El triunfo de Kast y el giro radical de América Latina hacia la derecha
Chile, Milei, Noboa, Paz: La nueva ola conservadora que está redefiniendo el mapa político latinoamericano
Una elección que sacudió a Chile
Este 14 de diciembre de 2025, Chile vivió un vuelco político de gran magnitud: José Antonio Kast, un veterano político de línea ultraconservadora y expresamente nostálgico del régimen militar de Augusto Pinochet, fue elegido presidente por mayoría abrumadora. En un país que hace cuatro años eligió a Gabriel Boric, un exlíder estudiantil con un discurso progresista, el giro de timón resulta contundente.
Con una retórica dura en temas como inmigración, crimen organizado y el rol del Estado en la economía, Kast supo capitalizar el descontento popular ante problemas que, en los ojos de los votantes, no fueron resueltos por la izquierda.
El hartazgo latinoamericano con el statu quo
Chile no es un caso aislado. La región vive un claro desplazamiento ideológico hacia la derecha. En lo que va del año, figuras como Javier Milei en Argentina, Daniel Noboa en Ecuador y Rodrigo Paz en Bolivia han ganado elecciones o reforzado su poder político con discursos similares: antiestablishment, promesas de reformas drásticas y rechazo al modelo izquierdista tradicional.
Steven Levitsky, politólogo de Harvard, lo resume así:
“Los votantes no están particularmente enamorados de la derecha radical. Pero están claramente decepcionados de la izquierda que gobernó en varios países durante la última década, sin resolver los flagelos de la corrupción, inseguridad o estancamiento económico.”
El ciclo de la llamada ‘marea rosa’, simbolizada por líderes como Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, parece haberse agotado políticamente, abriendo paso a una nueva ola ideológica caracterizada por un estilo más autoritario y, muchas veces, con afinidades a Donald Trump y sus métodos.
José Antonio Kast: ¿el nuevo rostro de la derecha dura?
Con 59 años, José Antonio Kast llega al poder mostrándose como un “moderado” frente a su rival comunista, Jeannette Jara. Sin embargo, su historial político habla de un perfil conservador radical. Ha declarado su admiración por Bukele y Milei, aboga por prohibiciones constitucionales contra el aborto y rechaza las políticas de género. Aun así, en esta campaña, evitó los temas valóricos para centrarse en las preocupaciones del ciudadano medio: inseguridad, migración, economía.
Como describe Kenneth Bunker, analista político chileno:
“La mayoría votó por Kast no por convicción ideológica. Lo hicieron por seguridad. La percepción extendida fue: ‘Este hombre puede traer orden de nuevo’.”
Un discurso calcado del trumpismo
Kast forma parte de una red transnacional de derechas que ha ganado espacio en conferencias como la CPAC (Conservative Political Action Conference), donde ha compartido escenario con personajes como Trump, Bolsonaro y Milei.
Durante su celebración en Santiago, se vieron banderas estadounidenses, gorras con el mensaje “Make Chile Great Again” y pancartas con eslóganes de Milei como “La fuerza del cambio”. El mismo Trump declaró:
“José Antonio Kast es una buena persona. Estoy deseando mostrarle mi respeto.”
El ‘momento de reflexión’ de la izquierda
En 2019, Chile fue epicentro de una crisis social que prometía una transformación estructural del país. La elección de Boric fue interpretada como la respuesta definitiva a ese clamor popular. No obstante, su gobierno no logró cumplir las expectativas: reformas bloqueadas, corrupción y el azote del crimen.
Su aprobación cayó de un 50% inicial a menos del 30%, según Data Influye. Falló la nueva Constitución y fracasó en frenar la migración descontrolada. En ese vacío de respuestas, Kast encontró su momento.
Claudia Sheinbaum, presidenta de México, reaccionó al triunfo de Kast advirtiendo:
“Es un momento de reflexión para toda la izquierda latinoamericana. Cometimos errores que nos han costado muy caro.”
Chile en el contexto regional
En Perú, la derecha gana terreno a medida que el crimen organizado impacta la vida diaria. Honduras también se debate en una elección polarizada con ventaja para los conservadores. En Colombia, las reformas de Petro se encuentran estancadas y la violencia de grupos armados continúa. Solo México parece mantener una izquierda en relativa estabilidad.
En este contexto, Kast aparece como un eslabón más de una “nueva internacional derechista” latinoamericana que busca romper con las herencias de gobiernos progresistas sin ofrecer, necesariamente, un marco institucional enriquecedor para todos.
Kast y sus promesas: entre la espada y la pared
Durante campaña, prometió recortar US$6 mil millones en 18 meses de presupuesto estatal, en línea con las estrategias de “motosierra” de Milei. Al mismo tiempo, afirmó que no tocaría beneficios sociales como pensiones o salud pública. Esta mezcla de austeridad financiera y continuidad asistencial genera interrogantes: ¿es viable semejante reducción sin malestar social?
En sus primeras declaraciones como presidente electo, Kast intentó calmar los ánimos:
“Gobernaré para todos los chilenos. Nos acusan de no saber llegar a acuerdos, pues bien: los vamos a sorprender.”
Su estilo religioso, siendo un católico ferviente y padre de nueve hijos, también ha generado roces con sectores más liberales. Pero en esta elección, esa faceta pasó a segundo plano ante el hartazgo generalizado.
¿Un efecto dominó continental?
La victoria de Kast podría ser solo el inicio de más victorias de derecha en la región. En 2026, habrá elecciones en países clave como Colombia, Perú y Brasil. Si las tendencias se mantienen, será cada vez más difícil para los sectores progresistas recuperar terreno sin una autocrítica profunda y renovada conexión con las demandas de las masas urbanas.
Como señaló el sociólogo argentino Marcos Novaro en una reciente columna para La Nación:
“La derecha opera sin complejos, con discurso claro. Mientras tanto, la izquierda duda, se fragmenta y no parece haber aprendido nada de sus pérdidas.”
Reflexión final: ¿regreso conservador o reconfiguración transitoria?
Lo que ocurre en Chile es parte de un fenómeno mayor. No se trata solo del rechazo hacia un modelo, sino de una demanda urgente de orden, seguridad y resultados. Lo inquietante no es que la derecha gane elecciones, sino que lo haga con discursos que muchas veces rayan en la xenofobia, el autoritarismo e incluso el negacionismo histórico.
Mientras la sociedad civil se adapta a esta nueva realidad, los debates sobre libertad, democracia y derechos humanos deben estar más presentes que nunca. Para muchos, la elección de Kast marca un punto de no retorno. Para otros, solo un ciclo más del péndulo latinoamericano.