Sue Wicks y la nueva vida de las exestrellas de la WNBA: de la cancha a la reinvención
El incierto camino económico y profesional de las leyendas del baloncesto femenino tras el retiro
El retiro no es el final: el renacer de Sue Wicks
Después de una ilustre carrera en la WNBA, Sue Wicks, integrante del Salón de la Fama, encontró una nueva pasión lejos del parquet: la acuicultura. A sus 59 años, Wicks navega las aguas de East Moriches Bay en Nueva York cuidando sus ostras tras días de viento intenso.
Lo que para muchos parecería un cambio radical, para ella representa una continuación de la misma filosofía de vida. “Algunos días te preguntas: ‘¿Por qué estoy haciendo esto?’ Estás herido, estás perdiendo, todo va mal. Pero al día siguiente regresas porque lo amas”, confiesa Wicks, comparando el mar con la exigencia de la alta competición.
Cuando el juego no te da para siempre
La reinvención profesional es una necesidad, no una elección, para muchas jugadoras de la WNBA. Wicks, a pesar de sus logros, admite que su carrera profesional en el baloncesto no le permitió una jubilación económica confortable. Ha trabajado como comentarista, entrenadora universitaria e incluso en una start-up de fitness.
“Tuve suerte de encontrar otra ocupación que alimente mi alma,” afirma. Sin embargo, detrás de esa búsqueda espiritual hay una realidad económica ineludible. Wicks forma parte de una generación que abrió el camino, pero sin las estructuras de apoyo que las jugadoras de hoy empiezan a tener.
Desigualdad salarial: una brecha abismal
La diferencia entre los ingresos de jugadoras y jugadores sigue siendo impactante. Según datos recientes, el salario promedio en la NBA ronda los 11.9 millones de dólares, mientras que en la WNBA es de unos 120,000 dólares. Esta cifra puede parecer suficiente, pero contrasta fuertemente con la duración limitada de una carrera deportiva y la necesidad de años de ingreso tras el retiro.
“La diferencia entre nuestras salidas profesionales y las de los jugadores de la NBA es que ellos están sentados sobre decenas o incluso cientos de millones de dólares”, expresó Marissa Coleman, ex All-Star, ahora emprendedora.
Para Coleman y muchas otras, trabajar tras el retiro no es una opción, sino una obligación. Su transición incluyó abrir una franquicia de Mellow Mushroom, liderar campañas de legalización de apuestas deportivas y ahora dirige desarrollo estratégico en una plataforma de fantasía deportiva.
El paso del baloncesto al mundo real
Devereaux Peters, exjugadora de las Minnesota Lynx, experimentó de primera mano el impacto emocional y económico del retiro. Se dedicó al desarrollo inmobiliario en South Bend, Indiana, liderando un proyecto de vivienda asequible que finalmente verá la luz en 2027.
“El baloncesto me enseñó que si trabajas duro, obtienes resultados. En el mundo real no siempre funciona así”, dice Peters. Confiesa que tuvo que hacer ajustes financieros severos y aprender de inmediato cómo administrar su nueva vida.
Apoyos institucionales... ¿suficientes?
El sindicato de jugadoras de la WNBA ha ampliado sus programas de transición con pasantías, acceso a Harvard Business School y más. Sin embargo, la evolución es lenta. Jayne Appel Marinelli, exjugadora y ahora vicepresidenta de relaciones con jugadoras del sindicato, advierte:
“Muchas no reconocen que las habilidades construidas en el deporte son perfectamente aplicables al mundo laboral”, afirma Appel Marinelli.
Comparado con los años iniciales de la liga —fundada en 1997—, las oportunidades han mejorado. En esos primeros años, Sue Wicks recuerda: “Nuestra victoria era simplemente recibir el sueldo, que aún hubiera luz, y que el bus estuviera esperando.”
Perspectiva histórica: el origen de la WNBA
La WNBA surgió como una extensión de la NBA con el objetivo de dar plataforma profesional a las mujeres en el baloncesto. Durante sus primeros años, la estabilidad económica era mínima. La infraestructura era limitada, y los contratos eran cortos y poco lucrativos. No fue hasta los años 2010 que comenzaron a llegar patrocinios más sólidos y contratos televisivos más rentables.
Hoy la liga goza de mayor atención mediática y éxito comercial: en 2023, la WNBA batió su récord de asistencia con 1.58 millones de espectadores en la temporada regular. Aun así, los retos de equidad persisten.
Las jugadoras piden una tajada del pastel
Uno de los puntos más calientes en la negociación del convenio colectivo ha sido el reparto de ingresos. En la NBA, las estrellas pueden ganar hasta el 50% de los beneficios de la liga; en la WNBA, ese porcentaje está muy por debajo.
Ambas partes acordaron extender el convenio actual mientras siguen negociaciones. Las jugadoras buscan mayor autonomía económica y participación en el crecimiento que están ayudando a generar. En palabras de Wicks:
“Mi sueño hace 30 años era que la liga existiera. Hoy, mi sueño es que las jugadoras sean compensadas de forma que tengan libertad para hacer lo que quieran con su vida.”
Empresarias, activistas, líderes
Lejos de las canchas, muchas exjugadoras están tomando roles de liderazgo en áreas que van mucho más allá del deporte. Coleman y Beard no solo emprendieron cadenas de restaurantes, también están ocupando un espacio clave en la industria de los juegos de apuestas y deportes digitales, donde la presencia femenina es mínima.
Peters, por su parte, ha dedicado años a un proyecto que no solo busca retorno financiero, sino también impacto social. “Ayudar a personas que realmente lo necesitan vale todo el esfuerzo”, subraya.
Aún existen obstáculos, desde la falta de formación en finanzas personales hasta la escasa visibilidad de estas historias en los medios. Pero su trabajo puede ser inspiración y faro para la nueva generación de atletas que ya no quieren verse obligadas a elegir entre su pasión y su estabilidad financiera.
¿Qué sigue para la WNBA?
La respuesta está en múltiples frentes: mejorar los contratos, ampliar la cobertura mediática, potenciar el marketing individual y garantizar formación para la vida tras el deporte.
Las deportistas piden políticas similares a las que ya existen en otras ligas profesionales. Iniciativas como pensiones, planes de retiro y asesoramiento financiero deben considerarse esenciales, no lujos.
Estas exjugadoras no están simplemente sobreviviendo. Están transformando industrias, comunidades y narrativas. Y lo están haciendo con la misma pasión y tenacidad que alguna vez mostraron en la cancha.
