Navidad importada: El complicado presente de los árboles navideños artificiales en EE.UU.
Suben los precios, bajan las ventas y la fabricación local es casi imposible en la era de la globalización y los aranceles
Por años, la tradición decembrina de muchos estadounidenses ha sido adornar un árbol... pero no uno real. El 80% de los hogares que celebran la Navidad lo hacen con un árbol artificial. Esta cifra, según la American Christmas Tree Association, ha sido constante por al menos 15 años. Sin embargo, en 2024, las ramas de plástico, luces LED y soportes metálicos que conforman estos árboles vienen con un precio más alto. ¿Por qué? Aranceles e importaciones.
El negocio de la Navidad artificial
Elaborar un árbol de Navidad artificial conlleva más trabajo del que la mayoría imaginaría. El proceso, que puede tardar entre una y dos horas por unidad, incluye desde moldear y cortar agujas de plástico, hasta instalar luces de forma precisa y uniforme. Todo esto en cadenas de producción masivas con miles de empleados, en su mayoría ubicados en Asia, especialmente China, Indonesia y más recientemente Camboya.
Chris Butler, CEO de National Tree Co., que vende más de un millón de árboles al año, explicó la problemática con claridad: “La producción en EE.UU. simplemente no es viable. No es que no queramos hacerlo aquí. Es que no se puede competir en costos.”
Precios que suben, demanda que baja
Según la American Christmas Tree Association, los precios de los árboles artificiales importados subieron entre 10% y 15% en 2024 debido a nuevos aranceles. Esto ha llevado a que muchas compañías reduzcan sus importaciones y aumenten los precios al consumidor final.
Mac Harman, fundador de Balsam Brands, otra gran fabricante de árboles con sede en California, aseguró que el precio de sus árboles tuvo que aumentar un 10%. Sin embargo, las ventas cayeron entre un 5% y un 10% en el mercado estadounidense. “Si medimos una Navidad feliz por cuántas decoraciones ponemos, estamos ante una Navidad menos feliz”, declaró.
Más allá del plástico: Aranceles y tensiones comerciales
¿La razón de estas alzas? Aranceles que han oscilado entre el 19% y el 49% para productos provenientes de países como Camboya, además del promedio del 20% que se mantiene para China. Estos impuestos buscaban reducir la dependencia comercial del extranjero bajo políticas proteccionistas, pero el efecto ha sido variado y no siempre positivo.
En palabras de Harman, su empresa incluso evaluó fabricar árboles en Ohio durante la administración Trump. Pero los cálculos no dejaron lugar a dudas: un árbol de $800 pasaría a costar $3,000 si se fabricara localmente.
Un mercado que no da tregua
A diferencia de lo que podría creerse, los consumidores estadounidenses son altamente sensibles a los precios cuando se trata de decoración navideña. Butler lo resume: “Poner una etiqueta de ‘Hecho en EE.UU.’ no servirá si cuesta el doble.”
Además, el negocio ha cambiado. Hoy, el 80% de los árboles artificiales se venden con luces ya instaladas. Esta característica —muy apreciada por su conveniencia— incrementa aún más los costos de fabricación. Harman bromea: “¿Dónde vamos a conseguir 15,000 personas en EE.UU. que quieran poner luces navideñas en ramas de árbol?”
Un oasis en el desierto: Lee Display
En medio de este panorama hostil para la manufactura local, existe una excepción destacable: Lee Display. Esta empresa, fundada en 1902, produce alrededor de 10,000 árboles artificiales al año desde Fairfield, California. Su CEO, Mark Latino, ha mantenido vivo el legado familiar gracias a una maquinaria centenaria que produce oropel con un proceso artesanal.
“Tengo más control. Me gusta pensar que todo lo que se hace aquí es por mi culpa, por error o por mi planificación cuidadosa”, comenta Mark.
El impacto real de los aranceles
Aunque Lee Display fabrica localmente, no está exenta de los efectos de los aranceles. Este año, no pudieron importar luces y decoraciones desde China, y dependieron de los inventarios que tenían en stock. Para el próximo año, deberán pagar precios más altos si no encuentran alternativas.
James Latino, hijo de Mark y encargado de ventas y desarrollo comercial, advierte: “Estamos cerca de quedarnos sin luces. En 2025 tendremos que importar y eso nos saldrá caro.”
Cuando fabricar local no es la solución
Varias grandes marcas como National Tree Co. y Balsam Brands han intentado diversificar sus fuentes de producción. Aunque que mover parte del ensamblaje a países como Camboya e Indonesia ha ayudado, no ha eliminado los desafíos. Incluso estos países fueron blanco de nuevos aranceles.
En abril de 2024, por ejemplo, se anunció un arancel del 49% para productos desde Camboya, que luego se redujo a 19%. Estas fluctuaciones hacen que las decisiones de negocio a largo plazo sean un absoluto desafío.
El consumidor versus la política comercial
La actitud del consumidor estadounidense no ha cambiado: quiere luz, color y comodidad, pero no a cualquier precio. Y, de paso, sigue prefiriendo árboles artificiales frente a los naturales, que requieren más cuidado, generan desecho y pueden provocar alergias.
Con esto, las empresas deben caminar sobre una línea muy delgada entre rentabilidad, eficiencia y la creciente presión por fabricar “en casa”. Lo irónico es que, en la práctica, fabricar en EE.UU. se vuelve inviable comercialmente, incluso para artículos tan emblemáticos como los árboles de Navidad.
Recortes y sacrificios navideños
El ajuste no ha sido fácil. Balsam Brands despidió al 10% de su personal, congeló aumentos salariales, canceló viajes y hasta eliminó los almuerzos semanales para el personal. Medidas drásticas en medio de una economía que enfrenta inflación inestable, altos costos de importación y consumidores cautelosos.
En otras palabras, una Navidad menos iluminada, menos decorada, y menos alegre... al menos desde la perspectiva del consumo.
¿Hacia un futuro más sustentable?
Este panorama también nos abre una reflexión: ¿es momento de repensar nuestras tradiciones navideñas desde una óptica más local y sustentable? ¿Podríamos reducir nuestro consumo de árboles artificiales altamente procesados en Asia? ¿O encontrar una nueva fórmula mágica entre tradición, sostenibilidad y realismo económico?
Por ahora, nada parece reemplazar al árbol artificial perfectamente simétrico, sin agujas secas en el suelo y con luces que se encienden al primer intento. Aunque cueste unos dólares más.
