Un oasis de emoción en tiempos de crisis: el renacer del hipismo en Venezuela

Entre tensiones políticas y sanciones internacionales, los venezolanos encuentran refugio y pasión en las carreras de caballos de La Rinconada

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En medio del caos político y económico que sacude a Venezuela desde hace más de una década, un sonido diferente resuena en el sur de Caracas cada domingo: el estruendo de cascos, el grito de la multitud y el eco de esperanzas temporales en el Hipódromo de La Rinconada.

Allí, mientras Nicolás Maduro asegura eternizar su mandato entre sanciones internacionales, amenazas de intervención militar y despliegues estadounidenses en el Caribe, miles de ciudadanos —en su mayoría de escasos recursos— se agolpan para vivir la magia del hipismo. Porque a pesar de la incertidumbre diaria, el pueblo venezolano ha aprendido a resistir. Y en esa resistencia, también existe espacio para el disfrute, la emoción y el escape.

La Rinconada: historia y resurgimiento

La Rinconada no es un sitio cualquiera. Inaugurado en 1959, el hipódromo fue durante décadas un epicentro de glamour, apuestas y espectáculo en el país. Durante los años dorados del petróleo venezolano, asistir a las carreras era un evento familiar, social y hasta político.

Sin embargo, como muchas otras instituciones nacionales, el recinto sufrió con la profunda crisis económica que se desató a partir de 2014. La caída del PIB entre 2013 y 2020 superó el 75% —una de las más graves del mundo fuera de zonas de guerra—, y el hipódromo vio cómo sus instalaciones se deterioraban, los premios decaían y la afición se esfumaba.

Pero desde 2021, con cierta apertura al dólar y una tímida recuperación económica, el hipismo ha iniciado una etapa de resurgimiento. Las autoridades organizaron eventos especiales, comenzaron a invitar a jockeys internacionales y, más significativo aún, la gente regresó a las gradas, ávida de distracciones y emociones genuinas.

Un domingo diferente

El pasado fin de semana, el ambiente en La Rinconada era electrizante. El sol brillaba, los botes de cerveza se entrechocaban y la emoción colectiva explotó cuando Silk Eyes, montado por la estadounidense Katie Davis, rebasó a Mr. Thunder en plena recta final llevando la ovación del público.

Contra todo pronóstico, Venezuela albergaba una competencia con jinetes provenientes de Estados Unidos, a pesar de las alertas de viaje del gobierno estadounidense y un contexto de máxima tensión diplomática. Davis fue clara: “Fue un poco intimidante venir, pero me sentí segura. Al final, vivimos en riesgo constante. Así es esta profesión, así es la vida”.

Para muchos, como Mario Alegría o Luigi Achique, acudir al hipódromo es una válvula de escape, tal vez la última que queda. “Tenemos angustia, vivimos con incertidumbre, pero hay que seguir”, dijo Alegría mientras sostenía su boleto premiado. Para Achique, con su revista de apuestas en mano, es también un acto de resistencia cultural: “Esto es lo que somos también. No todo es política y colas”.

El contraste: crisis política y operación militar

Mientras se escuchaba el galope en Caracas, en altamar ocurría otra escena con consecuencias directas para Venezuela. Fuerzas especiales de EE.UU. abordaban un buque petrolero cargado con crudo presuntamente ilícito, embolsando pérdidas millonarias para un gobierno cuyas finanzas dependen en un 95% del oro negro.

Esta incautación se enmarca dentro de la llamada “Operación Antinarcóticos en el Caribe y el Pacífico Oriental”, iniciada por la administración de Trump en 2020. Aunque oficialmente dirigida a frenar el tráfico de drogas, las autoridades venezolanas denuncian el trasfondo verdaderamente político de esta operación, acusando a Washington de buscar un “cambio de régimen disfrazado”.

A lo largo de los últimos años, figuras del oficialismo han sido implicadas en millonarias redes de narcotráfico. El mismo Maduro fue acusado de “narcoterrorismo” en una corte federal estadounidense. En respuesta a estas sanciones y presiones, el chavismo ha cerrado filas, reforzando su discurso soberanista.

María Corina Machado: la otra voz

Desde Oslo —donde apareció públicamente tras 11 meses en la clandestinidad— la líder opositora María Corina Machado celebró la reciente incautación del buque como un logro del trabajo diplomático de años. Machado, Nobel de la Paz y referente del ala dura de la oposición, sostiene que la única vía para debilitar al régimen es atacando sus fuentes financieras.

El chavismo es una estructura criminal”, dijo Machado en entrevista. “Oro, drogas, petróleo, armas y tráfico humano, son sus vías de financiamiento. Cortar esos ingresos es clave y era algo que pedíamos desde hace años”. A juicio de la opositora: “Este régimen tiene los días contados”.

Aunque estas declaraciones pueden sonar esperanzadoras para unos, en el hipódromo apenas resuenan. Para quienes ocupan los asientos del recinto, lo urgente es hoy: aliviar la tensión, ver correr caballos y apelar a la suerte.

Hipismo como acto de fe popular

El hipismo en Venezuela va más allá de las apuestas. Es un ritual, una puesta en escena de sueños truncados y anhelos pausados. Representa la posibilidad de ganar, aunque sea por un instante, aunque sea unos bolívares o unos dólares.

“Los niños aman las carreras”, asegura Roxany Hernández, madre de un pequeño apasionado por los caballos. “Pese a las dificultades, aún podemos disfrutar en familia. Verlo feliz con una foto de su jinete favorito no tiene precio”.

Pese a la inflación acumulada que cerró 2023 con un 360% y el colapso del sistema público, el hipódromo ha mantenido viva cierta normalidad. Alimentos ambulantes, alquiler de binoculares, venta de numeritos y hasta colchones inflables coloridos para el entretenimiento infantil forman parte del paisaje dominical.

Katie Davis: valentía sin fronteras

La presencia de Davis en La Rinconada fue significativa, no solamente por el espectáculo, sino por el simbolismo. En tiempos de hipernacionalismo y roles polarizados, ver a una jinete estadounidense triunfar en suelo bolivariano, elogiar al público local y disfrutar de la carrera, fue un bálsamo para los presentes y una esperanza de mejor entendimiento entre pueblos.

Vine en paz, entendiendo los riesgos, pero hay momentos que valen la pena”, dijo. Cruzar la línea de meta en un país con tantos obstáculos también fue un gesto de determinación deportiva y humanidad.

La Rinconada, un espejo de Venezuela

El hipódromo resume el espíritu del país: entre grandes tensiones, se lucha por un pequeño momento de alegría. Las carreras de caballos, como la vida misma en Venezuela, están marcadas por la incertidumbre, la pasión, la estrategia y la esperanza, ese último hilo del que tantos se aferran para continuar resistiendo con dignidad.

Puede que el país siga navegando en mares geopolíticos tempestuosos, pero en La Rinconada, cada domingo, el galope de los caballos es también el eco de un pueblo que no se entrega. Porque aun con las apuestas en contra, en Venezuela se apuesta al corazón.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press