Raed Saad, la sombra del 7 de octubre: ¿qué implica su muerte para el futuro de Gaza?
Israel elimina a un alto comandante de Hamas en un ataque reciente, mientras aumentan las tensiones y se cuestiona la viabilidad de una tregua duradera.
Un golpe simbólico y estratégico
El reciente anuncio de la muerte de Raed Saad, comandante de la unidad de fabricación militar de Hamas, ha sacudido los cimientos del ya frágil equilibrio en Gaza. Su eliminación por parte de un ataque aéreo israelí cerca de Ciudad de Gaza marca un nuevo capítulo en un conflicto que, a pesar de acuerdos de cese al fuego, no cesa de agravarse.
De acuerdo con el ejército israelí, Saad fue uno de los principales cerebros detrás del ataque del 7 de octubre de 2023, en el que murieron aproximadamente 1.200 personas y 251 fueron tomadas como rehenes. Esta ofensiva de Hamas dio inicio a la actual conflagración abierta entre el grupo islamista y el Estado de Israel.
¿Quién era Raed Saad?
Raed Saad no era un combatiente cualquiera. Su rol como principal ingeniero en la fabricación de armas caseras para Hamas le otorgaba una figura casi mitológica dentro del grupo. Desde la producción de cohetes Qassam hasta la creación de túneles subterráneos para infiltrar territorio israelí, la firma tecnológica de Saad estaba impregnada en gran parte de los recursos bélicos de Hamas.
Israel considera su muerte como un "éxito quirúrgico" en la estrategia de descabezamiento del mando de Hamas. Sin embargo, el vacío de poder fue rápidamente llenado, ya que el grupo confirmó la elección de un nuevo comandante, aunque no reveló su identidad ni su historial.
Un frágil cese al fuego desgarrado por las balas
A pesar de que ambas partes habían acordado un cese al fuego dos meses atrás, los enfrentamientos no han cesado. Según cifras del Ministerio de Salud de Gaza, al menos 391 palestinos han muerto desde entonces por ataques israelíes, muchos de ellos en la llamada "zona amarilla", una franja fuertemente militarizada que separa el resto del territorio gazatí del sector parcialmente bajo control israelí.
Israel, por su parte, sostiene que estas ofensivas han sido reacciones directas a ataques de milicianos de Hamas contra sus fuerzas. En especial, afirma que el ataque que mató a Raed Saad ocurrió tras la detonación de un artefacto explosivo que hirió a dos soldados israelíes.
¿Está funcionando la diplomacia?
La posibilidad de avanzar en negociaciones depende, en gran medida, de la devolución por parte de Hamas de los restos del último rehén reconocido por Israel: Ran Gvili. El gobierno israelí ha declarado que la entrega del cuerpo es requisito indispensable para avanzar hacia la segunda fase de un proceso de paz que contempla un Gaza desmilitarizado bajo supervisión internacional.
Pero el camino hacia esa meta parece empedrado con bombas y desconfianza. Las acciones recientes hacen tambalear cualquier intento de desescalada y apuntan a que tanto Hamas como Israel siguen atrapados en un ciclo de represalias.
Una guerra con consecuencias devastadoras
Mientras se viaja una y otra vez entre escaladas y pausas temporales, la población civil en Gaza es la que más sufre. Según estadísticas del Ministerio de Salud gazatí —respaldado por personal médico, aunque esté bajo el gobierno de Hamas— más de 70.660 palestinos han muerto desde que comenzó la campaña militar israelí, y aproximadamente la mitad de ellos han sido mujeres y niños. Esta cifra refleja, más que ningún comunicado oficial, la magnitud del sufrimiento en la franja.
Y la ayuda humanitaria, lejos de llegar con regularidad, ha sido objeto de múltiples críticas. Un informe reciente indica que el flujo de asistencia a Gaza ha estado por debajo de lo estipulado en los términos del cese al fuego, exacerbando los efectos de la última tormenta invernal que inundó los campos de desplazados, exponiendo las graves carencias logísticas de las organizaciones internacionales.
Una guerra de símbolos y cuerpos
El simbolismo en este conflicto tiene un valor inmenso. Raed Saad representaba, para Hamas, la resistencia científica y técnica; para Israel, una amenaza persistente con capacidad de reconstituirse incluso después de las bajas más fuertes.
En una región sobresaturada de traumas colectivos, la muerte de figuras como Saad y las condiciones para avanzar en los acuerdos descansan sobre elementos que van más allá de estrategias militares: confianza, seguridad y, ante todo, justicia para una población que vive entre escombros, desplazamientos y funerales.
¿Es viable una tregua sostenida?
La eliminación de Saad puede ser vista por muchos sectores israelíes como una victoria táctica. Sin embargo, también refuerza una peligrosa percepción dentro de Hamas de que la lucha es continua, que sus líderes morirán como mártires y serán reemplazados rápidamente.
La pregunta que permanece, entonces, no es si la guerra puede "ganarse", sino si existe la posibilidad de diseñar un modelo alternativo de coexistencia que no parta únicamente del lenguaje de la violencia. Por ahora, esa respuesta parece enterrada junto a los escombros de los ataques recientes.
Futuro incierto: ¿Quién liderará el día después?
Israel ha manifestado que una de sus condiciones para un plan de paz sostenible es el fin del gobierno de Hamas en Gaza. Esta opción gana simpatizantes en la comunidad internacional, particularmente después de los atentados del 7 de octubre. Pero surge entonces la duda de quién —y cómo— gobernaría el enclave en el futuro.
La visión israelí plantea una Gaza reconstruida, desmilitarizada y bajo gestión internacional, pero aún se desconoce si hay actores en el terreno dispuestos a ocupar ese espacio sin generar un nuevo vacío de poder que derive en una edición renovada del caos actual.
Una solución duradera requerirá no solo voluntad política, sino una reconfiguración de prioridades e incentivos para ambas partes —y la comunidad internacional— especialmente en temas tan críticos como el acceso a recursos, desplazamiento, educación y justicia.
Israel y su política de eliminaciones selectivas
La estrategia israelí de "eliminación selectiva" de comandantes de Hamas no es nueva. Desde la Segunda Intifada (2000-2005), esta política ha sido una carta frecuente del Estado de Israel. Sin embargo, su eficacia a largo plazo ha sido cuestionada por expertos.
"Eliminar a un comandante puede generar un impacto táctico inmediato, pero usualmente no cambia estructuras organizativas resilientes. A veces los reemplazos son aún más radicales", comentaba Yoav Fromer, analista político y profesor de estudios israelíes en la Universidad de Tel Aviv.
Hoy, el dilema persiste: ¿puede una guerra entre estructuras políticas y militares resolverse solo por medios bélicos?
La respuesta, al menos en el presente, sigue siendo incierta.
