Tiroteo en Brown University: una tragedia que expone las grietas en la seguridad universitaria

Dos muertos, nueve heridos y una comunidad cuestionando la eficacia de los protocolos de seguridad en campus tras un ataque que pudo haberse evitado

Un campus sacudido por la violencia

El pasado sábado, un campus universitario que debía respirar tranquilidad por los exámenes finales fue escenario de una tragedia: un hombre armado ingresó al edificio de ingeniería de la prestigiosa Brown University en Providence, Rhode Island, abrió fuego contra un grupo de estudiantes, matando a dos e hiriendo a nueve. Hasta el momento, las autoridades han sido incapaces de identificar y capturar al autor del crimen, cuya fuga ha generado cuestionamientos intensos sobre los sistemas de seguridad del campus.

Mientras las familias de las víctimas buscan respuestas, la comunidad universitaria exige reformas urgentes. Si bien los protocolos de emergencia se activaron, la falta de imágenes de vigilancia, la lenta respuesta inicial y la incertidumbre reinante han dejado a muchos con la sensación de que las instituciones encargadas de protegerlos han fallado.

Un crimen sin rostro... por ahora

A pesar de que Brown University está equipada con varias cámaras de seguridad, el ataque se llevó a cabo en el edificio Barus and Holley, un complejo antiguo y mal equipado tecnológicamente, lo que complicó recabar evidencias visuales del atacante. La policía y el FBI publicaron una imagen borrosa de una figura enmascarada, pero las pistas son escasas. Una recompensa de 50.000 dólares fue ofrecida para quien brinde información que permita dar con el sospechoso.

“Estamos recorriendo cada calle, cada casa, buscando cámaras, testimonios, rastros… pero es un trabajo meticuloso,” declaró Ted Docks, agente especial del FBI en Boston. “Les pedimos paciencia para poder dar a las víctimas la justicia que merecen.”

Indignación entre los estudiantes

Estudiantes como Li Ding, bailarina en el equipo universitario y alumna del cercano Rhode Island School of Design (RISD), describieron la frustración de presenciar una agresión en un campus universitario sabiendo que existían múltiples vacíos en los protocolos de seguridad: “Estamos en una era de vigilancia constante, pero aquí no sirvió de nada. Eso es desesperante.”

Ding es una de las cientos de estudiantes que firmaron una petición exigiendo un refuerzo en los sistemas de seguridad, incluyendo mejoras tecnológicas y mayor presencia de personal capacitado en todos los edificios académicos del campus.

Una respuesta lenta y fragmentada

El sábado por la tarde, la universidad envió una alerta notificando sobre un tirador activo a las 4:22 p.m. Algunos estudiantes, como Chiang-Heng Chien, se escondieron bajo escritorios. “Oí voces de la policía afuera, pero no sabíamos si abrir la puerta: pensábamos que el atacante seguía ahí”, relató por mensaje de texto.

Además, múltiples residentes de Providence criticaron el cambio reciente en el sistema de alertas de emergencia de la ciudad: antes una aplicación móvil, ahora una web en la que deben registrarse manualmente. Muchos no conocían este cambio. “No recibí una sola alerta”, dijo Emely Vallee, una madre que vive a apenas 1,6 kilómetros del campus.

La seguridad universitaria, en la mira

Expertos coinciden en que las universidades enfrentan desafíos particulares en materia de seguridad. “A menudo su personal no está tan bien entrenado ni recibe los mismos recursos que otras fuerzas policiales,” explicó Terrance Gainer, ex jefe policial del Senado de EE.UU. y ahora consultor en temas de seguridad universitaria.

“En lugares como Brown, muchas veces no quieren demasiada presencia policial visible ni armas. No priorizan el financiamiento para seguridad. Pero eventos como este muestran que es un error estratégico”, agregó Gainer.

El incidente se suma a otros en donde las limitaciones de los cuerpos de seguridad universitaria han salido a la luz. En Utah Valley University, donde el conservador Charlie Kirk fue asesinado مؤخراً, la policía del campus no solicitó asistencia a agencias vecinas, aun sabiendo que asistirían miles de personas a su evento al aire libre. Resultado: el ataque se concretó con consecuencias fatales.

¿Un modelo replicable?: Lo que otras universidades podrían aprender

La tragedia en Brown representa un punto de inflexión. Otras universidades ya se han pronunciado para revisar sus propios sistemas de vigilancia y protocolos de emergencia. Entre las recomendaciones de expertos :

  • Infraestructura tecnológica robusta: cámaras en todos los edificios y accesos.
  • Entrenamiento continuo para el personal de seguridad del campus.
  • Alianzas proactivas con las fuerzas policiales locales y estatales.
  • Sistemas de comunicación y alerta eficaces, redundantes y accesibles para residentes y alumnos.
  • Simulacros obligatorios y campañas educativas sobre qué hacer en casos de emergencia.

“Hay que dejar de pensar que esto solo pasa en otras universidades,” dijo Kristy dosReis, vocera del Departamento de Policía de Providence. “La tragedia puede golpear en cualquier lugar, y debemos estar preparados.”

Una comunidad resiliente

A pesar del dolor, los estudiantes y ciudadanos de Providence están mostrando una voluntad colectiva de mantenerse unidos. Comercios como la tienda de batidos “In The Pink”, frecuentada por una de las víctimas, están organizando campañas de apoyo para las familias afectadas.

“Ella estuvo aquí el jueves. Dijo que el sábado tenía su último final… y después esto pasó,” dijo Hailey Souza, encargada del local. “No recibí ninguna alerta, pero vi al chico sangrando en la calle y a todos corriendo. Fue como una película de horror.”

En medio del caos, algunos transeúntes se convirtieron en héroes improvisados. Según testigos, un civil se quitó la camiseta para intentar cubrir las heridas de una de las víctimas. Historias como estas circulan entre los estudiantes, quienes ahora se apoyan más unos a otros, organizando rondas de compañeros para caminar por la noche y asegurarse mutuamente.

¿Qué sigue para Brown University?

La administración de Brown aún no ha confirmado cuál será su estrategia a largo plazo para reforzar la seguridad. Mientras tanto, líderes estudiantiles planean reunirse con las autoridades para presentar formalmente la petición de reformas inmediatas.

“No podemos seguir normalizando este nivel de vulnerabilidad,” expresó un estudiante de primer año que prefirió mantenerse en el anonimato. “No puede ser que alguien entre con un arma y desaparezca como si nada.”

Mientras Providence continúa buscando al atacante con ayuda del público y la comunidad universitaria intenta sanar, una cosa queda clara: las universidades deben replantearse cómo proteger a sus estudiantes en un mundo cada vez más volátil.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press