El caso KCBS y la presión del poder: un golpe silencioso a la libertad de prensa en EE.UU.

Cómo una emisora histórica enfrentó la censura política bajo la administración Trump y lo que eso revela sobre el estado del periodismo en tiempos de polarización

Durante décadas, la emisora KCBS-AM de San Francisco fue sinónimo de periodismo serio, factual y comprometido con el interés público. Pero a partir de 2017, esta emisora histórica —fundada en los albores de la radio nacional y pionera en la cobertura informativa las 24 horas— vivió uno de los capítulos más oscuros en su trayectoria: una campaña de presión política por parte de altos funcionarios del gobierno del presidente Donald Trump, que buscaban neutralizar voces críticas y remodelar a su antojo el panorama mediático.

Un parteaguas en la radio informativa

Todo comenzó con una cobertura aparentemente rutinaria: el reporte sobre un operativo de inmigración federal en el área de la bahía de San Francisco. Los reportes describían vehículos no identificados —una Durango negra, un Maxima gris y una camioneta blanca— usados por agentes federales en el contexto del clima antiinmigrante intensificado por la nueva administración.

La noticia se esparció rápidamente, también replicada por otros medios. Pero la tormenta no vendría del público general, sino directamente desde Washington. Brendan Carr, figura clave en la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC por sus siglas en inglés), acusó a la emisora de poner en riesgo a los agentes y de violar el principio del “interés público” como marca la regulación para medios con licencia federal.

Una presión sin precedentes

Lo que siguió fue una cadena de represalias internas: Bret Burkhart, el presentador que leyó la información al aire, fue degradado de su posición protagónica y finalmente abandonó la emisora. Doug Sovern, veterano reportero de política con más de tres décadas en antena, vio cómo le cancelaban entrevistas y dificultaban sus coberturas, incluso cuando sus historias cumplían con todos los estándares técnicos y éticos.

El efecto paralizante no empieza ni siquiera a describir la castración de nuestra cobertura política”, dijo Sovern, quien se retiró en abril de 2025. “No es el KCBS que yo conocía y al que entregué 35 años de mi vida profesional”.

El rol maquiavélico de la FCC

En condiciones normales, la FCC tiene poca injerencia sobre el contenido editorial más allá de mantener cierto estándar ético —por ejemplo, en el lenguaje obsceno— y técnico, pero Carr transformó la comisión en un arma política. Desde su silla, comenzó a aplicar presión sobre cadenas grandes como ABC, CBS y NPR, usando como excusa supuestas violaciones regulatorias o incluso juicios legales poco probables presentados por el propio Trump.

Inclusive, según expertos legales y miembros del sector, Carr aprovechaba momentos claves —como fusiones empresariales o renovaciones de licencias— para intimidar a los medios. En un caso, tras la fusión de Viacom y CBS, los nuevos dueños se comprometieron públicamente a hacer cambios “significativos” en su línea editorial; algo que Carr celebró a viva voz como una “victoria”.

¿Una limpieza ideológica?

El patrón era evidente: reducir al mínimo los reportajes que cuestionaran al gobierno, mientras se amplificaban las voces más alineadas a su visión ideológica.

Según ex empleados de KCBS y miembros actuales que hablaron a condición de anonimato, el mensaje era claro: centrarse en historias “humanas” alejadas de la política. Uno de los puntos más escandalosos fue la cancelación de una entrevista con la candidata a la gobernación de California, Katie Porter, por miedo a que dijera algo negativo sobre Trump.

La presión también venía desde dentro. Los abogados contratados por la emisora después de la amenaza de Carr incluso investigaron las redes sociales de los empleados, buscando supuesta “parcialidad política”.

Un cambio preocupante en el ecosistema mediático

Al Sikes, presidente de la FCC durante el mandato del republicano George H.W. Bush, tildó las acciones de Carr como de “tácticas mafiosas”. “Lo que estamos viendo ahora son nuevos límites en el ejercicio de la autoridad: castigar a quienes no te gustan y proteger a quienes te son leales”, dijo Sikes.

Esta forma de operar —más común en gobiernos autoritarios— genera preocupaciones sobre el estado del periodismo libre e independiente en EE.UU. No se trata solo de censura directa, sino de un modo más sutil y efectivo: el miedo.

¿Qué ocurrió con KCBS desde entonces?

En meses recientes, las tensiones disminuyeron parcialmente. La administración Biden, con su enfoque más conciliador, relajó los ataques contra medios, y la FCC retrocedió en varias investigaciones a estaciones de radio públicas. Para octubre, KCBS volvió a asignar reporteros a temas que anteriormente hubieran sido considerados “riesgosos”, como las protestas en contra de la administración Trump.

Sin embargo, el daño estaba hecho.

La emisora, anteriormente símbolo del periodismo regional serio, quedó atrapada entre el fuego cruzado de la política y una dirección corporativa temerosa de perder licencias e inversiones en medio de una industria radial en crisis.

Radiodifusión en la era del pánico empresarial

KCBS fue vendida en 2017 por CBS a Entercom, hoy conocida como Audacy. Como muchas emisoras de EE.UU., ha sufrido el impacto de la irrupción digital. En enero de 2024 la compañía logró salir de un proceso de bancarrota bajo el Capítulo 11, financiada en parte por una firma vinculada a George Soros. Este dato provocó críticas adicionales del ala conservadora y alertas dentro de la administración.

El sector teme que operaciones de prensa comprometidas con la verdad se conviertan en simples engranajes de agendas empresariales o gubernamentales. El caso KCBS es ejemplo de ello.

¿Y la audiencia? ¿Dónde queda el ciudadano?

Lo más preocupante de esta situación no es solo lo que les ocurre a los periodistas, sino a su audiencia. Si los medios dejan de cuestionar, de investigar y de molestar al poder, la ciudadanía se convierte en víctima de la desinformación o del conformismo informativo.

Como dijo una vez el periodista Oriana Fallaci: "Decir la verdad, aunque sea con una voz temblorosa, es mejor que cantar mentiras con voz de ópera".

El episodio vivido por KCBS nos obliga a volver a defender con más fuerza que nunca los pilares sobre los cuales se construyó la prensa libre: independencia, rigurosidad y valentía.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press