La liberación de presos políticos en Bielorrusia: ¿Reconciliación estratégica o táctica de supervivencia de Lukashenko?

Más de 100 disidentes, entre ellos el Nobel de la Paz Ales Bialiatski, fueron liberados mientras el régimen de Lukashenko busca un acercamiento con Occidente tras años de represión.

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Una liberación inesperada con ecos diplomáticos

El reciente indulto de 123 presos políticos en Bielorrusia ha sido tan sorprendente como significativo. Entre quienes recuperaron la libertad se encuentran figuras emblemáticas del activismo cívico y la oposición democrática, como el Nobel de la Paz Ales Bialiatski, la líder opositora María Kolesnikova, el excandidato presidencial Viktar Babaryka y la periodista Marina Zolatava. ¿Qué llevó a un régimen autoritario como el de Alexander Lukashenko a soltar algunas de sus piezas más incómodas?

La respuesta parece estar en Washington. El dictador bielorruso, al frente del país desde 1994, atraviesa uno de los momentos menos sostenibles de su mandato. Con más de una década de sanciones económicas progresivas, el acercamiento con Moscú, y el uso del territorio de Bielorrusia como plataforma para la invasión rusa a Ucrania, la presión internacional ha sido asfixiante. En este contexto, la liberación masiva responde a un acuerdo con EE.UU. que implica levantar algunas sanciones, especialmente las relacionadas al lucrativo sector de fertilizantes, clave para las exportaciones del país.

¿Quién es Ales Bialiatski?

Bialiatski, de 63 años, es fundador del Centro de Derechos Humanos Viasna, la organización de derechos humanos más importante de Bielorrusia. Galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 2022, compartido con el Centro para las Libertades Civiles de Ucrania y la ONG rusa Memorial, Bialiatski representa una figura incómoda para el régimen.

Fue arrestado en 2021 bajo cargos impuestos de contrabando y financiación de disturbios públicos. Condenado a 10 años en una colonia penal de alta seguridad en Gorki —conocida por sus condiciones inhumanas—, Bialiatski cumplió 1.613 días tras las rejas. "Me siento como si hubiera saltado de agua helada a una habitación cálida", afirmó al salir, visiblemente debilitado pero decidido a continuar su lucha. "Quedan más de 1.000 presos políticos en Bielorrusia solo por haber elegido la libertad. Soy la voz de ellos", declaró.

María Kolesnikova: la voz del 2020

La música de formación y figura icónica de la oposición bielorrusa, María Kolesnikova, pasó casi cuatro años privada de su libertad. En 2020, encabezó junto a Sviatlana Tsikhanouskaya las históricas protestas contra el fraude electoral que dio a Lukashenko un sexto mandato. Su momento más célebre ocurrió cuando, en un intento forzado de exilio, destrozó su pasaporte frente a agentes de seguridad en la frontera ucraniana, negándose a abandonar su país.

Condenada a 11 años, cayó gravemente enferma en prisión y fue sometida a una operación compleja. Pese a todo, no se doblegó. “Es una felicidad increíble. Ver los ojos de quienes amo, abrazarlos... Pero aún creo en el día en que todos los que siguen en prisión puedan ser libres también,” expresó tras su liberación. Hoy es aún símbolo de esperanza para miles de mujeres bielorrusas.

Viktar Babaryka: el candidato que nunca fue

En 2020, Viktar Babaryka —banquero, mecenas y filántropo— irrumpió en la política como el único candidato con potencial real de derrotar a Lukashenko hasta ese momento. Su creciente popularidad y capacidad organizativa lo convirtieron en un blanco: fue arrestado antes de poder inscribirse oficialmente como candidato.

Las acusaciones de corrupción que lo llevaron a una sentencia de 14 años han sido ampliamente consideradas como una persecución política. El Departamento de Estado de EE.UU. las calificó como una “farsa cruel” y advirtió que el régimen estaba dispuesto a todo por retener el poder.

Junto a Babaryka también fue liberado Maxim Znak, miembro de su equipo legal. Ambos representan una elite técnica que intentó transicionar hacia una Bielorrusia democrática usando las reglas del sistema, solo para ser absorbidos por su maquinaria autoritaria.

Marina Zolatava: el periodismo como resistencia

La editora del célebre portal independiente Tut.by, uno de los pocos medios críticos en un país dominado por la censura estatal, fue arrestada en 2021. Las acusaciones de incitación al odio y amenazas a la seguridad nacional fueron, según Reporteros Sin Fronteras, un “camuflaje jurídico” para liquidar el periodismo libre.

Sentenciada a 12 años, Zolatava vio cómo compañeros y fuentes desaparecían, mientras Tut.by era desmantelado. Su liberación —aunque bienvenida por la comunidad internacional— no oculta que decenas de periodistas siguen tras las rejas. Bielorrusia ocupa el puesto 157 de 180 en el Índice Mundial de Libertad de Prensa (RSF, 2023).

¿A cambio de qué?

El trasfondo estratégico es claro. Desde julio de 2024, Lukashenko ha concedido la libertad a más de 400 presos, según organizaciones como Human Rights Watch y Viasna. En paralelo, ha buscado suavizar la hostilidad diplomática de EE.UU. y la UE, que lo consideran cómplice directo de la guerra en Ucrania por permitir el despliegue militar ruso desde su territorio.

Uno de los resultados más tangibles de su maniobra ha sido el levantamiento de sanciones sobre las exportaciones de fertilizantes, un sector que representa hasta el 10% del PIB bielorruso y más del 20% de sus exportaciones totales (Banco Mundial, 2023).

Para algunos, es un cinismo pragmático. Para otros, una línea de vida necesaria para sectores del país atrapados entre la autarquía y la desestabilización económica.

Quiénes siguen tras las rejas

Sin embargo, la represión está lejos de haber terminado. Todavía hay más de 1.000 presos políticos en Bielorrusia. Uno de ellos es Andrzej Poczobut, reconocido periodista de la minoría polaca, condenado a ocho años en una prisión de máxima seguridad pese a sus problemas de salud. Su delito: informar sobre las protestas de 2020 y dar voz a las víctimas del régimen.

Otros nombres como Marfa Rabkova, joven activista de Viasna, o Eduard Babaryka, hijo de Viktar que coordinaba su campaña, permanecen encarcelados como fichas de negociación futura.

Un régimen que sobrevive adaptándose

El régimen de Lukashenko ha demostrado una enorme habilidad para mutar. A lo largo de sus 30 años en el poder, ha oscilado entre el alineamiento con Rusia y gestos puntuales de acercamiento a Occidente. Hoy parece intentar una estrategia híbrida: mantener el respaldo ruso mientras abre ventanas económicas hacia Europa y EE.UU.

La liberación de figuras clave podría ser un movimiento calculado: ganar legitimidad global sin comprometer el control doméstico. Pero también puede resultar en un “arma de doble filo”, pues reactiva a una oposición que estaba parcialmente neutralizada por las prisiones y el exilio.

¿Qué sigue para Bielorrusia?

Bialiatski prometió que su liberación es solo el inicio. “Hay esperanza. Y mientras tengamos voz, seguiremos defendiendo los derechos que hacen libre a una nación”, aseguró. Kolesnikova, por su parte, no descarta retomar activismo aunque reconoce las cicatrices físicas y psicológicas del encierro.

Mientras tanto, EE.UU. y la UE observan. ¿Responderán con más gestos diplomáticos? ¿O esperarán a verificar si estas liberaciones implican un giro auténtico del régimen?

En un ajedrez geopolítico donde los derechos humanos son moneda de cambio, la lucha de estos activistas sigue siendo una llama encendida. Puede que no logre incendiar de inmediato la estructura autoritaria, pero sin duda evita que se apague del todo la esperanza.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press