Europa al filo: cómo el auge del discurso antiinmigrante amenaza la democracia
El resurgimiento del nacionalismo étnico, el endurecimiento de las políticas migratorias y la retórica incendiaria están dando forma a una Europa cada vez más dividida
Un clima político que resuena con prejuicios
En el corazón del Reino Unido, miles de manifestantes tomaron las calles coreando "¡devuélvanlos a casa!", mientras ondeaban banderas británicas en una muestra cada vez más frecuente de hostilidad hacia los migrantes y personas racializadas. Esta escena no es una anomalía, sino una clara señal de una Europa que está siendo arrastrada por un creciente sentimiento antiinmigrante, alentado tanto por fuerzas políticas de extrema derecha como por discursos populistas provenientes incluso del extranjero.
La retórica del miedo y la amenaza a la identidad
Frases como "Amenaza a la identidad nacional" o "invasión cultural" se han vuelto moneda común en boca de líderes de partidos que, hasta hace poco, estaban marginalizados por su extremismo. Hoy, partidos como el Rassemblement National en Francia, el AfD en Alemania o Reform UK en el Reino Unido lideran o están entre los primeros en las encuestas electorales.
El historiador británico Kieran Connell advierte sobre esto: "Lo que antes se consideraba el extremo más radical del espectro político ahora es parte central del debate público".
La validación transatlántica
Donald Trump no ha ocultado su apoyo a esta narrativa. Sumado a una retórica ofensiva hacia inmigrantes somalíes, su estrategia de seguridad nacional describe a Europa como una civilización en declive arrasada por migración descontrolada.
Esto ha sido aprovechado por la ultraderecha europea. El líder francés Jordan Bardella expresó al respecto: “El mensaje de Trump refleja exactamente lo que venimos denunciando: la inmigración masiva está sacudiendo el equilibrio cultural de nuestras naciones”.
Causas más profundas que la migración
Si bien los flujos migratorios han aumentado en la última década, particularmente por conflictos en Siria, Afganistán, Ucrania y el Sahel, los expertos subrayan que este no es el factor exclusivo detrás del auge del odio racial y étnico. El desencanto social tiene raíces más hondas:
- Estancamiento económico tras la crisis financiera de 2008
- Polarización social intensificada por redes sociales
- Percepción de pérdida de identidad
- Desinformación digital, a veces orquestada
El académico Bobby Duffy del King's College London afirma: “La sensación de división nacional ha empeorado. La gente busca explicaciones simples y culpables visibles, y eso lleva a una radicalización paulatina”.
Del discurso al peligro real
Las palabras ya no son simples opiniones. En el Reino Unido, las autoridades reportaron más de 115,000 delitos de odio en 2024, un incremento del 2% respecto al año anterior (UK Home Office).
En julio de ese año, la violencia estalló tras el asesinato de tres niñas en una clase de baile en Birmingham. Múltiples publicaciones falsas señalaron, erróneamente, que el atacante era un migrante musulmán, exacerbando tensiones raciales y provocando protestas callejeras extremas.
En Irlanda y Países Bajos, cientos de personas protestaron frente a centros de acogida para solicitantes de asilo, aludiendo a "peligro para la seguridad". Algunos episodios derivaron en violencia y enfrentamientos con la policía local.
La demonización en el discurso político
Políticos de partidos un tanto más moderados también han caído en esta narrativa. En Reino Unido:
- Un legislador de Reform UK se quejó de que los anuncios estaban “llenos de personas negras y asiáticas”.
- El portavoz conservador de justicia, Robert Jenrick, lamentó “no ver otra cara blanca” en ciertas zonas de Birmingham.
Ambos mantuvieron sus cargos, mostrando cómo estos discursos ya no enfrentan consecuencias políticas significativas.
La diputada laborista Dawn Butler, víctima habitual de acoso racial, declaró: “La violencia verbal se ha intensificado y ahora hay amenazas de muerte reales. La línea entre discurso y violencia se ha desdibujado”.
La política británica: entre el cinismo y la rendición
En un intento de no perder terreno frente a Reform UK, el primer ministro Keir Starmer empleó una frase que generó escándalo: “una isla de desconocidos”.
La expresión fue interpretada como un eco del discurso de Enoch Powell, infame por su discurso racista “Rivers of Blood” en 1968. Starmer luego pidió disculpas, alegando ignorancia del antecedente, pero el daño ya estaba hecho.
"Normalizar discursos racistas es una línea peligrosa, y tanto derecha como izquierda la están cruzando", expresó el comisionado de derechos humanos del Consejo de Europa, Michael O’Flaherty.
“El gran reemplazo”: de teoría conspirativa a pilar del populismo
La narrativa del “gran reemplazo” —la idea de que las poblaciones blancas están siendo reemplazadas deliberadamente por inmigrantes, particularmente musulmanes— es promovida abiertamente por figuras como Éric Zemmour, quien llamó a esta “una guerra demográfica”.
Esta ideología, originada en los márgenes conspiranoicos, ha permeado medios mainstream y el discurso político. En 2023 y 2024, tuvo fuerte presencia en protestas en Londres y Marsella.
En palabras de Zemmour: “Francia y Reino Unido están perdiendo su alma europea”.
El modelo danés: ¿ejemplo o advertencia?
Dinamarca ha sido aclamada por líderes conservadores por su política de otorgar residencias temporales a refugiados en vez de estatus permanente, lo cual redujo drásticamente las solicitudes de asilo. El Reino Unido ya explora políticas similares.
Pero los críticos, como Amnistía Internacional, alertan que este cambio erosiona los cimientos éticos de la Europa post-Segunda Guerra Mundial.
“Ceder a la extrema derecha es inútil. Cada concesión solo fortalece su narrativa”, advierte O’Flaherty.
¿Qué futuro le espera a la diversidad en Europa?
¿Significa esto el fin del proyecto multicultural europeo? No necesariamente. Pero sí un punto de inflexión. Las nuevas generaciones, crecientemente diversas, muestran un rechazo hacia el racismo estructural y abrazan identidades duales con naturalidad.
Sin embargo, las estructuras políticas actuales parecen estancadas, más dispuestas a competir con la extrema derecha que a confrontarla con una narrativa constructiva.
“Europa no tiene un problema de inmigración, tiene un problema de miedo”, dice el sociólogo Tariq Modood. Y aún no está claro si sus líderes están listos para enfrentarlo con humanidad y audacia.
