Golpes suaves, ciberataques y guerras híbridas: los nuevos frentes de poder en Europa y Asia
Entre Rusia, Corea del Sur y la República Checa, emergen nuevos patrones de autoritarismo, alianzas iliberales e inteligencia cibernética que están redefiniendo la seguridad global
Un nuevo orden de inseguridad: Rusia y la exportación del caos
En un alarmante giro discursivo, la nueva directora del MI6, Blaise Metreweli, ha declarado públicamente que la exportación del caos es ahora una característica clave de la política exterior rusa. En su primer discurso como titular del Servicio de Inteligencia Secreta del Reino Unido, Metreweli advirtió que el presidente ruso Vladimir Putin está rescribiendo las reglas del conflicto moderno mediante el uso agresivo de tácticas híbridas: ciberataques, desinformación y espionaje.
La MI6, conocida como "C" por su código de cabecera, ha puesto así en foco el carácter expansivo y disruptivo de Rusia, mientras se intensifican las tensiones globales. "Debemos estar preparados para que esto continúe hasta que Putin cambie su cálculo", señaló Metreweli, enfatizando que las amenazas son hoy más impredecibles y están más interconectadas que nunca.
Este nuevo liderazgo femenino en la inteligencia británica representa un hito para la agencia fundada en 1909. Anteriormente, Metreweli estaba a cargo del área de tecnología e innovación, y su enfoque deja entrever que la guerra del futuro será tanto analógica como digital. "Nuestros agentes deben ser igual de competentes con líneas de código que con fuentes humanas; tan fluidos en Python como en varios idiomas", remarcó.
El fenómeno Babiš: nacionalismo, alianzas iliberales y el retroceso de Europa Central
Mientras Reino Unido advierte sobre las amenazas exteriores, en el corazón de Europa otro tipo de amenaza se materializa desde adentro. Andrej Babiš ha vuelto al poder en la República Checa, liderando un gobierno de coalición con partidos de corte ultraderechista y euroescéptico. Esta nueva alianza plantea un giro drástico en la política exterior y doméstica del país.
El partido ANO (Sí), de Babiš, compartirá el poder con el grupo antiinmigrante Libertad y Democracia Directa y con los Motoristas por Sí Mismos, una agrupación nacida del desencanto con las élites de Bruselas. El gabinete de 16 miembros incluye un canciller que ha prometido acercarse a gobiernos como los de Viktor Orbán (Hungría) y Robert Fico (Eslovaquia), ambos conocidos por sus posiciones prorrusas y su rechazo a apoyar militarmente a Ucrania.
Se trata de un síntoma del desgaste del apoyo europeo al esfuerzo bélico ucraniano, pero también de una realineación política de Europa Central, que revive el espíritu del Grupo Visegrado (V4), bloque regional creado en los 90 para cooperar entre sí ante Bruselas, y hoy vinculado a una deriva autoritaria y antioccidental.
"La República Checa no tiene obligación ninguna de ayudar a Kyiv ni de aceptar medidas impuestas desde Bruselas", dijo Babiš tras asumir el cargo. Su intención de abandonar la iniciativa de munición conjunta para Ucrania, mediante la cual el país ha conseguido 1.8 millones de proyectiles en 2024, marca un contundente giro que hace eco de agendas radicales impulsadas por figuras como Donald Trump y el propio Orbán.
Golpe fallido en Corea del Sur: una distopía real
Al otro extremo del continente euroasiático, una trama que parece sacada de una novela de espías cobró vida en Corea del Sur. El expresidente Yoon Suk Yeol fue acusado de intentar imponer la ley marcial en diciembre de 2024 para mantenerse en el poder y eliminar a su oposición. Según reveló una comisión investigadora independiente, Yoon comenzó a planear su autogolpe más de un año antes, reestructurando el alto mando militar para colocar leales y eliminando voces opositoras, incluso dentro de su propio partido.
El país se vio sacudido cuando Yoon movilizó tropas para rodear el Parlamento. No obstante, la reacción popular fue inmediata: miles de ciudadanos salieron a las calles, y los legisladores lograron ingresar al edificio legislativo para votar contra el decreto de ley marcial. Al poco tiempo, el Tribunal Constitucional anuló su presidencia.
"Yoon trató de justificar sus acciones provocando al norte y etiquetando al Parlamento como fuerza enemiga del Estado", aseguró la fiscal especial Cho Eun-suk. A pesar de varios intentos provocativos hacia Corea del Norte, Pyongyang no respondió militarmente, enterrando la narrativa bélica que Yoon planeaba utilizar como pretexto.
Más allá de esta tentativa de golpe, el escándalo se amplió con acusaciones de soborno contra la primera dama, Kim Keon Hee, vinculadas a la Iglesia de la Unificación. Esta poderosa y polémica organización religiosa habría entregado sobornos a múltiples líderes políticos de distintos colores, contribuyendo a una trama de corrupción transversal.
Los factores comunes: liderazgo autoritario, propaganda y erosión democrática
A simple vista, las situaciones descritas en Londres, Praga y Seúl parecieran disímiles. Un discurso institucional de inteligencia en Reino Unido, la formación de un gobierno populista en Centroeuropa y un intento de autogolpe en Asia oriental. Sin embargo, observándolas en conjunto, dibujan el mapa de una nueva era de desafíos democráticos globales.
Estas crisis tienen puntos en común:
- Proliferación de la propaganda como arma geopolítica: Rusia, ampliamente señalada por sus operaciones de desinformación, ha perfeccionado una forma de guerra psicológica que países como China e Irán también replican.
- Alianzas iliberales: la sinergia entre líderes como Babiš, Orbán y Fico sugiere que la democracia liberal enfrenta coaliciones cada vez más organizadas que socavan el consenso europeo y transatlántico.
- Uso político del orden militar o estatal: el intento de Yoon en Corea marca una advertencia sobre cómo líderes autoritarios preparan sus movimientos mediante usos extremos del aparato militar, aunque eventualmente fracasen.
- La penetración tecnológica como nuevo terreno de combate: lo subrayado por Metreweli no es exageración: el espionaje del siglo XXI es una danza entre algoritmos, agentes y redes sociales.
¿Están las democracias equipadas para esta guerra invisible?
Según datos del Freedom House, en 2024 sólo el 20% de la población mundial vive en países considerados "libres". El auge de democracias iliberales, regímenes híbridos y movimientos neofascistas amenaza cada vez más el frágil orden liberal construido tras la Segunda Guerra Mundial.
El caso de Reino Unido muestra una tentativa de adaptarse desde lo institucional, promoviendo innovación silenciosa dentro de sus servicios de inteligencia. Sin embargo, el retroceso democrático de países como República Checa y Corea del Sur (bajo antiguos gobiernos) también indica que la amenaza no sólo viene de potencias extranjeras, sino del interior de nuestros sistemas políticos.
El peligro actual no se percibe como tan claro como una guerra tradicional, pero es igual de corrosivo. Son erosiones por goteo: infiltraciones en redes sociales, manipulación de información, alianzas oportunistas que desarman décadas de tradición internacional y la reaparición de discursos de odio como mecanismo de movilización electoral.
Una llamada a la vigilancia ciudadana
Ante este panorama, las democracias enfrentan una encrucijada: reformular sus aparatos de seguridad e inteligencia para enfrentar amenazas híbridas, revalidar su legitimidad ante sociedades polarizadas, y establecer nuevas formas de cooperación global frente a alianzas iliberales que ganan terreno.
Ciudadanía, prensa, organismos internacionales y líderes democráticos deben estar a la altura: la historia reciente demuestra que la arquitectura democrática es más frágil de lo que creemos. El caos ya no se exporta en tanques, sino en bytes, discursos y estrategias legislativas. Y contra eso, se requiere más que recitar principios: se necesita estrategia, unidad y tecnología.
