Gaza, entre prótesis e impotencia: las cicatrices imborrables de la guerra

Miles de amputados, la mayoría niños, enfrentan una vida de espera, dolor y olvido en la Franja de Gaza tras los ataques israelíes

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Gaza y las extremidades perdidas de la guerra

Mientras el mundo observa las tensiones geopolíticas entre Israel y Palestina, lejos de las conferencias de prensa y los comunicados diplomáticos, una tragedia humana persiste en silencio en la devastada Franja de Gaza. Las estadísticas son escalofriantes: entre 5,000 y 6,000 personas han perdido alguna extremidad debido a los bombardeos israelíes desde que estalló la guerra con Hamas, según estima la Organización Mundial de la Salud (OMS). De ese total, alrededor de una cuarta parte son niños.

La historia de estas víctimas no solo es una suma de cifras. Es la suma de esperanzas truncadas, de infancias violentadas y futuros congelados. Muchos de estos sobrevivientes hoy enfrentan una vida sin movilidad, atrapados en cuerpos mutilados que luchan por adaptarse a prótesis o que esperan, sin certeza alguna, una oportunidad de tratamiento fuera del territorio.

Haneen al-Mabhouh: madre, viuda, amputada

En Nuseirat, en el centro de Gaza, Haneen al-Mabhouh, de 34 años, se sienta en una silla de ruedas, inmóvil. El ataque aéreo israelí que destruyó su hogar no solo le arrebató una pierna. También le quitó algo irremplazable: sus cuatro hijas, incluida una bebé de cinco meses. "Sueño con volver a caminar, con tener un nuevo bebé, con reconstruir mi familia", confiesa entre lágrimas.

Hoy, Haneen depende por completo de sus padres. No puede sostener un bolígrafo y requiere asistencia para todo, incluso para ir al baño. Su historia refleja el rostro invisible de la guerra: las heridas físicas se combinan con el dolor emocional, formando una cicatriz que las noticias fugaces rara vez muestran en profundidad.

Yassin Marouf: juventud truncada entre lonas

Yassin Marouf, de 23 años, vive en una tienda improvisada en Zawaida. Perdió su pie izquierdo tras un bombardeo en mayo y su pierna derecha está tan dañada que podría perderla si no recibe tratamiento fuera del enclave. Su hermano murió en el mismo ataque.

"Para moverme, necesito que dos o tres personas me carguen", explica Yassin. Su día transcurre en un colchón, haciendo lo posible por no perder la esperanza. Pero sin acceso a evacuación médica y con los recursos locales desbordados, su pronóstico es incierto.

La infancia bombardeada: Youssef y Fadi

Youssef al-Samri, de 16 años, perdió ambas piernas cuando buscaba agua cerca de su casa tras un bombardeo en mayo. Vive desplazado en un jardín de infantes en el barrio Al-Tuffah de Ciudad de Gaza. Sin prótesis, se mueve apoyándose sobre sus manos, mientras otros niños juegan a su alrededor con normalidad infantil, ajenos o resignados al horror cotidiano.

Otro caso es el de Fadi al-Balbisi, de apenas 12 años. Su pierna derecha fue amputada luego de un bombardeo israelí el 28 de abril. Actualmente entrena con una prótesis en el Hospital Hamad de Zawaida para aprender a caminar de nuevo, un proceso lento y doloroso que deja en evidencia la urgencia de servicios médicos eficaces.

Una infraestructura médica al borde del colapso

Con miles de personas esperando prótesis o la posibilidad de recibir atención médica fuera de Gaza, los centros locales no dan abasto. El Centro de Miembros Artificiales y Polio de Ciudad de Gaza está saturado. A pesar de que recientemente llegó un envío de materiales esenciales para prótesis, la necesidad sigue siendo crítica, y la demanda supera ampliamente la capacidad operativa.

Ahmed Al-Ashqar, técnico de prótesis de 34 años, lidera el diseño y adaptación de extremidades artificiales. La angustia y las largas listas de espera son parte de su día a día. "No podemos atender a todos. Muchos niños esperan meses, algunos hasta más de un año", lamenta.

Evacuaciones médicas: una carrera contra tiempo y burocracias

Para muchos, salir de Gaza es la única forma de acceder a tratamientos especializados. Pero incluso los altos el fuego no han garantizado evacuaciones rápidas y seguras. La combinación de trabas burocráticas, demoras en autorizaciones y barreras logísticas convierten el traslado en una lotería desesperante.

Niños que podrían evitar una amputación adicional esperan pasivamente, viendo como el tiempo avanza sin que nada ocurra. Personas como Haneen y Yassin ven pasar semanas y meses en la espera eterna de un permiso que podría salvarles lo que queda de su movilidad. Mientras tanto, sus cuerpos se deterioran y sus corazones se enfrían.

Gaza, un campo despoblado de la esperanza

La situación en Gaza se ha normalizado en la narrativa internacional. Pero lo que ocurre sobre el terreno está lejos de ser "aceptable". No solo hablamos de viviendas destruidas o infraestructuras colapsadas. Hablamos de niños sin piernas. De madres sin hijos. De adolescentes que fueron adultos forzados por la guerra.

Según la OMS, los amputados en zonas de conflicto no solo sufren físicamente. Muchos desarrollan trastornos psicológicos como depresión, trastorno de estrés postraumático (TEPT) y ansiedad crónica. El abandono prolongado y la falta de una red adecuada de atención hacen que estos cuadros sean aún más severos.

En Gaza, esa realidad se palpa todos los días. Un joven que camina en zancos improvisados. Un paciente esperando su turno en una clínica sin sillas. Una madre que revive cada noche la imagen de su bebé bajo los escombros.

¿Qué se puede hacer desde afuera?

  • Presionar a organismos internacionales y gobiernos para facilitar las evacuaciones médicas.
  • Financiar de forma sostenible programas de rehabilitación y prótesis en la región.
  • Integrar el tema de las víctimas civiles discapacitadas en discusiones más amplias sobre derechos humanos y justicia internacional.
  • Difundir estas historias como herramientas de conciencia colectiva.

Como dijo Desmond Tutu: “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”. La comunidad internacional no puede seguir ignorando a las miles de víctimas civiles atrapadas en el fuego cruzado. Porque mientras se discuten fronteras, ellos pierden piernas. Mientras se negocian acuerdos, ellos pierden hijos.

Resiliencia pese a todo

Y, sin embargo, entre tanto dolor hay un pulso, un latido de resistencia humana. Fadi se pone de pie todos los días para caminar, aunque cada paso duela. Youssef recorre aulas descalzo, sobre sus manos, saludando con una sonrisa dolorosa. Haneen, desde su silla, sueña con una nueva hija.

Gaza sigue de pie, incluso sin piernas.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press