Addyi y el deseo femenino: ¿avance médico o marketing disfrazado de salud?

El fármaco para la libido femenina vuelve al centro del debate tras su aprobación para mujeres mayores de 65 años

Una década de expectativas y controversias

En 2015, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó Addyi, la primera pastilla pensada exclusivamente para el problema del deseo sexual hipoactivo (DSH) en mujeres premenopáusicas. Este evento fue celebrado como un hito médico comparable con el efecto que tuvo Viagra sobre la salud sexual masculina. Sin embargo, el recorrido de Addyi ha estado lejos de ser un camino sin obstáculos.

Ahora, diez años después, la FDA ha dado un nuevo giro al permitir la prescripción del medicamento para mujeres posmenopáusicas mayores de 65 años, expandiendo así su alcance. Pero esta decisión reaviva un debate que nunca ha terminado: ¿realmente Addyi es efectivo? ¿Vale la pena tomarlo frente a sus efectos adversos? ¿Y hasta qué punto estamos medicalizando el deseo sexual femenino?

¿Qué es Addyi y cómo actúa?

Addyi, cuyo principio activo es flibanserina, actúa sobre los neurotransmisores cerebrales, modulando la dopamina y la serotonina en un intento de restablecer un “equilibrio” neuroquímico asociado al deseo sexual. Se toma una vez al día, preferiblemente en la noche, y desde su creación ha sido promovido como la respuesta farmacológica al deseo sexual bajo sin causas médicas aparentes —una condición catalogada clínicamente como DSH.

Pero su eficacia es reducida. En los ensayos clínicos, las mujeres que tomaron Addyi reportaron en promedio 0.5 a 1 encuentro sexual satisfactorio adicional por mes, frente al grupo placebo —una diferencia estadísticamente relevante, aunque hasta cierto punto modesta para muchas expertas y pacientes.

Los efectos secundarios siguen siendo una gran barrera

Una de las mayores preocupaciones de la comunidad médica ha sido el perfil de seguridad del fármaco. Addyi conlleva riesgos de mareos, náuseas y, lo más preocupante, hipotensión severa y desmayos si se mezcla con alcohol. Por ello, el medicamento lleva una advertencia de recuadro negro —la más estricta que puede emitir la FDA— alertando sobre esta peligrosa interacción.

La CEO de Sprout Pharmaceuticals, Cindy Eckert, ha defendido reiteradamente la inocuidad del medicamento bajo las condiciones adecuadas, señalando que la aprobación para mujeres mayores es resultado de una “década de persistente trabajo con la FDA para comprender mejor la salud sexual femenina”.

El camino hasta su aprobación: presiones políticas y activismo farmacéutico

Addyi fue rechazado en dos ocasiones por la FDA antes de su aprobación en 2015. La tercera fue la vencida, en parte gracias a una intensa campaña de cabildeo apoyada por organizaciones como Even the Score. Esta iniciativa apuntó a visibilizar la falta de tratamientos para la disfunción sexual femenina en contraste con los múltiples existentes para hombres.

El argumento de base fue la equidad de género en el acceso a la medicina sexual. ¿Por qué los hombres pueden contar con Viagra, Cialis y múltiples opciones, mientras que las mujeres deben conformarse con terapia psicológica o aceptación? Esta narrativa fue tan poderosa que logró cambiar el rumbo de la historia del fármaco.

Una condición médica aún cuestionada

El deseo sexual hipoactivo es reconocido clínicamente desde los años 90. Se calcula que podría afectar hasta al 10% de las mujeres estadounidenses, dependiendo de los estudios. No obstante, no existe consenso en la comunidad médica sobre si debe tratarse como una enfermedad o si responde, más bien, a un amplio abanico de factores biopsicosociales.

La sexóloga y psicóloga Esther Perel lo sintetiza así: “El deseo femenino no es mecánico. Es relacional, contextual. Medicalizarlo sin atender los vínculos emocionales, el estrés o la identidad femenina es una visión reduccionista.”

A esto se suma el hecho de que tras la menopausia entran en juego otros elementos biológicos como la caída de los estrógenos, la resequedad vaginal o el insomnio, que pueden incidir en el deseo de forma indirecta.

Una expansión comercial más que terapéutica

La reciente ampliación del uso de Addyi para mujeres mayores de 65 años ha sido interpretada por muchas voces críticas como una estrategia de mercado más que una respuesta a una necesidad clínica desatendida. Recordemos que las ventas del medicamento han sido modestas desde su salida al mercado. En ese contexto, abrir una nueva franja etaria puede ser un intento de revitalizar su rentabilidad.

Según un artículo de Stat News, en 2023 las ventas de Addyi no superaron los $30 millones, una cantidad muy lejana a lo esperado inicialmente por Sprout Pharmaceuticals, que en su momento aspiraba a crear un “Viagra rosa” con beneficios multimillonarios.

Hoy, su competencia más cercana es Vyleesi, una inyección "bajo demanda" aprobada en 2019 que también busca el tratamiento del deseo sexual hipoactivo femenino, aunque actúa por mecanismos distintos.

El tabú del deseo en la tercera edad

La aprobación de Addyi para mujeres posmenopáusicas también toca un tema culturalmente delicado: la sexualidad en la vejez. Históricamente, las mujeres mayores han sido invisibilizadas en discursos sobre el erotismo, el placer y el deseo. En ese sentido, la decisión de la FDA puede interpretarse como un paso hacia la normalización del derecho al goce sexual, sin importar la edad.

Sin embargo, ¿un medicamento es el camino para revitalizar el deseo? Algunas expertas como la geriatra Linda Waite de la Universidad de Chicago opinan que el deseo sexual en edades avanzadas suele estar más ligado a la salud general, el bienestar emocional y la intimidad relacional que a desequilibrios químicos cerebrales.

El problema de la brecha de género farmacológica

No se puede negar que durante décadas existió un verdadero déficit en la investigación de salud sexual femenina. Mientras que los estudios sobre Viagra y otros fármacos masculinos han sido financiados a gran escala, el deseo sexual femenino apenas ha comenzado a ser explorado con seriedad en los últimos 25 años.

El sociólogo David Haig lo llama el sesgo androcéntrico de la farmacología: un enfoque dominado por la fisiología masculina que ha dejado los matices femeninos fuera del radar.

Así, aún con todas las críticas que ha suscitado, Addyi también representa un símbolo del esfuerzo por abordar la salud sexual femenina con rigor médico, por más limitada que sea su eficacia.

¿Qué deben considerar las pacientes?

Más allá de la aprobación, el uso de Addyi debe ser cuidadosamente evaluado con ayuda médica. La recomendación general es:

  • Descartar causas médicas, hormonales o psicológicas antes de iniciar un tratamiento farmacológico.
  • No ingerir alcohol durante su consumo.
  • Ser conscientes de que los beneficios pueden tardar semanas en manifestarse.
  • Incluir terapia sexual o de pareja como parte del abordaje integral.

Como apuntan los lineamientos de la Sociedad Internacional para la Salud Sexual Femenina, “el deseo sexual es multifactorial y como tal requiere una respuesta también multidimensional”.

El futuro de la medicina sexual femenina

Addyi es apenas el inicio en lo que parece ser un largo camino hacia una comprensión integral del deseo en las mujeres. Con el creciente interés de la industria y de la ciencia por la sexualidad femenina —antes tabú— se prevé una ola de nuevos desarrollos farmacológicos en los siguientes años.

Pero la verdadera revolución pasará no sólo por los laboratorios, sino también por nuestra cultura: cómo hablamos del placer femenino, cómo lo legitimamos en todas las edades y cómo lo integramos armoniosamente en la medicina sin caer en la patologización.

Cada decisión médica debe ser acompañado de una reflexión honesta sobre lo que las mujeres realmente desean —no lo que las empresas creen que deberían desear.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press