Tensión en Yemen: Separatistas del sur desafían la unidad nacional mientras Arabia Saudita busca evitar una nueva guerra

La lucha interna entre el Consejo de Transición del Sur y el gobierno reconocido por la ONU amenaza con reactivar un conflicto armado en el sur de Yemen

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El sur en disputa: avance militar separatista en Yemen

Yemen vuelve a situarse en una encrucijada crítica. Las fuerzas armadas del Consejo de Transición del Sur (CTS), respaldado por Emiratos Árabes Unidos, han iniciado una nueva ofensiva en la provincia de Abyan, intensificando su control sobre el sur del país. Esta operación, denominada "Flechas del Este" y lanzada en agosto de 2022, ahora amenaza con desestabilizar aún más una región marcada por años de guerra civil, intervenciones internacionales y tensiones sectarias.

Lo que comenzó como un movimiento para combatir a una rama local de Al Qaeda ha adquirido un matiz político y estratégico más complejo. Los separatistas del CTS no solo buscan derrotar a yihadistas, sino también ampliar el control territorial y establecer instituciones paralelas a las del gobierno reconocido por la ONU que, hasta ahora, ha contado con el apoyo de una coalición liderada por Arabia Saudita.

¿Quiénes son el Consejo de Transición del Sur (CTS)?

Fundado en 2017, el CTS representa a movimientos separatistas del sur de Yemen que impulsan el restablecimiento del antiguo Estado de Yemen del Sur, disuelto en 1990 tras la unificación con el norte. Encabezado por Aidarous al-Zubaidi, quien también es vicepresidente del Consejo Presidencial de Yemen, el CTS ha fortalecido su poder con el respaldo logístico y financiero de los Emiratos Árabes Unidos.

Durante los últimos meses, han conquistado casi por completo las provincias de Hadramout y Mahra, zonas clave por sus instalaciones petrolíferas y fronteras con Omán. Esto ha despertado la preocupación de diversos actores políticos locales e internacionales, ante la posibilidad de una nueva escalada del conflicto interno.

Arabia Saudita en un callejón diplomático

Arabia Saudita, que durante años lideró una coalición militar para apoyar al gobierno oficialista en su lucha contra los rebeldes hutíes, ahora enfrenta una dualidad de desafíos. Por un lado, intenta frenar el expansionismo del CTS; por otro, busca mantener los acuerdos de paz firmados con los hutíes, firmemente apoyados por Irán.

Un funcionario yemení citado bajo anonimato reveló que Arabia Saudita ha intentado mediar para que el CTS se retire de los territorios conquistados, pero los intentos no han dado frutos. De hecho, el propio al-Zubaidi reafirmó esta semana su voluntad de defender las "instituciones del futuro Estado del Sur de Arabia", y recalcó que el "próximo objetivo debía ser Saná, mediante la paz o la guerra". Saná está actualmente bajo control de los hutíes.

La exacerbación de las divisiones internas

La escalada se produce en un contexto de estancamiento del conflicto mayor en Yemen. Las hostilidades entre los hutíes y la coalición liderada por Arabia Saudita han disminuido notablemente desde que las partes accedieron a frenar los ataques mutuos. Sin embargo, la lucha entre aliados nominales como el CTS y el gobierno reconocido internacionalmente puede ser el detonante de una nueva etapa de violencia.

Esto no representa únicamente un conflicto ideológico sobre el modelo de Estado, sino también una batalla por el control del petróleo, los puertos, las rutas comerciales y el tráfico fronterizo. Las provincias que el CTS ha conquistado tienen gran valor geoestratégico y económico.

La importancia de Abyan en este conflicto

Abyan, ubicada en el Golfo de Adén, conecta las ciudades del sur con la provincia de Mahra, en la frontera con Omán. Históricamente, ha sido bastión de militantes islamistas, pero su actual valor radica en su posición como enlace logístico entre territorios disputados.

Según el vocero de las Fuerzas Armadas del Sur, teniente coronel Mohamed al-Naqib, la operación actual tiene como fin expulsar a remanentes de Al Qaeda en la región. Sin embargo, fuentes en el terreno señalan que también busca consolidar la hegemonía territorial del CTS.

¿Y la comunidad internacional?

A pesar de que Yemen ha estado en el epicentro de una guerra geopolítica que enfrenta a Arabia Saudita e Irán desde 2015, la atención internacional hacia el conflicto ha disminuido ostensiblemente en los últimos años. Naciones Unidas ha advertido múltiples veces que Yemen enfrenta una de las peores crisis humanitarias del mundo, con más de 24 millones de personas necesitando ayuda humanitaria (UNHCR, 2023). Sin embargo, la acción diplomática ha sido limitada.

El avance del CTS complica aún más la ya frágil arquitectura política del país, dificultando un proceso de paz inclusivo. En este sentido, el respetado analista político yemení Ammar al-Ashwal declaró en una entrevista con Al Jazeera: “El conflicto actual en el sur podría ser visto como la antesala de una segunda guerra civil dentro de la guerra civil”.

Repercusiones regionales e internacionales

  • Un avance total del CTS podría provocar el colapso del gobierno unificado, generando un vacío que nuevamente abriría espacio a grupos radicales.
  • En términos económicos, la pérdida de facilidades petroleras limitaría la capacidad del gobierno de pagar salarios y financiar servicios públicos.
  • El deterioro de la seguridad en el sur puede repercutir directamente en el comercio marítimo a través del estrecho de Bab el-Mandeb, por donde pasa una significativa parte del comercio de petróleo global.

Los obstáculos para una resolución negociada

El mayor reto para los mediadores regionales, incluyendo Omán y Arabia Saudita, es que no se trata de un simple desacuerdo político, sino del renacimiento de una identidad nacionalista del sur que busca explícitamente la separación. En palabras del propio al-Zubaidi: “Ya no hay regreso. Yemen del sur debe levantarse como un Estado soberano y funcional”.

Y es que, incluso dentro del Consejo Presidencial de Yemen, donde el CTS tiene presencia oficial, las tensiones han sido evidentes. Hasta ahora no se ha propuesto ninguna fórmula de entidad federal o autonomía que haya sido aceptada por ambas partes.

¿Es inevitable otra guerra?

A pesar de las advertencias, no todo está perdido. Fuentes diplomáticas sugieren que se están preparando nuevas rondas de encuentros en Mascate (Omán) para contener la situación. Lo que está en juego no es solo la supervivencia del gobierno yemení reconocido por la ONU, sino la posibilidad de evitar una implosión total del sur, con consecuencias irreparables para la seguridad regional.

El caso de Yemen es otro ejemplo más de cómo la injerencia externa, las ambiciones secesionistas y la falta de mecanismos efectivos de reconciliación pueden perpetuar ciclos de conflicto. Mientras la comunidad internacional mira hacia otras prioridades, Yemen sigue desangrándose en silencio.

“Solo un Yemen inclusivo y pacificado podrá garantizar un futuro digno a sus ciudadanos”, concluye un editorial reciente del diario libanés Daily Star.

Reflexión final: ¿una nueva Yugoslavia?

La fragmentación de Yemen recuerda cada vez más a los procesos que vivió la antigua Yugoslavia. Cada región, cada facción armada, cada aliado externo empuja en direcciones distintas. En la medida que estos movimientos se radicalizan —ya sea por la fuerza de las armas o por el vacío de poder— el futuro del país se torna más incierto.

De no encontrarse vías de compromiso entre el norte hutí y el sur separatista, Yemen podría acercarse peligrosamente a una partición permanente, convirtiéndose en otro tablero más del ajedrez geopolítico de Medio Oriente, pero con consecuencias devastadoras para su pueblo.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press