Jimmy Lai: El mártir que desafió al gigante chino en nombre de la democracia

La vida, legado y juicio del magnate que defendió la libertad de prensa en Hong Kong y pagó el precio más alto

Un niño que escapó del comunismo y soñó en grande

Jimmy Lai nació en la China continental y, con tan solo 12 años, se lanzó a una peligrosa travesía en barco pesquero para huir hacia Hong Kong. Eran los años 50 y la colonia británica representaba una promesa de libertad y oportunidades frente a la represión del régimen comunista. Esa decisión marcaría su vida, su visión del mundo y lo convertiría, con los años, en una figura clave del movimiento prodemocrático en Asia.

Trabajó desde muy joven en una fábrica de guantes y fue así como entró en contacto con la industria textil, base de su futuro imperio empresarial. En 1981 fundó la cadena de ropa Giordano, que se expandió rápidamente por Asia.

Pero fue la masacre de la Plaza de Tiananmen en 1989 la que cambió su trayectoria. Indignado por la brutal represión del régimen chino contra estudiantes pacíficos, Lai dio un giro a su carrera y se adentró en los medios de comunicación, decidido a dar voz a quienes el poder quería silenciar.

Apple Daily: el rugido de la prensa libre

Fundó Next Magazine en 1990 y, más tarde, en 1995, Apple Daily. En un Hong Kong aún vibrante pero cada vez más presionado por Pekín, su periódico se convirtió en la voz de la disidencia, denunciando abusos, corrupción y promoviendo la movilización ciudadana en defensa de derechos y libertades.

Con un estilo sensacionalista y enfoque irreverente, Apple Daily se ganó al público prodemocrático y construyó una comunidad alrededor de su mensaje: la libertad no es negociable. Pero ese compromiso tuvo consecuencias. En 1994, tras insultar en una columna al primer ministro chino Li Peng, responsable del asalto a Tiananmen, las autoridades presionaron para que perdiera el control de Giordano. Lai no se retractó. Vendió sus acciones, pero mantuvo firme su rumbo.

Activismo sin miedo: entre las calles y la política internacional

Jimmy Lai no se limitó a los medios. Participó activamente en las protestas prodemocráticas, desde la Revolución de los Paraguas (2014) hasta las multitudinarias manifestaciones en 2019 contra la ley de extradición a China.

Organizaba mesas de discusión entre académicos y legisladores, donaba fondos a partidos prodemocráticos y acudía a las marchas como un ciudadano más. Incluso se reunió con altos funcionarios estadounidenses como Mike Pence y Mike Pompeo para exponer la amenaza que representaba la creciente intromisión de Pekín en los asuntos hongkoneses.

Como señaló su amigo y también activista Lee Wing-Tat: “Fue un hombre que creyó en la libertad porque conoció la opresión”.

Una cruzada de fe y libertad

Católico devoto, Lai veía su lucha como una misión espiritual. En diversas entrevistas, citaba pasajes bíblicos y aseguraba que su fe le daba fuerza para seguir adelante. “Si tengo que ir a prisión, lo aceptaré. No tengo miedo. Haré lo que debo hacer”, dijo a la prensa en 2020.

Durante su encarcelamiento, se dedicó a realizar dibujos religiosos, incluyendo múltiples representaciones de la crucifixión, como si viera su propia cruz en la celda. Uno de esos dibujos llegó a manos del sacerdote estadounidense Robert Sirico, quien compartió: “Jimmy ama a China, quiere verla mejorar. No la odia. Lucha por ella”.

El juicio que conmocionó al mundo

En 2020, tras la entrada en vigor de la Ley de Seguridad Nacional impuesta por China en Hong Kong, Jimmy Lai fue arrestado acusado de colusión con fuerzas extranjeras y de sedición. También se le vinculó a una campaña que promovía pedir al entonces presidente Trump que interviniera en defensa de Hong Kong tras los eventos de 2019.

El juicio, altamente politizado, duró años. En enero de 2024 fue condenado por conspiración sediciosa y por colaboración con potencias extranjeras. Las evidencias incluían textos, editoriales, transmisiones en vivo y publicaciones en redes sociales.

En una sentencia de 855 páginas, la jueza Esther Toh afirmó que: “No cabe duda de que el acusado ha cultivado un profundo resentimiento y odio hacia la República Popular China durante buena parte de su vida adulta”.

Lai enfrenta cadena perpetua. Ya había sido sentenciado anteriormente a cinco años y nueve meses por cargos menores de fraude.

Repercusiones mundiales: el caso que redefinió la libertad de prensa en Asia

El cierre forzoso de Apple Daily en 2021, tras la congelación de sus activos y arresto masivo de sus ejecutivos, fue percibido como el fin simbólico de la libertad de prensa en Hong Kong. Organizaciones como Reporteros sin Fronteras o Human Rights Watch denunciaron el juicio de Jimmy Lai como un claro intento de intimidar a la prensa independiente y de criminalizar el pensamiento crítico.

Amnistía Internacional lo catalogó de prisionero de conciencia, mientras gobiernos como el de Reino Unido (Lai también tiene ciudadanía británica) exigieron su liberación inmediata, a lo cual Pekín respondió acusando de injerencia extranjera.

El legado de un hombre incómodo

Pese a su encarcelamiento, el nombre de Jimmy Lai sigue inspirando a activistas en Asia y fuera de ella. Su historia es vista por muchos como una advertencia de hasta dónde puede llegar un régimen autoritario para eliminar las voces disidentes, pero también como una muestra del precio que están dispuestos a pagar quienes luchan por la verdad.

En uno de sus últimos mensajes públicos antes del juicio, Lai escribió: “En el Reino de Dios prevalece la verdad, y eso es suficiente para mí”.

Sea cual sea su destino en prisión, Jimmy Lai ya se convirtió en un símbolo. Uno que recuerda que la democracia y la libertad de prensa nunca están garantizadas y que, para defenderlas, a veces se necesita más que palabras: se necesita coraje, fe y una voluntad inquebrantable.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press