencio fue ensordecedor.

“No puedo imaginar que el Grassley de hace algunos años dejara pasar esta barbaridad”, lamentó Mark Greenblatt, uno de los inspectores despedidos. Y es que en el pasado, Grassley bloqueó nominaciones y activó audiencias explosivas simplemente porque un organismo no cooperaba con una investigación.

¿El último centinela ha bajado la guardia?

¿Cómo interpretar la evolución política de Chuck Grassley? Tal vez se trata de un caso clásico de realpolitik: con 92 años, liderando la Comisión Judicial del Senado, el senador comprende que combatir a una administración liderada por su propio partido puede equivaler a arrinconarse políticamente.

No obstante, su legado está en juego. La confianza en su independencia era fundamental para muchos denunciantes, demócratas y republicanos por igual. Hoy, una parte de esa confianza parece haberse erosionado.

“Hay muchas personas preocupadas de que ya no sea el mismo Chuck Grassley de siempre”, dijo Eric Woolson, biógrafo del senador y exvocero de su campaña.

La historia aún está escribiéndose, pero lo cierto es que, como suelen decir en política, lo más difícil no es alcanzar el poder, sino mantenerse fiel a los principios luego de conseguirlo.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press