Las apuestas de Nueva York: ¿la ciudad que nunca duerme se rinde al juego?
Con la aprobación de tres nuevos resorts estilo Las Vegas, la Gran Manzana se prepara para una transformación que promete miles de millones... y despierta preocupaciones sobre el futuro social de la ciudad
Un nuevo rostro para Nueva York
El lunes, la Comisión de Juegos del Estado de Nueva York aprobó licencias para tres nuevos casinos estilo resort en el área metropolitana de la ciudad, marcando un antes y un después en la historia del juego en la metrópolis. Estos nuevos proyectos no estarán en Manhattan, como algunos esperaban, sino en zonas periféricas: el estadio de los Mets en Queens, un hipódromo cerca del Aeropuerto JFK y un campo de golf anteriormente operado por la Organización Trump en el Bronx.
Un mercado en expansión
Según la Junta de Ubicación de Instalaciones de Juego, la estimación es clara: los tres casinos generarán más de $7.000 millones en ingresos fiscales por juego entre 2027 y 2036, junto con $1.500 millones en tarifas por licencias y casi $6.000 millones en impuestos locales y estatales. En resumen, estamos hablando de una inyección financiera titánica para un estado que busca recuperar estabilidad postpandemia.
Este crecimiento económico viene acompañado de promesas laborales. Los desarrolladores aseguran la creación de miles de empleos, tanto temporales (construcción) como permanentes (operaciones, hotelería, restauración, seguridad, etc.). Según datos oficiales del estado, se proyectan más de 10.000 nuevos empleos relacionados directamente con los nuevos casinos.
Ubicaciones polémicas y destinos con historia
Las ubicaciones seleccionadas no son casuales. En Queens, el estadio de los Mets busca renovarse con un centro de entretenimiento integral que atraerá turismo local e internacional, ganando protagonismo frente a Manhattan. En el Bronx, el campo de golf donde antes brillaban los logos del expresidente Donald Trump se verá transformado, ahora en manos de Bally’s, que se comprometió a pagar adicionalmente $115 millones si obtenía la licencia, promesa que ahora debe cumplir.
En el caso del hipódromo cercano al JFK, se espera una revitalización de la infraestructura y un aumento del flujo económico en un sector tradicionalmente asociado al slot gaming. En todos los casos, los operadores deberán nombar inspectores externos para garantizar el cumplimiento de las promesas realizadas ante las comunidades locales.
Proyectos que quedaron en el camino
Entre los perdedores ilustres está una propuesta ambiciosa respaldada por Jay-Z: un Caesars Palace nada menos que en Times Square. Otra idea descartada fue un casino en el paseo marítimo de Coney Island, en Brooklyn. Aunque ambos sitios parecían prometedores desde un punto de vista turístico, fueron rechazados por los consejos comunitarios y residentes que temían un aumento en el tráfico, la criminalidad o la gentrificación acelerada.
El viento político sopla a favor
La gobernadora demócrata Kathy Hochul ha defendido los nuevos centros de juego como una vía legítima para revitalizar Nueva York y obtener recursos sin necesidad de aumentar impuestos. En palabras suyas:
“Estos proyectos pueden desatar miles de millones para el sistema de transporte del estado y generar empleo en múltiples sectores clave.”
Pero no todos están convencidos
Como era de esperarse, las críticas no tardaron. Durante la presentación oficial en Manhattan, un grupo de manifestantes interrumpió al grito de: “¡Eligieron a un multimillonario sobre los neoyorquinos!” en clara referencia al magnate Steve Cohen, dueño de los Mets y principal impulsor del casino en Queens. La preocupación central gira en torno a la adicción al juego y su impacto en comunidades vulnerables.
Organizaciones como Stop Predatory Gambling han señalado que la proliferación de casinos no solo genera ingresos, sino también costos ocultos: desde el estrés familiar, hasta la multiplicación de deudas personales y el aumento de la criminalidad vinculada al dinero fácil.
¿Es realmente rentable apostar por los casinos?
La experiencia histórica en otros estados de EE.UU., como Nevada o Nueva Jersey, muestra un patrón mixto. Si bien las ciudades como Las Vegas o Atlantic City experimentaron explosiones económicas, también enfrentaron crisis cuando la demanda cayó o aparecieron nuevas opciones de juego online.
Además, la expansión acelerada de casinos en áreas urbanas plantea el dilema ético de si el estado debería depender de los juegos de azar como fuente principal de presupuesto. Un estudio del Consejo Nacional de Juego Problemático estima que aproximadamente el 2-3% de los adultos en EE.UU. viven con una adicción al juego, una cifra que podría incrementarse al multiplicarse los puntos de acceso.
Trump, la política y el azar
La aprobación de la licencia para el campo de golf del este del Bronx tiene una dimensión política peculiar. El terreno, aunque es propiedad de la ciudad, fue gestionado por la Organización Trump hasta que fue adquirido por Bally’s en 2023. Muchos dudaban si un espacio con herencia ‘Trumpiana’ tendría futuro en la Nueva York actual. Pero la respuesta ha sido afirmativa, y, de hecho, con premio incluido: si todo sigue en curso, la organización de Trump podría embolsarse $115 millones.
Al momento, ni Donald Trump ni sus representantes han emitido declaraciones al respecto, pero queda claro que aún sin un puesto político, Trump sigue ganando terreno económico en su ciudad natal.
El juego y la identidad de la ciudad
La incorporación de complejos de juego en el tejido urbano de Nueva York transforma no solo su economía, sino su cultura. ¿Es posible imaginar una ciudad con casinos de lujo en Queens o el Bronx que buscan competir con los lujos de Las Vegas o Macao?
Probablemente sí. De hecho, estos nuevos espacios prometen incluir no solo salas de juego, sino también hoteles cinco estrellas, restaurantes gourmet, galerías de arte, espacios culturales y zonas verdes. La idea no es replicar el modelo de “ciudades del pecado”, sino más bien integrarse como centros de entretenimiento multifacético.
Ese enfoque es precisamente lo que enamora a los impulsores, pero a la vez despierta sospechas en las comunidades que temen un alza de precios, desplazamiento de residentes y falta de control real por parte del estado. ¿Será esta expansión responsable y sostenible? ¿O un nuevo ejemplo de “neocolonialismo corporativo”, como algunos críticos han definido en otras partes del continente?
El futuro es una ruleta
Con decisión ya tomada, Nueva York se encamina a un nuevo capítulo en su historia urbana. Uno donde las fichas, las cartas y las tragamonedas no serán solo parte de una noche en Atlantic City o Las Vegas, sino parte cotidiana de su paisaje. De aquí a una década sabremos si apostaron bien o si el precio de este juego fue demasiado alto.
